Valores para subsistir y vivir
En los últimos días se han ventilado algunos temas que vienen relacionados con los valores hasta donde estos puedan llegar. Vimos un programa televisivo sobre la llamada ley de sexualidad, en donde una de sus defensoras perdió todo control de sí misma para insultar a otras participantes, en lugar de buscar argumentos verdaderos para defender su punto de vista. Una persona como ella no debe asistir a esa clase de programas, porque es público y las personas que lo vemos merecemos respeto. Lástima, porque siempre la conocí como una dama y ahora perdió el control.
Si bien es cierto que siempre he defendido la enseñanza de la sexualidad, todo tiene su momento y no debemos adelantar etapas. Me pregunto, ¿dónde han quedado los valores para que nos enfrentemos bruscamente con personas que fueron nuestras amigas y que tienen derecho a tener sus puntos de vista? Otro día profundizaré en este proyecto de ley que lleva trazas de tener cierta tendencia política y que, nuevamente peligra la unión de la familia panameña a grandes extremos.
Otro tema que se ha tocado es el de la juventud a la que debemos tener paciencia y tolerancia para comprender su situación. Si en algún momento nuestra juventud ha perdido la sensibilidad, como dicen; si fuera cierto que los jóvenes no han conocido los valores cívicos y morales, ¿de quiénes es la culpa? Primero de los padres que no los enseñan en los hogares; luego las escuelas, que los han perdido también en alguna forma y no los enseñan a los niños que es la edad en que más se absorben.
Se ha perdido la comunicación entre padres e hijos y, cuando estos quieren conversar con aquéllos, no tienen tiempo para hacerlo, o porque están ocupados o porque ven las novelas y los deportes. Esto es algo que debemos conservar.
Los niños que son escuchados por los padres, que les prestan atención y que reciben de ellos una buena educación y relación interpersonal, serán jóvenes con valores, con equilibrio emocional, alejados de los vicios que hoy aquejan a muchos de ellos.
El concepto de familia ha aflojado y debemos retomarlo para que persista aquella relación entre sus miembros; enseñemos a nuestros hijos el respeto a los mayores y respetemos a los niños en sus derechos. Lo que sucede es que las organizaciones internacionales, que manejan muchos conceptos, nos traen criterios errados como aquel de que los padres pierdan su patria potestad y los niños sólo tengan derechos, y los jóvenes y los victimarios sólo tengan derechos. ¿Qué hay de los deberes? Pareciera que en este mundo los hemos echado a un lado para soslayarlos. Si mis hijos tienen derecho a que los respetemos, los eduquemos, les proporcionemos todas sus necesidades, ellos tienen el deber de ser buenos alumnos, de cumplir en su casa con trabajos mínimos, con obligaciones de respeto hacia sus padres, de retribuir el amor que aquellos les dan.
Hoy sólo les enseñamos la parte de ellos y creamos leyes para que los padres no puedan llamar la atención a sus hijos porque viene la policía. ¿A qué quieren que llegue nuestro país las personas que apadrinan estas leyes? Bastantes problemas tenemos en lo social para que los niños sin experiencia manden el mundo. ¿Hasta cuándo los burócratas de esas organizaciones internacionales manejarán nuestras vidas? De la puerta de mi casa para adentro mando yo y se hace lo que yo quiero si les suministro todo a mis hijos. Cuando ellos trabajen y se mantengan, serán independientes y harán lo que gusten. Aquí vienen nuevamente los valores que son muchos y que no debemos olvidar para enseñarlo a los hijos y nietos, sobre todo el amor mutuo y el respeto en ambas direcciones.
Tenemos delante un gran trabajo para revivir los valores, para enseñar que lo material es secundario, que el dinero se adquiere trabajando y el fácil trae problemas que los harán terminar mal.
Ojalá que entre todos los panameños desviemos ese vicio de los malos programas de televisión, de Internet, conservemos la relación familiar y las escuelas sean portadoras de esos valores para vivirlos entre todos.
marisín@cableonda.net
Si bien es cierto que siempre he defendido la enseñanza de la sexualidad, todo tiene su momento y no debemos adelantar etapas. Me pregunto, ¿dónde han quedado los valores para que nos enfrentemos bruscamente con personas que fueron nuestras amigas y que tienen derecho a tener sus puntos de vista? Otro día profundizaré en este proyecto de ley que lleva trazas de tener cierta tendencia política y que, nuevamente peligra la unión de la familia panameña a grandes extremos.
Otro tema que se ha tocado es el de la juventud a la que debemos tener paciencia y tolerancia para comprender su situación. Si en algún momento nuestra juventud ha perdido la sensibilidad, como dicen; si fuera cierto que los jóvenes no han conocido los valores cívicos y morales, ¿de quiénes es la culpa? Primero de los padres que no los enseñan en los hogares; luego las escuelas, que los han perdido también en alguna forma y no los enseñan a los niños que es la edad en que más se absorben.
Se ha perdido la comunicación entre padres e hijos y, cuando estos quieren conversar con aquéllos, no tienen tiempo para hacerlo, o porque están ocupados o porque ven las novelas y los deportes. Esto es algo que debemos conservar.
Los niños que son escuchados por los padres, que les prestan atención y que reciben de ellos una buena educación y relación interpersonal, serán jóvenes con valores, con equilibrio emocional, alejados de los vicios que hoy aquejan a muchos de ellos.
El concepto de familia ha aflojado y debemos retomarlo para que persista aquella relación entre sus miembros; enseñemos a nuestros hijos el respeto a los mayores y respetemos a los niños en sus derechos. Lo que sucede es que las organizaciones internacionales, que manejan muchos conceptos, nos traen criterios errados como aquel de que los padres pierdan su patria potestad y los niños sólo tengan derechos, y los jóvenes y los victimarios sólo tengan derechos. ¿Qué hay de los deberes? Pareciera que en este mundo los hemos echado a un lado para soslayarlos. Si mis hijos tienen derecho a que los respetemos, los eduquemos, les proporcionemos todas sus necesidades, ellos tienen el deber de ser buenos alumnos, de cumplir en su casa con trabajos mínimos, con obligaciones de respeto hacia sus padres, de retribuir el amor que aquellos les dan.
Hoy sólo les enseñamos la parte de ellos y creamos leyes para que los padres no puedan llamar la atención a sus hijos porque viene la policía. ¿A qué quieren que llegue nuestro país las personas que apadrinan estas leyes? Bastantes problemas tenemos en lo social para que los niños sin experiencia manden el mundo. ¿Hasta cuándo los burócratas de esas organizaciones internacionales manejarán nuestras vidas? De la puerta de mi casa para adentro mando yo y se hace lo que yo quiero si les suministro todo a mis hijos. Cuando ellos trabajen y se mantengan, serán independientes y harán lo que gusten. Aquí vienen nuevamente los valores que son muchos y que no debemos olvidar para enseñarlo a los hijos y nietos, sobre todo el amor mutuo y el respeto en ambas direcciones.
Tenemos delante un gran trabajo para revivir los valores, para enseñar que lo material es secundario, que el dinero se adquiere trabajando y el fácil trae problemas que los harán terminar mal.
Ojalá que entre todos los panameños desviemos ese vicio de los malos programas de televisión, de Internet, conservemos la relación familiar y las escuelas sean portadoras de esos valores para vivirlos entre todos.
marisín@cableonda.net