Vaya ejemplo presidencial
Parece estar despejándose la duda sobre la verdadera naturaleza que motivó la firma del contrato entre el Grupo Panaredo (GP) y la Secretaría de Obras Públicas de la República Dominicana (SEOPC), a saber, el tráfico de influencias. A poco más de una semana de explotar la noticia, se comprueba a través del actual secretario de Obras Públicas dominicano, Víctor Rúa Díaz, que Vargas Maldonado "regaló el dinero". Nada más y nada menos que unos novecientos mil dólares del erario dominicano, tan requerido para obras sociales en la isla caribeña. Y es que abundan en la isla denuncias contra Miguel Vargas Maldonado, por haberse aprovechado de recursos del Estado para beneficio personal. Aparentemente Vargas Maldonado "...solamente es exitoso en negocios cuando su partido está en el poder, porque... nadie le ha conocido operaciones empresariales en momentos que el PRD no ha estado en el gobierno", según publicaciones en Dominicana.
Al ser preguntado, el presidente Torrijos bien pudo responder, palabras más, palabras menos, que su empresa firmó un contrato y dos prórrogas con la SEOPC para servicios de consultoría en la supervisión de obras, concesiones y asesoramiento financiero internacional, al contar con las aptitudes profesionales requeridas, el personal, tanto nacional como extranjero, así como los recursos técnicos necesarios para cumplir sus obligaciones; y que cumplieron con llevar los libros o registros de costos, ingresos devengados y honorarios acumulados, entregar informes mensuales sobre el progreso de los trabajos realizados y de los materiales a usarse en las obras en concordancia con las normas y especificaciones técnicas convenidas, entregar facturas mensuales con el desglose de gastos, entre otras obligaciones establecidas en el documento.
Pero como reacción inadmisible, el presidente Torrijos responde que no es hijo de papi ni mami, que no heredó dinero y que, como tal, tiene derecho a ganarse la vida. También utilizó el susodicho contrato como ejemplo para los que consideraban que no tenía la capacidad para formar parte de empresas que podían contratar nacional como internacionalmente.
Parece que estamos ante un ejemplo claro de tráfico de influencias, donde se le exprimieron casi un millón de dólares a los contribuyentes dominicanos sin ningún tipo de contraprestación; al punto que ninguno de los involucrados de la parte panameña, llámense Torrijos, Real o Blanco, menos Vargas Maldonado en Dominicana, han sabido ni podido justificar el cobro de veinticinco mil dólares mensuales durante tres años.