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Urgente diálogo de fuerzas productivas


He participado como asesor en dos coyunturas importantes relacionadas con la economía y el trabajo. En ambas, como abogado del sector laboral. La primera fue cuando sectores del sindicalismo nacional y los industriales acordaron crear un foro de diálogo para encontrarle salida y alternativa al Plan Ford, que en el fondo afectaba a los productores y trabajadores. Recuerdo que el gobierno de entonces tuvo que moderar la citada estrategia que depuntaba abiertamente el contenido neoliberal. De allí, a iniciativa de los industriales, surgió el Consejo Nacional productivo.
La segunda fue en la Fundación del Trabajo, que sirvió de escenario para dialogar en torno a las reformas laborales que dieron como resultado la Ley 14 del 12 de agosto de 1995, que también moderó un tanto la flexibilización, un tanto dura que contenía al anteproyecto que presentó el ex ministro de Trabajo, Mitchell Doens. Además, he participado de la negociación de varios convenios colectivos. Todo este caudal de experiencia, es lo que nos permite ser optimista en cuanto a un eventual diálogo de las fuerzas productivas, que tengo como uno de sus puntos importantes, la crisis del desempleo. Creo que animado por un espíritu concertador, empresarios y trabajadores, en un ambiente de recíprocas concesiones, pudieran afinar el lápiz, para encontrar, aunque sea con carácter temporal, algunas respuestas que lleven alguna esperanza a esos miles de panameños que se encuentran enlistados en el ejército de los sin trabajo. Obviamente, en una primera etapa, el gobierno pudiera participar como observador y en una segunda, involucrarse de tal forma, que con sus aportes y capacidad de ejecución, pueda poner en movimiento lo acordado.
Existe una realidad que propicie este acercamiento. Por un lado, el sindicalismo no puede continuar pasivo ante la política constante y creciente de despido que se vienen dando; y los empresarios, requieren de un mínimo de condiciones para ofertar más empleo. Entonces hagamos el diálogo de fuerzas productivas. Los interlocutores de este diálogo o posible concertación, tienen que tener claro que no pueden discutirse propuestas que atenten contra derechos fundamentales y convenios de la OIT. Me tomo el atrevimiento de sugerir que la Fundación el Trabajo pudiera, nuevamente, ser ese escenario para la negociación de un acuerdo nacional laboral.

101 años de Panamá América

 
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