Utopía y realidad de la educación universitaria
Permítame hacer uso del concepto utopía y compartir con el lector una realidad de la educación universitaria en su contexto global, y por supuesto universal. Decir estas cosas en un diálogo de pasillo, cafetería, en una reflexión individual, que es lo que usualmente hacemos, resulta muy sencillo, por cuanto en esa interacción humana se comparte el pragmatismo utópico con algunos colegas. La utopía no radica únicamente en el título de este artículo que pretende darle carácter de atención a la educación universitaria, tanto de las cuatro universidades oficiales como las 16 particulares y sus respectivos centros regionales a lo largo y ancho del país, sino en la instrucción y formación que habrán de recibir los estudiantes universitarios de cualquier disciplina.
Ante la crisis de valores que impera en el país y las antojadizas interpretaciones individuales, las indecisiones gubernamentales y las tímidas recomendaciones de las empresas privadas, nuestra utopía educativa cobra mayor vigencia cuando se trata de la educación universitaria que se imparte a los médicos. Sabemos de la existencia de una nueva Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud, progenitora de seis promociones de médicos y otras disciplinas de la salud y en la víspera de una próxima ceremonia de graduación, donde 45 nuevos profesionales ingresarán al campo laboral de la medicina en la sociedad panameña.
Por lo que conocemos y hemos escuchado está nueva universidad particular que surge como un complemento a la formación e instrucción de la educación de todo aquel que aspira al estudio y la práctica de la medicina, ha hecho mucho énfasis en sus estudiantes y egresados en la aplicación del humanismo y el respeto a la vida humana, así como el fortalecimiento de los criterios éticos e hipocráticos.
No somos médicos, mas sí un educador humanista (seguidor del doctor Daisaku Ikeda), y un paciente que espera preservar su salud sin preguntar "en qué universidad se graduó el médico que me está atendiendo". Allí radica parte de nuestra utopía y de la realidad de dos de los más importantes elementos que constituye el desarrollo de un país, como lo son "la educación y la salud". En otra ocasión nos referiremos al diálogo nacional que se lleva a cabo para dirimir, analizar y buscar soluciones visibles a la problemática del país, pero por hoy queremos cerrar nuestro artículo sugiriendo que nuestro pragmatismo utópico consiste en la coexistencia creativa, la interacción humana y la internacionalización de la educación como reformas fundamentales de las universidades en este siglo XXI.
Ante la crisis de valores que impera en el país y las antojadizas interpretaciones individuales, las indecisiones gubernamentales y las tímidas recomendaciones de las empresas privadas, nuestra utopía educativa cobra mayor vigencia cuando se trata de la educación universitaria que se imparte a los médicos. Sabemos de la existencia de una nueva Facultad de Ciencias Médicas y de la Salud, progenitora de seis promociones de médicos y otras disciplinas de la salud y en la víspera de una próxima ceremonia de graduación, donde 45 nuevos profesionales ingresarán al campo laboral de la medicina en la sociedad panameña.
Por lo que conocemos y hemos escuchado está nueva universidad particular que surge como un complemento a la formación e instrucción de la educación de todo aquel que aspira al estudio y la práctica de la medicina, ha hecho mucho énfasis en sus estudiantes y egresados en la aplicación del humanismo y el respeto a la vida humana, así como el fortalecimiento de los criterios éticos e hipocráticos.
No somos médicos, mas sí un educador humanista (seguidor del doctor Daisaku Ikeda), y un paciente que espera preservar su salud sin preguntar "en qué universidad se graduó el médico que me está atendiendo". Allí radica parte de nuestra utopía y de la realidad de dos de los más importantes elementos que constituye el desarrollo de un país, como lo son "la educación y la salud". En otra ocasión nos referiremos al diálogo nacional que se lleva a cabo para dirimir, analizar y buscar soluciones visibles a la problemática del país, pero por hoy queremos cerrar nuestro artículo sugiriendo que nuestro pragmatismo utópico consiste en la coexistencia creativa, la interacción humana y la internacionalización de la educación como reformas fundamentales de las universidades en este siglo XXI.