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Vendedores de confusion


La sociedad panameña necesita democratizarse si no quiere verse relegada a ser el furgón de cola del mundo de hoy. No existe la necesaria cohesión social que requiere una sociedad moderna, y no se podrá dar la misma mientras no se proceda a una verdadera reforma del Estado, lo cual exige, digan lo que digan los vendedores de confusión, un cambio constitucional real, efectivo y participativo.
La necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente ha ido ganando terreno en diversos sectores de la población, a pesar de los intentos por parte de algunos medios de comunicación escritos y televisados, y de algunos “comunicadores”, de desviar la opinión pública y tergiversar la opinión publicada. Acostumbrados a engañar a sus lectores o televidentes haciéndoles creer que todas las opiniones valen lo mismo (lo cual la persona culta sabe que no es cierto), a escurrirse de los debates y, algunos de ellos, promotores de “toda la podredumbre moral que cae sobre la República” desde las posiciones ministeriales u otras que, por años, ocuparon durante el imperio de la dictadura militar -a la que se fanatizaron en llamar “proceso revolucionario”- y a la cual le sirvieron también como coautores de la Constitución impuesta de 1972; los fugitivos de la constituyente se reagrupan y organizan, se reúnen en los refrigerados bufetes de encumbrados abogados con sus nuevos aliados para intentar meter miedo con sus verdades indiscutibles y sus desgastadas mentiras de lo que ellos denominan “la vorágine de una discusión constituyente”.
No cabe duda que están aterrados. Algunos lo confiesan y se preguntan “¿qué hacer ante la irritación popular?”. Otros no vacilan en satanizar la Constituyente y considerar que querer democratizar la democracia es “jugar con fuego”. Claro, como ya no pueden ser ellos los monopolizadores de la verdad, como ya no pueden seguir metiendo ‘borriguero por iguana’ y ya no están en capacidad de mandar al exilio a quienes les adversan, ni tampoco discursear con su demagogia barata y ordenar a la gente “que se aguante la mecha”; entonces arremeten contra la Constituyente porque le tienen miedo al cambio. Aliados como están a quienes persiguen “el cambio para que nada cambie”, no nos deberán sorprender sus próximas acciones.
Tal es su grado de descaro al vender la confusión que no vacilan en recurrir a toda desinformación de la información que quede a su alcance, intentan imponer por repetición lo que niega la razón, como por ejemplo la absurda afirmación que “la quinta papeleta no se puede incluir por falta de plata”. O sea, que no se puede invertir en democratizar, pero sí se puede derrochar en corrupción y en privilegios de unos cuantos pelechadores.
¿Quién ha dicho que una Asamblea Nacional Constituyente, si es democráticamente electa, si es una verdadera representación de la sociedad panameña, si no es monopolizada o controlada por los partidos políticos o sus satélites, si crea los mecanismos de participación de los ciudadanos, habrá de echar por tierra los progresos que en material de derechos individuales, sociales, políticos, culturales, laborales o ecológicos alcanzados por nuestro país u otras sociedades?
Huérfanos de argumentos serios para seguir oponiéndose a un proceso constituyente, no les queda otro recurso que propagar el miedo, enrarecer el ambiente hablando de “anarquía”, de “peligros”, mientras desempolvan -con la ayuda del gobierno de turno- la terminología de la “sedición”, “desestabilización”, “conmoción”, y vaya usted a saber cuántas más de su vieja maleta de buhoneros del “proceso octubrino”. Sin embargo, su disritmia mental es en realidad el resultado de una constatación que callan y ocultan: un creciente número de ciudadanos, especialmente jóvenes, ha comenzado no sólo a identificarse con el cambio constitucional; también éstos han empezado a destinar tiempo a su preparación y educación sobre el tema, para que los apologistas del terror, vendedores de confusión no puedan engañarlos con consideraciones alejadas de la teoría y de la historia, pero sobre todo, alejadas de la verdad.
No es tarea fácil, pero el proceso hacia una Constituyente es mucho más sensato que continuar confundiendo con reformas a la Constitución impuesta -y aún vigente-, que sólo producen más desconfianza, más incredibilidad y más insatisfacción. Detengamos a los vendedores de confusión: apoyemos la Constituyente, apoyemos el logro de una nueva Constitución.

101 años de Panamá América

 
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