Veleidades políticas
Porque conviene a los intereses de los ciudadanos panameños y de toda la nación, sobre todo en esta etapa preelectoral a la que asistimos -queramos o no- caracterizada por las actividades de organización, proselitismo y los vaivenes de los diferentes partidos políticos (de gobierno y de oposición), consideramos oportuno hacer ciertas observaciones para contribuir al esclarecimiento del proceso político nacional.
En cuanto a saber esperar. Se ha dicho que uno de los secretos del éxito en la vida pública consiste en saber esperar. Vale decir, quien se impacienta, acicateado por sus ambiciones legítimas o no, corre el riesgo de tropezar y se expone innecesariamente al fracaso. La virtud de la paciencia y el buen tacto se hallan más ligados en política que en ninguna otra actividad de la vida. Tal vez nadie ha expresado esa gran verdad con agudeza tan incisiva como el prócer argentino José de San Martín, cuando sintetizó el fracaso de la vida pública del general José Miguel Carrera en esta frase punzante: "Hombre sin espera que todo lo sacrificó a la ambición".
Sobre las veleidades políticas. La experiencia de alrededor de 45 años de asistir en calidad de observador docente de la actividad política en Panamá, me convence de que las enemistades políticas son siempre circunstanciales. Generalmente, el distanciamiento en política no suele ser hijo del odio ni de la pasión, sino más bien del desconocimiento y de la falta de comunicación personal entre enemigos aparentemente encontrados. No es extraño el hecho de que el enemigo de hoy pueda trocarse mañana en el mejor colaborador y el mejor amigo. Para decirlo más claro, ilustrémoslo con un solo ejemplo: Muchos de los enemigos de toda la vida del Dr. Arnulfo Arias, se convirtieron finalmente, desde las elecciones de 1968, en sus partidarios más apasionados.
No obstante, ejemplos múltiples de esa índole se han dado desde 1968 a la fecha. ¡Sólo basta repasar el acontecer político panameño para darse cabal cuenta de esto! Paradójicamente muchos otros hacen alarde exagerado de su adhesión política y en un momento dado por cualquier razón, a veces sin motivo aparente, se transforman en enemigos acerbos y en detractores gratuitos. Esa es desgraciadamente la naturaleza política y esa es la naturaleza del hombre.