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Valor agregado y agro


Difícilmente podremos como país bajar los niveles de pobreza si no tomamos seriamente en cuenta a la economía del campo. De ella depende poco menos de la mitad de la población del país, aunque aporte menos del 10% al Producto Interno Bruto. Digámoslo de otro modo. Si continuamos circunscribiendo nuestro mayor esfuerzo e inversiones al sector servicio del área canalera, de espaldas al interior, el crecimiento que logremos en dos o tres grandes rubros en la ciudad, no tendrá efecto alguno en los indicadores sociales globales.
Por ejemplo, las expectativas de crecimiento oficial para este año se cifran entre 2.3 y 2.8%. En cualquier caso, aunque anémicas, son al menos algo; una pequeña chispa de esperanza tras tocar fondo el año pasado con un crecimiento cercano a cero. Lo malo es que, cuando se examinan los rubros que impulsan ese crecimiento, todos se limitan a dos o tres con exclusiva incidencia en el sector servicios de la capital y sus alrededores. La industria de la construcción marcha a la cabeza, gracias a los mega proyectos de la urbe, empezando por el nuevo puente sobre el Canal y los centros comerciales de Paitilla.
Otros renglones que impulsan el crecimiento son los puertos, también ligado a las ciudades terminales; las comunicaciones y producción energética, igual por estar ubicado allí el mayor volumen de negocios; y la comercialización de hidrocarburos, lo mismo. La agricultura, en cambio, ha caído, aunque sus exportaciones tienden a recuperarse. Es en éste último aspecto en que debe prestarse más atención.
Acabamos de firmar un tratado de libre comercio con Taiwan. Ellos pueden vendernos de todo y nosotros casi nada, excepto algunos productos agrícolas, a los que se permitirá un acceso inmediato. Pero requerimos sumarle valor agregado, lo que supone incluir tanto al producto destinado a exportación como al mercado local. Y ojalá no dejemos que sea Taiwan el que añada ese valor agregado a nuestra materia prima, cuando podríamos hacerlo nosotros. Allí está la mayor ganancia.
Hablamos de procesamiento industrial de alimentos y su venta envasados al vacío en vidrio, lata, papel o plásticos, amparados por marcas. Pero bien puede incluir la venta del mismo producto fresco y natural, tal cual sale del campo, cortado, congelado y adecuadamente envasado. Hay por ejemplo, pequeños “snacks” o cosas para picar, que no son más que paquetitos que contienen porciones de zanahorias, apio, pepitas de marañón, etc. Y todos se producen aquí.
No se requiere gran cosa para dar el salto de un proveedor de materia prima a un exportador de bienes agrícolas con valor agregado. Es cuestión de que el Gobierno entrene o busque en el extranjero lo necesario para capacitar al productor nacional. Y eso incluye el manejo post cosecha, la comercialización y la organización cooperativa.

101 años de Panamá América

 
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