Usufructo político del Corredor Norte
Cuando se debatió la Constitución, los miembros de la Asamblea Constituyente desecharon la reelección presidencial porque tuvieron presente los trastornos que la figura del continuismo político podía ocasionar al sistema democrático. Indudablemente presintieron que una de las anomalías más graves podía ser el abuso del poder perpetrado por el Presidente de la República como candidato a la reelección en detrimento de los candidatos de otras toldas partidarias.
Lo que los constituyentes no previeron fue que hasta las obras emprendidas por empresas privadas para uso público podían ser aprovechadas para promover candidaturas oficiales. Lo que no pudo anticiparse en el pasado aconteció días atrás con motivo de la inauguración del Corredor Norte. El presidente Pérez Balladares, ya virtualmente lanzado como candidato del PRD a la reelección continua, utilizó la ceremonia inaugural de la nueva vía de comunicación para atacar a la oposición y para jactarse de una obra, cuyo costo será pagado mediante peaje por los usuarios, no necesariamente perredistas. Banderines del PRD flamearon sin rubor, mientras se coreaba el nombre del presidente-candidato, como si se tratara de un mitin partidario.
Lo del Corredor Norte es sólo el principio de una campaña partidaria encaramada sobre las obras públicas por inaugurar de aquí a 1999, dependiendo naturalmente del resultado del referéndum sobre la reelección. El Código Electoral no contempla prohibiciones y sanciones al Presidente de la República en caso de instrumentación de recursos gubernamentales, porque la reelección presidencial no existe jurídicamente hasta tanto no se ratifique, o se rechace, la modificación constitucional.
El artículo 28 del Código Electoral prohíbe a los servidores públicos realizar actividades políticas en su horario de trabajo, disposición que se burla inaugurando obras durante fines de semana y días feriados. Existe un vacío legal que es aprovechado por los promotores de la reelección a través de la inauguración de obras públicas. Días pasados comentamos que a pesar del pacto de ética electoral, hay una clamorosa ausencia de ética política determinado por la desigualdad creada por la campaña reeleccionista. Sin embargo, la capacidad de discernimiento de los panameños permite apreciar que el favoritismo político desembozado, como ha ocurrido antes, no siempre arroja dividendos electorales, sino que, en muchas ocasiones, genera reacciones contundentes de un pueblo que ha demostrado su rechazo a la arbitrariedad y prepotencia.
Lo que los constituyentes no previeron fue que hasta las obras emprendidas por empresas privadas para uso público podían ser aprovechadas para promover candidaturas oficiales. Lo que no pudo anticiparse en el pasado aconteció días atrás con motivo de la inauguración del Corredor Norte. El presidente Pérez Balladares, ya virtualmente lanzado como candidato del PRD a la reelección continua, utilizó la ceremonia inaugural de la nueva vía de comunicación para atacar a la oposición y para jactarse de una obra, cuyo costo será pagado mediante peaje por los usuarios, no necesariamente perredistas. Banderines del PRD flamearon sin rubor, mientras se coreaba el nombre del presidente-candidato, como si se tratara de un mitin partidario.
Lo del Corredor Norte es sólo el principio de una campaña partidaria encaramada sobre las obras públicas por inaugurar de aquí a 1999, dependiendo naturalmente del resultado del referéndum sobre la reelección. El Código Electoral no contempla prohibiciones y sanciones al Presidente de la República en caso de instrumentación de recursos gubernamentales, porque la reelección presidencial no existe jurídicamente hasta tanto no se ratifique, o se rechace, la modificación constitucional.
El artículo 28 del Código Electoral prohíbe a los servidores públicos realizar actividades políticas en su horario de trabajo, disposición que se burla inaugurando obras durante fines de semana y días feriados. Existe un vacío legal que es aprovechado por los promotores de la reelección a través de la inauguración de obras públicas. Días pasados comentamos que a pesar del pacto de ética electoral, hay una clamorosa ausencia de ética política determinado por la desigualdad creada por la campaña reeleccionista. Sin embargo, la capacidad de discernimiento de los panameños permite apreciar que el favoritismo político desembozado, como ha ocurrido antes, no siempre arroja dividendos electorales, sino que, en muchas ocasiones, genera reacciones contundentes de un pueblo que ha demostrado su rechazo a la arbitrariedad y prepotencia.