Valores en la construcción
En referencia a las últimas inundaciones en el área metropolitana, consideradas por muchos, y a manera de excusa como "desastre natural", y siguiendo en la línea de lo expuesto por el destacado ingeniero civil, D. Humberto Reynolds de Unamuno, procedo a recordar conceptos muy válidos para el ejercicio de la Ingeniería y la Arquitectura, que si son aplicados correctamente, ayudarán a eliminar a los insolentes infractores de las leyes y normas que regulan estas respetables profesiones y ayudarán a enaltecerlas.
El deber. Según Kant, este concepto establece que: "el bien consiste en lo que se debe hacer". El imperativo categórico es siempre un "deber", una "falta de algo", siendo por tanto una insuficiencia que nos lleva a algo puramente irreal e inalcanzable, lo que se ha llamado "valor". La ética del deber conduce así, inexorablemente, a la ética de los valores.
La obligación. Tiende a confundirse el concepto del deber y el de obligación; se emplean ambos de forma indiscriminada, provocando confusión y oscuridad en el uso correcto del idioma. Esto es un gran error. Cada persona no vive desligada de sus semejantes; está ligada a ellos, al igual que a la historia, a las tradiciones; al pensamiento y a la actuación humana desde el inicio de los tiempos. Obligación es la actuación que hacemos teniendo en cuenta que estamos ligados a los demás.
Los valores. Son atributos que tienen las cosas que nos las hace deseables, por los cuales las estimamos y las valoramos. Tienen su origen en la filosofía idealista de Platón, ignorando a propósito que éste fue superado por Aristóteles y su ética de las virtudes, olvidada últimamente con toda intención, para poder manipular mejor a las personas. Los valores son inducidos en cada sociedad, aceptados por ésta y luego proporcionados como apriorismos que asume cada persona sin reflexión y desligados de las circunstancias externas y propias de cada uno.
La escala de valores. Una de las características de los valores es su jerarquía y ordenamiento por preferencia. Cada época y cada grupo humano tiene su propia escala que son sus prioridades y la persona que se mueve por apriorismos es dogmática, irreflexiva y tiende a la intolerancia. Los valores no tienen que coincidir con lo bueno, sino con lo que es deseable y aceptable para cada sociedad en su momento y circunstancia, de ahí que los programas de "tele-basura" tengan tan altos índices de audiencia. En nombre de los valores los hombres han cometido las mayores aberraciones según nos enseña la historia. Hoy, el consumo desaforado, el consumismo, es un "valor" que puede arruinar la Tierra, que causa injusticias a nivel planetario y que sólo sirve para demostrar que hemos triunfado. Lo mismo se aplica al "juega vivo", a la deshonestidad, a la indecencia y a la irresponsabilidad, entre otros.
Dependiendo de la sociedad en que estemos, podemos -no implica que debemos- pasar de personas a bípedos depredadores, a perros de presa, a destructores más que a constructores, sin importar cómo pasamos ni a quién pisamos, ni qué malas artes usamos para "triunfar". Lo significativo es conseguir lo que se desea, sin consideraciones con nada ni nadie; lo importante es tener, triunfar, mostrar el éxito.
En toda actividad humana, al ganar algo, se pierde algo. ¿Hemos tenido éxito? ¿Como personas inmaduras no nos damos cuenta de que al obtener en esa forma lo que queríamos, nos hemos convertido en grandes perdedores, dañando nuestro entorno personal, familiar y profesional, pasando de ser respetados profesionales a ser considerados a nivel de burladores, de personas con falta de honra y vergüenza, de personas descaradas y de mal vivir, de indecentes e irresponsables, etc.? Todos tendemos a obedecer a una autoridad anónima que dicta sus leyes, renunciando casi con donaire a ser personas y a nuestra propia autonomía y dignidad.
¿Qué axiomas servirán de base para la elaboración de las normas de conducta y desarrollo profesional? ¿Qué visión del hombre y del mundo está detrás?
Las diferencias en formas de vida, costumbres, concepciones económicas y modelos sociales hacen bastante difícil el establecimiento de un modelo ético válido para todos. Nadie puede imponer sus creencias o convicciones, eso es lo que denominamos fundamentalismo. Pero algo "debemos" hacer para mejorarnos, así como a nuestra Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, y la comunidad en general. Es nuestra "obligación".
(arquinde@cableonda.net)