Vale la pena ser honesto
La sensación de solidaridad nacional que personalmente he vivido, al igual que mi familia, con motivo de los hechos relacionados con la investigación solicitada como querellante a nombre del Banco Nacional de Panamá, donde se mencionó el nombre de dos de mis hijos, ha servido para medir el grado de simpatía y de respeto que sienten los profesionales del derecho, policías, detectives, médicos, educadores, funcionarios, legisladores, comunicadores, empresarios, amigos de toda clase y de todos los niveles económicos y sociales, hacia mi humilde persona. Cada manifestación de apoyo ha sido acompañada por el reconocimiento de mis virtudes ciudadanas, lo cual radicaliza en mí la necesidad de rendir culto a la honestidad en todo momento.
He pregonado siempre que ser honesto debe ser condición permanente para el desempeño de cargos públicos, con lo cual se producirá un saneamiento saludable en el recurso humano al servicio de la administración pública. Hoy más que nunca me convenzo de que tal exigencia en mi conducta, debe ser no sólo mantenida, sino extendida a todos los que laboran a mi alrededor, ya sea en el aparato público, como en el sector privado. Bajo estos principios he procurado educar a mi familia, a los colaboradores que he tenido como abogado, a mis subalternos en el engranaje gubernamental, todos los cuales pueden dar fe cierta de mi profunda preocupación por la calidad del servicio y la pulcritud en el desempeño de cualquier cargo.
222...ser honesto debe ser condición permanente para el desempeño de cargos públicos, con lo cual se producirá un saneamiento saludable en el recurso humano...
Los medios de comunicación han realizado campañas para rescatar los valores morales, hoy distanciados del proceder del ciudadano(a) nacional; los grupos cívicos instan a servir con honradez; los políticos izan como bandera la falta de transparencia en los actos públicos; los educadores se lamentan del grave deterioro de la familia y sus valores, lo cual se traduce en estudiantes con signos delincuenciales; en fin, toda la comunidad parece estar convencida del abismo en que nos encontramos y de la impostergable necesidad de reasumir un liderazgo moralizador, que ponga un alto al desenfreno, que eleve el trato entre las personas, que estimule a la creación positiva, que forje un nuevo panameño sobre las bases de principios éticos irrenunciables.
Ser honestos me ha servido para encontrar un respaldo moral insospechado, que se ha hecho público en programas de opinión serios, en noticieros radiales, escritos de connotados columnistas, con las miles de llamadas de amigos y conocidos a mi residencia ofreciendo su incondicional ayuda, por lo que se hace obligante para mí hacer un reconocimiento inconmensurable a cada una de esas personales manifestaciones de adhesión, que en esta hora crucial alimentan el ánimo y me invitan a continuar la senda sin mostrar vencimiento, sino una imagen de dignidad, probidad y honestidad, que son el escudo indestructible que protege de todo ataque injusto.
La corporación EPASA, a través de El Panamá América, ha brindado un espacio a mis inquietudes de opinión, por lo que también debo agradecer la objetividad con que informaron sobre este penoso episodio, que podemos superior merecer a una trayectoria límpida, un ejercicio profesional inmaculado y al desempeño público con la convicción de que debemos ofrecer lo mejor, porque en la medida que labremos un país próspero, acrecentemos nuestra propia seguridad y la de nuestros descendientes.
Todos estos comentarios pudieran calificarse de inmodestos, de autoexaltación de mi personalidad, de inoportunos, etc., sin embargo, el único propósito que inspira los mismos, es llamar la atención sobre la necesidad de practicar la honestidad por encima de todo, porque frente a dificultades que puedan herir el prestigio de alguna persona, quienes lo conocen defiendan la invulnerabilidad de sus principios, y como en el caso nuestro escuchamos a muchos amigos decir "Vale la pena ser honesto".
He pregonado siempre que ser honesto debe ser condición permanente para el desempeño de cargos públicos, con lo cual se producirá un saneamiento saludable en el recurso humano al servicio de la administración pública. Hoy más que nunca me convenzo de que tal exigencia en mi conducta, debe ser no sólo mantenida, sino extendida a todos los que laboran a mi alrededor, ya sea en el aparato público, como en el sector privado. Bajo estos principios he procurado educar a mi familia, a los colaboradores que he tenido como abogado, a mis subalternos en el engranaje gubernamental, todos los cuales pueden dar fe cierta de mi profunda preocupación por la calidad del servicio y la pulcritud en el desempeño de cualquier cargo.
222...ser honesto debe ser condición permanente para el desempeño de cargos públicos, con lo cual se producirá un saneamiento saludable en el recurso humano...
Los medios de comunicación han realizado campañas para rescatar los valores morales, hoy distanciados del proceder del ciudadano(a) nacional; los grupos cívicos instan a servir con honradez; los políticos izan como bandera la falta de transparencia en los actos públicos; los educadores se lamentan del grave deterioro de la familia y sus valores, lo cual se traduce en estudiantes con signos delincuenciales; en fin, toda la comunidad parece estar convencida del abismo en que nos encontramos y de la impostergable necesidad de reasumir un liderazgo moralizador, que ponga un alto al desenfreno, que eleve el trato entre las personas, que estimule a la creación positiva, que forje un nuevo panameño sobre las bases de principios éticos irrenunciables.
Ser honestos me ha servido para encontrar un respaldo moral insospechado, que se ha hecho público en programas de opinión serios, en noticieros radiales, escritos de connotados columnistas, con las miles de llamadas de amigos y conocidos a mi residencia ofreciendo su incondicional ayuda, por lo que se hace obligante para mí hacer un reconocimiento inconmensurable a cada una de esas personales manifestaciones de adhesión, que en esta hora crucial alimentan el ánimo y me invitan a continuar la senda sin mostrar vencimiento, sino una imagen de dignidad, probidad y honestidad, que son el escudo indestructible que protege de todo ataque injusto.
La corporación EPASA, a través de El Panamá América, ha brindado un espacio a mis inquietudes de opinión, por lo que también debo agradecer la objetividad con que informaron sobre este penoso episodio, que podemos superior merecer a una trayectoria límpida, un ejercicio profesional inmaculado y al desempeño público con la convicción de que debemos ofrecer lo mejor, porque en la medida que labremos un país próspero, acrecentemos nuestra propia seguridad y la de nuestros descendientes.
Todos estos comentarios pudieran calificarse de inmodestos, de autoexaltación de mi personalidad, de inoportunos, etc., sin embargo, el único propósito que inspira los mismos, es llamar la atención sobre la necesidad de practicar la honestidad por encima de todo, porque frente a dificultades que puedan herir el prestigio de alguna persona, quienes lo conocen defiendan la invulnerabilidad de sus principios, y como en el caso nuestro escuchamos a muchos amigos decir "Vale la pena ser honesto".