Usted no es inferior a nadie
El complejo de inferioridad es un sentimiento muy triste, doloroso y trágico. Muchas personas poseen buenas cualidades, grandes atributos morales, espirituales y emocionales, tienen conocimientos y experiencias muy positivas, y están capacitadas para triunfar tremendamente en un campo profesional determinado, pero padecen de un profundo y terrible complejo de inferioridad. Estas personas fracasan, no por falta de cualidades, sino por una imagen tan negativa, un concepto tan pobre de sí mismos, por un pensamiento tan triste de sus capacidades y de lo que son como personas. Por lo menos el 95% de las personas sienten en sus vidas algún sentimiento de inferioridad y para millones de individuos esto es una seria barrera para alcanzar la felicidad y el éxito.
Quizás nunca podremos pintar como Picasso, cantar como Plácido Domingo, o batir el récord de velocidad de 500 metros. El hecho que uno no se desenvuelva con tanta habilidad como otros individuos que han sobresalido en deportes, al arte, la canción o la ciencia, no significa que uno sea menos que ellos. No es saludable compararse desfavorablemente con personas que han destacado en ciertos campos ni permitir que esto le produzca sentimientos de inseguridad ni que opaque su existencia. Hay personas que alimentan cada vez más su complejo de inferioridad al compararse a individuos que sobresalen en otros campos y, a un nivel inconsciente, tratan de ser igual a ellos.
La única comparación auténticamente válida es la que uno hace con su propio ser, con sus cualidades, habilidades, tendencias, metas y valores. Debe verse tal y como tendría que ser si desarrolla al máximo lo que tiene que desarrollar y dónde puede llegar de acuerdo con lo que Dios quiere para usted, con sus metas, valores y posibilidades, y para estimularse a ser mejor. Muchas personas se acomplejan, sufren de envidia y caen en una amargura terrible por tener la idea totalmente errónea de que tienen que ser como otros. Cada persona es como Dios la ha creado, única e irrepetible, diferente a cualquier otra, con sus propias cualidades, habilidades y virtudes. Investigue y tome de ejemplo de técnicas, normas, métodos, ideas y consejos de otros para mejorar en su profesión u oficio, pero no caiga en la autosuficiencia de creer que el único que sabe, el que más conoce y el más importante, sin considerar que hay otros que pueden ser igual o mejor que usted.
La personalidad suya no puede competir con ninguna otra personalidad, porque no existen dos personas iguales en la superficie de la tierra. Dios nunca pensó crear a todos igual en cuanto a capacidades, conocimientos, formas de pensar y actuar. El señor creó a cada ser humano como un individuo único en su género, del mismo modo que hizo individual y único cada copito de nieve, cada hoja de un árbol, cada plantita de la tierra y cada flor. Dios creó a gente baja y alta, grande y pequeña, delgada y gruesa, negros, amarillos, cobrizos y blancos. El jamás mostró preferencia por algún tipo, tamaño, semblante o color determinado y arma por igual a todas las personas, aunque sean diferentes.
Usted es único y maravilloso, como ninguna otra persona en la tierra. Aunque no destaque tanto en algunos campos, no significa que es inferior a nadie. El Dr. Norton Williams, un célebre psiquiatra, expresó que la ansiedad del hombre moderno y sus sentimientos de inseguridad tienen origen en la carencia de fe en sí mismo y que la seguridad interior sólo puede hallarse al encontrar dentro de sí esa individualidad única y distinta, la cual es afín a la idea de haber sido creado a la imagen de Dios.
Cada uno está mandado por el Señor a reafirmar con valor, tenacidad, orgullo y fe lo hermosa, maravillosa y grandiosa que es su personalidad y luchar contra sus sentimientos y complejos de inferioridad. Esto no constituye soberbia, sino andar con la verdad, la que nos hará libres, dice nuestro Señor Jesucristo. Si usted quiere ser feliz, ámese, valores, quiérase, respétese, nunca se compare ni se sienta inferior a nadie, ni se acompleje. No mida a nadie por su condición social, económica o por el color de su piel, ni se le ocurra jamás pensar que usted es menor que otra persona, porque tiene menos.
Sacúdase de una vez por todas de ese complejo de inferioridad que le impide realizar en su vida las metas y valores que usted siente y que debe cumplir. A Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor maravilloso, no le importó llevar siempre la misma túnica, el mismo manto. Jesucristo jamás bajó la cabeza ante algún tipo de poder, no se avergonzó por su origen humilde ni porque le llamaron carpintero o hijo de un carpintero, porque conocía perfectamente bien su dignidad y su valor. Jesucristo, el Señor, es Hijo de Dios en el sentido pleno, pero usted también es hijo de Dios en Cristo, hecho a Su Imagen y semejanza y templo del Espíritu Santo. Usted es una persona mavarillosa, fantástica, única, original e increíble, como ninguna otra que haya existido en la faz de la tierra. Si usted se acerca al Señor y lo busca, El puede ayudarlo a cambiar. El puede hacer maravillas en su vida y ayudar a eliminar su sentimiento o complejo de inferioridad. Con El usted vencer cualquier cosa, porque con Dios, usted es... ¡Invencible!.
Quizás nunca podremos pintar como Picasso, cantar como Plácido Domingo, o batir el récord de velocidad de 500 metros. El hecho que uno no se desenvuelva con tanta habilidad como otros individuos que han sobresalido en deportes, al arte, la canción o la ciencia, no significa que uno sea menos que ellos. No es saludable compararse desfavorablemente con personas que han destacado en ciertos campos ni permitir que esto le produzca sentimientos de inseguridad ni que opaque su existencia. Hay personas que alimentan cada vez más su complejo de inferioridad al compararse a individuos que sobresalen en otros campos y, a un nivel inconsciente, tratan de ser igual a ellos.
La única comparación auténticamente válida es la que uno hace con su propio ser, con sus cualidades, habilidades, tendencias, metas y valores. Debe verse tal y como tendría que ser si desarrolla al máximo lo que tiene que desarrollar y dónde puede llegar de acuerdo con lo que Dios quiere para usted, con sus metas, valores y posibilidades, y para estimularse a ser mejor. Muchas personas se acomplejan, sufren de envidia y caen en una amargura terrible por tener la idea totalmente errónea de que tienen que ser como otros. Cada persona es como Dios la ha creado, única e irrepetible, diferente a cualquier otra, con sus propias cualidades, habilidades y virtudes. Investigue y tome de ejemplo de técnicas, normas, métodos, ideas y consejos de otros para mejorar en su profesión u oficio, pero no caiga en la autosuficiencia de creer que el único que sabe, el que más conoce y el más importante, sin considerar que hay otros que pueden ser igual o mejor que usted.
La personalidad suya no puede competir con ninguna otra personalidad, porque no existen dos personas iguales en la superficie de la tierra. Dios nunca pensó crear a todos igual en cuanto a capacidades, conocimientos, formas de pensar y actuar. El señor creó a cada ser humano como un individuo único en su género, del mismo modo que hizo individual y único cada copito de nieve, cada hoja de un árbol, cada plantita de la tierra y cada flor. Dios creó a gente baja y alta, grande y pequeña, delgada y gruesa, negros, amarillos, cobrizos y blancos. El jamás mostró preferencia por algún tipo, tamaño, semblante o color determinado y arma por igual a todas las personas, aunque sean diferentes.
Usted es único y maravilloso, como ninguna otra persona en la tierra. Aunque no destaque tanto en algunos campos, no significa que es inferior a nadie. El Dr. Norton Williams, un célebre psiquiatra, expresó que la ansiedad del hombre moderno y sus sentimientos de inseguridad tienen origen en la carencia de fe en sí mismo y que la seguridad interior sólo puede hallarse al encontrar dentro de sí esa individualidad única y distinta, la cual es afín a la idea de haber sido creado a la imagen de Dios.
Cada uno está mandado por el Señor a reafirmar con valor, tenacidad, orgullo y fe lo hermosa, maravillosa y grandiosa que es su personalidad y luchar contra sus sentimientos y complejos de inferioridad. Esto no constituye soberbia, sino andar con la verdad, la que nos hará libres, dice nuestro Señor Jesucristo. Si usted quiere ser feliz, ámese, valores, quiérase, respétese, nunca se compare ni se sienta inferior a nadie, ni se acompleje. No mida a nadie por su condición social, económica o por el color de su piel, ni se le ocurra jamás pensar que usted es menor que otra persona, porque tiene menos.
Sacúdase de una vez por todas de ese complejo de inferioridad que le impide realizar en su vida las metas y valores que usted siente y que debe cumplir. A Jesucristo, el Hijo de Dios, nuestro Señor maravilloso, no le importó llevar siempre la misma túnica, el mismo manto. Jesucristo jamás bajó la cabeza ante algún tipo de poder, no se avergonzó por su origen humilde ni porque le llamaron carpintero o hijo de un carpintero, porque conocía perfectamente bien su dignidad y su valor. Jesucristo, el Señor, es Hijo de Dios en el sentido pleno, pero usted también es hijo de Dios en Cristo, hecho a Su Imagen y semejanza y templo del Espíritu Santo. Usted es una persona mavarillosa, fantástica, única, original e increíble, como ninguna otra que haya existido en la faz de la tierra. Si usted se acerca al Señor y lo busca, El puede ayudarlo a cambiar. El puede hacer maravillas en su vida y ayudar a eliminar su sentimiento o complejo de inferioridad. Con El usted vencer cualquier cosa, porque con Dios, usted es... ¡Invencible!.