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Venezuela ante la OEA


Desde que los jóvenes estudiantes estuvieron en huelga de hambre a finales del pasado año, la OEA ha estado más que pendiente del deterioro de las libertades en el hermano país venezolano. Una comitiva de funcionarios de la Organización fue la que logró que la huelga de hambre de Julio César Rivas y otros estudiantes concluyera. Simplemente el Gobierno de Venezuela no ha permitido la visita in situ de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y menos de la Relatoría de la Libertad de Expresión. La excusa ha sido que el Comisionado encargado de Venezuela dentro de la Comisión, el brasileño Sergio Pinheiro está parcializado, al igual que el argentino Santiago Cantón, Secretario Ejecutivo de la CIDH. Esta negativa constante contrasta con el hecho de que la Comisión, compuesta por siete miembros, es presidida por la Doctora Luz Patricia Mejía Guerrero, venezolana, nominada por su propio gobierno y quien encabezó la misión a Honduras luego de la salida de Zelaya.

El miércoles 27 de enero el Consejo Permanente, en Asuntos Varios, comenzó a discutir el tema de la libertad de expresión en Venezuela, ante el cierre intempestivo de RCTV Internacional y otros canales de cable, participando en esta preliminar discusión iniciada por Canadá, Colombia, Estados Unidos, Perú y Panamá. El Embajador de Venezuela se fue del recinto y por ese país nadie contestó los señalamientos que se hicieron. El último Consejo Permanente del 3 de febrero, a propuesta de Canadá, apoyada por Venezuela, el tema si se incluyó en el Orden del Día. Las cosas fueron diferentes.

Luego de tibias referencias al tema por Canadá y Estados Unidos, y una avanzada de Nicaragua a favor de Venezuela, las cosas se pusieron tensas. En una intervención que superó los 16 minutos (el máximo permitido es de 10 minutos), el Embajador bolivariano además de acusar a Canadá de interferir en sus asuntos internos, se dedicó a criticar la política interior y exterior de ese país y a criminalizar a RCTV Internacional, a quien en más de una vez la llamó “criminal”, sin antes dejarle siquiera ser oída su defensa. Semanas antes me había reunido en Washington con Marcel Granier, presidente de la televisora, por lo que con esas acusaciones quedé medio asustado de que endilgaran también esos epítetos.

Esperé a que el colega hablara para comentar sobre tan álgido tema. Recordé cuando Noriega, desconfiado de los que lo rodeaban, buscó ayuda en los cubanos para que lo protegieran. Llamada traidores a la Patria, a los que se osaran atacarlo, argumentando que “la Patria era él”. Eso sí, advertí que cualquier parecido con lo que pasaba en Venezuela no era mera coincidencia. Describí la situación que se vive allá peligrosa para la región, al igual que para el mundo entero, por lo que es necesario que un organismo como la OEA, a pesar de los insultos que le caerán encima, se atreva a discutir este tema con la urgencia que se merece.

101 años de Panamá América

 
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