Veinte años de lucha contra el Sida
Unas semanas antes, el expresidente Bill Clinton, había advertido que la pandemia estaba amenazando a naciones enteras, especialmente en el Africa, al sur del Sahara, donde las endebles economías de los afectados se hallaban postradas y rebasadas, incapaces de atender el avance del mal que diezma su población. En particular, anticipó proyecciones que hablan de 55 millones de infectados en el mundo para el 2005. Para ese entonces, el Sida será una real amenaza para la existencia misma del género humano sobre el planeta. Tan sólo este año, se agregan a la lista de infectados 5 millones de nuevos casos.
En 20 años, el Sida ha arrebatado la vida a 22 millones de personas en todo el mundo y un total de 40 millones viven hoy con el virus en su sangre, presto a contagiar a alguien sano y a cobrar la vida de su portador, infligiéndole antes sufrimientos indecibles. Los jóvenes son los más expuestos. Se estima que la mitad de los casos nuevos del mal afecta a personas con menos de 25 años de edad.
Una señal alentadora surge sin embargo en el horizonte, con la colaboración e intercambio de información sin precedentes, entre el Instituto Nacional para las Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Estados Unidos, para colaborar con los laboratorios Merck & Company a fin de realizar a partir de 2002 una serie de pruebas de vacunas promisorias en todo el mundo, considerando distintos grupos étnicos, geográficos y sociales. La idea es apretar al máximo el acelerador en busca de una vacuna que responda a las distintas cepas del insidioso virus.
Pero mientras los científicos y laboratorios del mundo desarrollado buscan un remedio a la enfermedad, no nos corresponde sino ser más exigentes en las medidas de prevención usual, que son de fácil aplicación, además de proseguir la campaña colectiva en tal sentido a todos los niveles sociales y económicos, sobre todo entre los más jóvenes y el resto de la población de mayor riesgo.
En 20 años, el Sida ha arrebatado la vida a 22 millones de personas en todo el mundo y un total de 40 millones viven hoy con el virus en su sangre, presto a contagiar a alguien sano y a cobrar la vida de su portador, infligiéndole antes sufrimientos indecibles. Los jóvenes son los más expuestos. Se estima que la mitad de los casos nuevos del mal afecta a personas con menos de 25 años de edad.
Una señal alentadora surge sin embargo en el horizonte, con la colaboración e intercambio de información sin precedentes, entre el Instituto Nacional para las Enfermedades Infecciosas (NIAID) de Estados Unidos, para colaborar con los laboratorios Merck & Company a fin de realizar a partir de 2002 una serie de pruebas de vacunas promisorias en todo el mundo, considerando distintos grupos étnicos, geográficos y sociales. La idea es apretar al máximo el acelerador en busca de una vacuna que responda a las distintas cepas del insidioso virus.
Pero mientras los científicos y laboratorios del mundo desarrollado buscan un remedio a la enfermedad, no nos corresponde sino ser más exigentes en las medidas de prevención usual, que son de fácil aplicación, además de proseguir la campaña colectiva en tal sentido a todos los niveles sociales y económicos, sobre todo entre los más jóvenes y el resto de la población de mayor riesgo.