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Vallarino: Grave síntoma


A pesar de sus inconsistencias emanadas de la realidad personal o social, el derecho a expresar las ideas propias es uno de los más preciados avances de una vida civilizada. Se trata de un libérrimo derecho universal, desde el ángulo de la persona humana; es decir, que ésta no acepta ninguna exigencia destructora, ninguna restricción que lo debilite. Toda persona tiene ese intransferible derecho de opinar, cualquiera sea su condición económica, intelectual, social, racial o de cualquier otro carácter. Desde las personas más inteligentes, sabias, ricas, etc., hasta las menos dotadas, todos tenemos ese derecho.
Claro que la aceptación de sus ideas, que pueda favorecer a alguien, será de mayor o menor fuerza, conforme a los argumentos que hagan más certeros o menos convincentes a sus pensamientos. La opinión se forma con todas las ideas que suelen matizar su expresión, en cualquier tribuna, en los periódicos, en las televisoras y otros medios comunicativos.
Una forma del derecho de opinión es la del voto electoral, y los planteamientos anteriores nos sirven para introducir, aquí y ahora, lo acontecido localmente con un insistente precandidato presidencial.
Frente a la variedad de ideas y comentarios escuchados por nosotros, en cuanto a la posición político-electoral del señor ingeniero, economista y político Alberto Vallarino, recordemos las circunstancias ya anotadas, dentro de las cuales opera el derecho de pensar y actuar libremente, con las limitaciones impuestas por el medio en que se vive. La proximidad de una campaña eleccionaria que ya comienza a desatarse le otorgó rápidamente a la declaración de Vallarino un carácter dramático, casi de suspenso, a lo película de sorpresas.
Las reacciones, en casi todas las esferas, se notaron bastante normales, salvo en los medios en que, imitando la jerga de países que tienen muchos millones de habitantes, los de por aquí han dado en llamar, sin ninguna originalidad, "la clase política", una arbitrariedad total de un reducido sector de panameños. Claro que esa expresión imitativa es usada para darse una importancia demasiado gratuita, porque una "clase política" en Panamá no tiene volumen de miembros, ni estructura histórica, ni ideología, ni nada que pueda acercarla a una clase social, hablando con propiedad.
Pero los practicantes del electoralismo criollo reaccionaron según lo que pasan por ser sus intereses muy particulares. En los dos grupos que iban a ser rivales "natos" y circunstanciales del señor Vallarino, hubo una gran euforia, porque cada uno de ellos quiso interpretar el vacío del tercerista como un golpe de la fortuna o ruleta eleccionaria llevándole agua, es decir, votos, a su propio molino.
Se hicieron la ilusión de que los no inscritos en partidos (la fuerte mayoría) no tendrían más remedio que ampararse bajo las toldas partidistas de cualquiera de esos dos grupos.
En las dos facciones de nuestro "mundo" politiquero hubo algunos (no agregamos la frase "y algunas", porque nosotros no pensamos en términos eleccionarios) que ya se veían "libando la copa del champán", a causa del "seguro triunfo". En la historieta política nacional, se recuerdan algunos casos en que los "libadores de champaña" confiaron más en el fraude que en los votos, y salieron chasqueados.
Entre los no partidistas hubo numerosas expresiones de frustración, porque estaban esperando que se fortaleciera la pre-candidatura del Ingeniero, para conferirle la corona del "voto castigo", ya que por la actuación contemporánea de la Comisión de la Verdad, se resucitaron muchos recuerdos de los negros tiempos, de la horrenda Dictadura policíaca, la cual paró en abierta narcodictadura, que el ejército norteamericano intentó extirpar, con el resultado absurdo de que, cancelado el "control norieguista del negocio", éste ha invadido nuestro pobre país, bajo todas las formas de actuación que utilizan las magias modernas de los narcodólares.
Pensando, a lo mejor seriamente, algunas personas nos han comentado que lamentan que no hubieran otros como el ingeniero Vallarino, pero que llegarán hasta el fin de la película, para que pudiéramos todos, al menor la mayoría, sentirnos ciudadanos de un país en que no prevalezcan las magias de toda clase; que bien conocemos por ser los demás ciudadanos, sus eternas víctimas permanentemente frustradas.
El panorama electoral comienza así a perfilarse, todavía en pañales, como si se tratara de un supuesto bipartidismo, pero con la aureola de partidos satélites, sin mayor influencia determinante. Y siendo bien conocida la historia eleccionaria de las fuerzas principales a todo lo largo del siglo XX panameño, hay quienes piensan que el mutis por el foro del ingeniero Vallarino viene a fortalecer la escena final tan conocida por el desamparado pueblo panameño.
Muchos fueron los productores que lo perdieron todos; fincas que habían sido muy productivas quedaron en manos de los bancos. Los precios de la fruta se han mantenido deprimidos, la Unión Europea decidió brindar su protección a las ex colonias en Africa productoras de banano y la empresa ha vuelto a intentar regresar al esquema de los productores independientes.
Para tal efecto, han declarado que no pueden seguir con el negocio en Puerto Armuelles porque sus costos no son competitivos y ofrecen como alternativa para que la producción se mantenga que el Sindicato se convierta en un productor independiente.
Hasta donde tengo conocimiento, el Sindicato no se opone a la idea de crear una cooperativa, pero su dirigencia conoce muy bien el negocio, conoce de las experiencias anteriores y sabe que un contrato con la empresa tendría que incluir como mínimo (a) un compromiso de compra mínima; (b) una fórmula que garantice precios remunerativos; (c) una fórmula que los haga partícipes de las ganancias en los mercados donde se venda la fruta; (d) un mecanismo que permita que las pérdidas en caso de desastres naturales puedan ser compartidas, y (e) un mecanismo de clasificación de la fruta totalmente imparcial.
Es el que tiene lugar con base en presunciones legales.
  • Son hijos de los cónyuges los nacidos después de 180 días después de la celebración del matrimonio o desde la reunión de los cónyuges separados de cuerpos y los nacidos dentro de los 300 días siguientes a la disolución del matrimonio o la separación de cuerpos.

  • El director provincial o el director general del Registro Civil están obligados a inscribir la paternidad del padre presunto en estos casos, a excepción del delito de violación en el que se requiere solicitud de la madre ofendida para que proceda la inscripción.


El hijo o hija que no haya sido reconocido por su padre tiene derecho a exigir judicialmente el reconocimiento de la paternidad. Esta la puede hacer el hijo o hija sólo cuando es mayor de edad, o si se trata de menor de edad o discapacitado, su representación la llevará su representante legal, el Ministerio Público o la Defensoría del Menor.
Establece que la madre de un niño o niña no reconocido puede declarar bajo juramento el nombre del padre ante la auxiliar del hospital o centro de salud o ante la Dirección Provincial del Registro Civil del Tribunal Electoral. Este nuevo punto que se pretende adicionar al Código de la Familia establece los trámites necesarios para hacer la inscripción o reconocimiento administrativo del niño o niña.

101 años de Panamá América

 
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