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Vale la pena ser político equilibrado, ¿o no?


Llegamos a donde el pueblo menos les interesa, pero que los políticos añoran cada cinco años para pescar en río revuelo. Así veo la política. Cuando ya mozo, con 17 años de edad, viví las amargas experiencias de una sociedad política cínica, desvergonzada, miope, sin moral ni plataforma social, cuya estrategia de motivación era sacarse los trapos sucios de lado y lado.

El país, en 1968, vivió la peor de sus épocas políticas: los gamonales de la política repartían dinero, compraban cédulas, robaban urnas, vilipendiaban a toda persona honesta, se armaron hasta los dientes y consideraban a los ciudadanos como tontos útiles en una democracia que nunca existió. Esos mismos gamonales, que el pueblo y la izquierda conoce como "oligarquía" están al acecho nuevamente. Como si aquí en el país no hubiera pasado nada, con la misma táctica están sacándose los trapos sucios y jugando nuevamente con nuestra identidad nacional.

Nada, para su coeficiente intelectual, está bien en el país. El atraso que se vivió antes de 1968 y el desarrollo socioeconómico después de aquellos años, está siendo sopesado por estos gamonales y de allí las falacias para confundir a la conciencia ciudadana, de manera que el balance resulte en que antes de 1968 todo fue bueno y después todo ha sido un caos.

Torrijos, el viejo, tenía razón al dar la lectura correcta a esos errores y mentiras de la época, que puyó a los militares a dar al traste con las estructura de poder político del momento. Ese retorno no puede convertirse en la vía del Panamá del siglo 21. Ese ambiente, mal sano de ayer, es un cáncer que hay que extirpar. La demagogia no es el modelo ejemplar para una plataforma de ataques ideológicos que en vez de edificar destruye el sentido común del panameño.

Si en 1968 esa conducta terminó en un golpe de Estado y, quiérase o no, da paso al inicio de una revolución de mucho cariño al pueblo, y la experiencia de los finales de 1989, con la consecuente invasión militar sangrienta por parte de Estados Unidos, se impone un alto y una reflexión sobre que hemos asimilado y aprendido la lección. El pueblo nunca ha puesto en peligro la democracia. Quienes ponen en tres y dos al sistema político democrático son los pseudos dirigentes políticos que están aferrados a sus apetitos personales y con descaro y terquedad, unos andan mercadeando manos limpias y otros manos sin callosidades producto de sus labores.

Quien no advierta ese peligro y envía mensajes equivocados, atenta contra la democracia, que no nació el 20 de diciembre de 1989. Quienes piensen así siguen torciendo la verdad y se escudan en el librito de Joseph Goebels. Aquellos que señalen a otro conciudadano, porque es de tal o cual tendencia, y por ello vetan su participación en el juego político, responden a su propia inmadurez con sospechas de una agenda oculta hacia una derechización al estilo Roberto D’Aubuisson de El Salvador. Esas personas no están interpretando correctamente a la mayoría de los panameños y no logran comprender la evolución histórica de libertad del país. Aún hay tiempo para el correctivo y el compromiso con la patria.

El esfuerzo de Omar, por devolver la esperanza a panameños de Trinchera y Carrizal en el sur de Soná, en la provincia de Veraguas, provocó la organización de los primeros asentamientos campesinos, saneando una vieja herida producto de los atropellos y la arrogancia de un grupo familiar de apellidos descendientes de italianos que estaba dando paso a un desfase social y a una peligrosa lucha de clase.

Ese embrión de ayer no es recomendable hoy, en pleno siglo XXI. Lo que los panameños queremos, en su gran mayoría, es exposición de ideas, de propuestas, diálogo, concertación y deseos de trabajar por el Panamá de perspectivas desarrollistas, con el concurso de los zurdos, los derechistas, los empresarios, los inversionistas, los estudiantes, los obreros y la clase profesional, hacia una consolidación de la identidad nacional y concepto de nación que traiga desarrollo y prosperidad nacional para todos.

101 años de Panamá América

 
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