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Valores para una Patria Nueva


Hoy cumplimos 101 años de vida republicana, debatiendo nuestro destino en medio de una crisis de valores, en todas sus esferas; crisis que nos ha perseguido como un fantasma ancestral desde nuestros inicios, tal vez por incuria o perfidia.
Sin embargo, al llegar a fecha tan augusta como lo es el 3 de Noviembre, al elevar la mirada al Céfiro de Ancón, no pierdo la esperanza de que algún día, los panameños desarrollemos el don de aplicar los valores de convivencia social de modo que nos envuelvan como parte de nuestra identidad nacional: la verdad, la honestidad, la lealtad, la gratitud, la honradez, la justicia, la equidad, la solidaridad, la responsabilidad, la confianza, el orden, la disciplina, el respeto, la comprensión, la tolerancia, la diligencia, la tenacidad, la voluntad, la discreción y la amistad.
Ya lo decía Gaspar Octavio Hernández: "No hay redención sin martirio. No se obtienen preciados dones fácilmente. Para ser libre se necesita, primero, querer serlo; segundo, deber serlo y, en tercer lugar, no dejar de querer serlo. Panamá quiso ser libre porque debía ser libre. Y si no tiñó con sangre el acero al luchar por su autonomía, fue porque en los instantes supremos de sus anhelos libertarios no había contra quién blandirlo; porque tuvo la rara habilidad de vivir en paz en medio de intensas revoluciones". Atinadas y proféticas son las palabras de Hernández: "No hay redención sin martirio. No se obtienen preciados dones fácilmente (...)", porque extrañamente los panameños nunca hemos teñido el acero de sangre por conquistar nuestro bien y conservarlo.
Por eso, para desarrollar valores que nos permitirán construir nuestra identidad sobre la base de valores de convivencia social -como patria nueva que somos en el orbe latinoamericano desde 1903- se hace imprescindible blandir el acero del coraje nacional para escindir de nuestros pensamiento y diario vivir aquellas distinciones políticas, económicas y sociales, tan llenas de intrigas y mentiras que nos sumen en el abismos de la corrupción, poniendo en peligro la libertad y la soberanía que obtuvimos sin derramar sangre.
En el plano individual para ser verdaderamente libres es necesario deshacernos de esa tendencia innata que distingue a los panameños de llevar a cabo actividades y negocios bajo la guía de "esa nefasta cultura del juega vivo", que incita a obviar el precio que se debe pagar por cada acción que acometamos. Porque la corrupción no sólo es robarle al Estado su bien patrimonial, se es también corrupto, cuando cada ciudadano -doquier se encuentre ubicado en la escala social- conserva vigente en cada paso que dé, esa actitud "de poco importa", de "eso no es conmigo", del "irrespeto por el tiempo ajeno -llegar a la hora panameña-", "de no cumplir con nuestras obligaciones y compromisos", no cumplir con las normas y leyes", y "faltar a la palabra dada".
Hoy cuando henchidos de fervor patriótico saludemos la enseña tricolor panameña y los corazones latan de gozo, reflexionemos sobre nuestro actuar y los valores que definen la identidad nacional; afirmemos nuestro carácter de nación sobre la base de nuestros triunfos, desgracias, luchas sin números y el esfuerzo por ser una patria nueva bajo la guía y el don de desarrollar valores de convivencia social.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América