default

Valore su cuerpo


HAY QUE valorar su cuerpo; su cuerpo es usted. Usted tiene alma, espíritu y cuerpo. Su cuerpo es parte suya y usted se comunica por medio de su cuerpo. Dios lo creó y lo dotó de un cuerpo maravilloso para vivir plenamente. Por lo tanto, le aconsejamos:
Debe aceptar su cuerpo, el cuerpo que Dios le dio. Evite complejos y no se compare con otros. Acéptese tal como es: bajo o alto, blanco o moreno. Acéptelo, pues es su realidad. Ame su cuerpo y así se amará a usted mismo; Cuide su cuerpo. No tiene otro y sólo con este cuerpo puede vivir en la tierra. Aliméntelo bien y atiéndalo, porque es posesión suya. Cuide su salud ya que de eso depende su calidad de vida en la tierra. Además usted debe saber que su cuerpo es templo del Espíritu Santo. En su cuerpo habita Dios. Usted es templo vivo del Espíritu Santo; Evite caer en vicios como el licor, la droga o el sexo. Todo vicio mancha y profana su cuerpo y alma; Vista decentemente. Respétese a usted mismo; Conserve su cuerpo sano. Para eso contamos con la medicina. Mantenga su cuerpo saludable y usted vivirá mejor y podrá servir más a Dios y a su prójimo.
Su cuerpo aloja al alma y al espíritu. ¿Se encuentra tenso, nervioso, cansado, con los músculos de la nuca agarrotados? Todo esto influye en la mente y en el espíritu y todo es ocasionado por no saber descansar y relajarnos físicamente. ¿Quiere descansar? ¿Quiere sentirse mejor? Lo invito a hacerlo: Siéntese en una silla y ponga sus pies en el suelo, con naturalidad. Cierre los ojos, descanse profundamente e imagínese que usted pesa 200 kilos. Está muy, muy pesado y este enorme peso de su cuerpo descansa sobre la silla. Usted no hace nada por detenerlo. Respire hondo y lentamente. Levante su brazo derecho encima de su cabeza, no haga fuerza, déjelo caer lentamente arriba de su rodilla derecha. Está muy pesado, déjelo caer. Hágalo tres veces. Haga lo mismo con el brazo izquierdo sobre la rodilla izquierda. Está usted respirando hondo y profundamente. Bote el aire y vacíe los pulmones, llénelos y vacíelos nuevamente. Deje caer la cabeza hacia delante, como si sus músculos no tuvieran fuerza. Relaje los músculos del rostro. Levante la cabeza y sienta que todo su cuerpo está flojo, muy flojo: los brazos, los músculos del cuello, las piernas. Cierre sus ojos e imagine que Jesús está a su lado, tocando con sus manos su cara, su cuello, sus brazos, sus músculos adoloridos. Lo bendice diciendo: "Reposad, reposad, descansad, que yo os alivio". Imagínese la paz divina que sale de las manos de Cristo, que como chorro brillante pasa por los tejidos de su cuerpo. Una luz blanca sale de Cristo Jesús y está empapando su cuerpo. Ahora dígase: La Divina Gracia de Jesucristo está relajando, está renovando, está recreando mi cuerpo: el templo sagrado de mi alma. Usted sentirá cómo Jesús relaja sus músculos y nervios. Se siente que se está revitalizando; usted lo siente. Su fe así lo hace. ¡Qué bien se siente ahora! Luego de 5 minutos de este ejercicio, levántese, camine un poco, abra sus ojos con calma, sonría y verá cómo se siente mejor.
Hemos unido la oración y la fe a las técnicas de relajamiento físico. Usted lo puede hacer varias veces al día. Recuerde que del relajamiento viene la energía. Todo esto unido con una buena dieta, ejercicios físicos adecuados a la edad y una mente positiva le ayudará a curar muchas dolencias y a mantenerse tranquilo. También es recomendable caminar 20 minutos diarios y oír música clásica.
No olvide que un cuerpo sano es muy útil para servir a los demás. Queremos que usted se convierta en una persona sana. Procure cuidar ese cuerpo que Dios le ha dado.
Y no se olvide, ¡con Dios, usted es invencible!

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América