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Valores en las primeras edades


La educación es un proceso interno por medio del cual el niño o la niña logran progresivamente su desarrollo integral en todas las dimensiones madurativas del ser humano; y es, a través de ella, que crecen como personas libres, con capacidad crítica, exigiendo lo mejor que cada uno puede aportar de sí mismo a la sociedad, ayudando a formar su carácter y a que aprendan a conducirse razonablemente a través de la interiorización de roles y valores morales y sociales.
De allí, pues, que la educación está encargada de un contenido moral que debe guiar al pensamiento y a la conducta al ser humano, promueve la madurez interna necesaria para adquirir una conciencia moral autónoma.
Por tal motivo, pensamos que la educación temprana en valores resulta sumamente importante en cada una de las etapas del niño y la niña.
La educación debe respetar y potenciar la individualidad, sin embargo teniendo en cuenta que el niño o la niña no es un ser aislado, sino un sujeto social que nace y crece en comunidad, y evoluciona hacia la independencia en función de la calidad de las relaciones humanas que establezca.
A medida que crece es capaz de asumir responsabilidades. Como miembro de la sociedad, aprende de sí mismo, del mundo que le rodea y de las personas de su entorno; es decir, se educa bajo la influencia del medio ambiente en que se desenvuelve. Ese ambiente debe ofrecer roles de conducta y valores aceptados por la comunidad .
De esa manera podemos afirmar que el niño y la niña al crecer se convierten en productos de nuestra sociedad.
Como toda formación, es imposible actuar directamente en la estructuración de valores, al igual que los es en el de las capacidades o la motivación. Para ello es necesario llevar a cabo actividades bien organizadas y concebidas metodológicamente, que permitan que los niños y niñas se orienten a sí mismo en su realización, y que progresivamente forme la capacidad, el motivo o el valor que se pretende formar.
Constituye un error conceptual plantearse el trabajo directo en la formación de valores, lo recomendado es trabajar sobre las habilidades, hábitos, conceptos, nociones y vivencias como resultado en la formación en valor.
Los valores no se enseñan como tales, sino que surgen como consecuencias de las actividades que sean del interés de los niños y en las cuales se realizan acciones que van actuando sobre la composición de valores futuros.
Es sencillo llevar a la práctica un programa de valores donde los verdaderos protagonistas sean los niños y niñas, y logren así integrar en sus vidas valores sociales y morales.
Resulta esencial utilizar actividades como el juego, ya que mediante el mismo el niño o niña aprende a relacionarse, a compartir, etc.
Por ejemplo, cuando en un juego de roles o en una dramatización "el héroe" ayuda al amigo desvalido, se están realizando hechos que ejercen una determinada influencia sobre la concepción de lo que es la amistad y la solidaridad humana, que paulatinamente, y por la repetición y enriquecimiento de esta actividad, van convirtiéndose en lo que posteriormente ha de construir un valor en la personalidad.
Si las actividades que se propician para la formación de valores se acompañan de satisfacción y bienestar emocional, el niño o la niña tenderá a repetirlas, y se convierten en habituales en la medida en que pasan a formar parte del sistema regulador de la conducta.
Finalmente, la formación de hábitos y realización de actividades dirigidas a formar valores deben desarrollar sentimientos y vivencias, y no solamente reforzamientos externos para orientar su conducta.
En este sentido, los conocimientos por sí solos no garantizan la formación del valor, sino que han de acompañarse con vivencias emocionales, que expresan en este plano la unidad de los procesos afectivos y cognoscitivos....llevar a la práctica un programa donde los verdaderos protagonistas sean los niños y niñas, y logren integrar en sus vidas valores sociales y morales.

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