default

Vendedores callejeros


Por los años 80 recibimos a centenares de cubanos que tramitaban visa de entrada a Estados Unidos, en una de las tantas crisis migratorias derivadas de la constante tensión política de ese país con Cuba. Pues aquí vivieron durante varios meses, dedicándose a una modalidad de venta al por menor hasta entonces desconocida en nuestro suelo, la buhonería de semáforos. Empezaron con plátanos en bolsas y siguieron con pan, y así con tomates y otros productos. Con el dinero percibido se sostenían y pagaban gastos de papeleo y hasta de transporte.
Cuando se marcharon, los vendedores criollos calcaron el sistema y lo perfeccionaron hasta nuestros días. Hoy en las calles, virtualmente, es posible comprar de todo, legal o ilegal. Sin embargo, paralelamente, hubo un incremento de la cantidad de vendedores que, en los últimos años se ha vuelto explosivo, al punto que se han extendido hacia las principales intersecciones viales de la capital. Algunas alcaldías, con buen tino, procuraron ordenar aquello, levantando censos, repartiendo carné de identificación y distribuyendo camisetas o uniformes. Pero era tal el flujo y reflujo de personas dedicadas al negocio, que la magnitud de la tarea emprendida sucumbió junto con los buenos propósitos.
Hubo también una época en que la Dirección de Bienestar Social del Ministerio de Trabajo procuró sacar a los niños de las calles, asiduos vendedores de gomas de mascar, caramelos, estampitas, y todo tipo de cosas, y lo consiguió en gran medida. La forma consistió en ubicar a las familias que les encomendaban esas tareas y subsidiar su traslación a otros pequeños negocios que no involucran a los menores, mientras éstos eran enviados a las escuelas y a centros vacacionales, todo con seguimiento de un numeroso equipo de trabajadores sociales.
Cierto, no podemos divorciar el negocio de las ventas callejeras de los fenómenos del desempleo y la pobreza.
Es de esperar, por tanto, que el mismo disminuya a medida que mejore la situación económica del país y los indicadores sociales. Pero como éste es un proceso lento, y mientras tanto es conveniente que el nuevo ministerio de Desarrollo Social -cualquiera sea su denominación- emprenda vigorosos programas similares, sobre la base de que la venta callejera, aunque sea producto de la necesidad, no es deseable ni proyecta la mejor imagen del país.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América