Venezuela: compañero golpista reta a Chávez
Nueva York (AIPE) - En su programa semanal de radio, el presidente Hugo Chávez anunció que Venezuela "no aceptará" el plan de la Beal Aerospace Technologies de Texas de construir instalaciones para lanzar satélites en el Esequibo, territorio en reclamación en la vecina Guyana. No se sabe exactamente lo que haría Chávez para impedirlo, aunque dice estar dispuesto a un "acuerdo pacífico" con Guyana. En el Esequibo ya existen numerosas inversiones madereras y mineras de Estados Unidos y Asia.
Que el ex oficial se envuelva en este momento en la bandera de soberanía nacional con respecto a un territorio en reclamación desde hace tanto tiempo es enteramente predecible y refleja el creciente caos económico venezolano, además de su propia inseguridad política. A pesar de que el precio del petróleo ha alcanzado niveles no experimentados desde hace casi 10 años, las posibilidades de recuperación económica siguen siendo tétricas en Venezuela. El ruido de sables contra extranjeros es el comportamiento típico de un militar que enfrenta problemas internos.
La principal preocupación de Chávez son las elecciones del 28 de mayo, cuando -bajo la nueva constitución de 1999- estarán en juego todas las gobernaciones, alcaldías, el congreso nacional y legislaturas, además de la presidencia. Hace pocos días, Francisco Arias Cárdenas -compañero de Chávez en el famoso golpe militar de 1992- dejó la gobernación del Zulia para lanzar su candidatura presidencial. Una de las razones dadas por Arias es el fracaso de Chávez en avanzar hacia los objetivos que habían jurado por sus vidas alcanzar los dirigentes golpistas.
Una encuestadora poco conocida en Venezuela, Grupo Campol, publicó los primeros resultados de la opinión de los votantes. Muestra a Chávez con 50% y a Arias con casi 39%. Se trata de una sorprendente fortaleza por parte de Arias, aunque los analistas sostienen que todavía es muy temprano para saber si Arias puede ganarle a quien parecía hasta ahora invencible.
Pero gane o no, la candidatura de Arias marca un momento crucial: por primera vez desde que Chávez aplastó a las elites tradicionales en las elecciones de 1998, en Venezuela puede estar surgiendo una oposición con genuina credibilidad.
Desde que Chávez asumió el poder en 1999, ha fomentado que el pueblo lo vea como un mesías; a menudo cita la Biblia y sugiere que Dios está de su lado. Sobre lo que no hay duda es que su tarea fue facilitada por la inmensa corrupción de los políticos venezolanos tradicionales. Con 70% de la población viviendo por debajo del nivel de pobreza y a sabiendas de la riqueza nacional, Chávez ganó fácilmente culpando a las elites políticas tradicionales y a la corrupción por la pobreza generalizada.
Tal acusación impulsó la gran popularidad de Chávez durante su primer año. Los dos grandes partidos tradicionales -Acción Democrática y Copei- no pudieron refutar la decadencia venezolana ni objetar su estilo autoritario ni su retórica de odio de clases, sin ser silenciados por la ciudadanía.
Pero Arias presenta un verdadero reto. Igual que Chávez, nunca perteneció al círculo de poderosos. Luchó contra el sistema cuando éste era todavía fuerte y fue encarcelado por su participación en el golpe. Aunque a algunos les desagrada su pasado golpista, su currículo lo convierte en un fuerte contrincante. Se ha convertido en un grave problema para el gobierno de Chávez que no ha dejado de hacer uso de sus credenciales revolucionarias.
A lo largo de 18 meses, Chávez ha logrado muy poco más que una nueva constitución. Habiendo insistido en recortar la producción petrolera, se enorgullece por los altos precios. Pero la economía venezolana retrocedió 7,2% en 1999. El gobierno estima un crecimiento de 2% este año, pero eso está por verse. La estimación oficial del desempleo es de 15,4%, pero sin duda es mucho mayor. Invasiones de tierras es un problema creciente, lo mismo que la violencia criminal. Hace poco, los taxistas de Caracas fueron a la huelga en protesta por la epidemia de crímenes en la capital.
Arias, quien pasó nueve años en un seminario católico, se considera el más educado y más inteligente del equipo golpista de 1992, que consistía en cinco comandantes. Uno murió el año pasado en un accidente de autos en París. Y los otros dos apoyan a Arias, quien desde el comienzo de su campaña se ha logrado diferenciar de su antiguo compañero. Aunque habla de "revolución social", hace énfasis en su moderación democrática y autocontrol, lo cual contrasta mucho con la feroz, incendiaria y autoritaria imagen de Chávez. Y gracias a sus logros en Zulia, donde fue elegido gobernador en diciembre de 1995 y reelegido en noviembre de 1998, se le considera como líder productivo y positivo.
La gente de Maracaibo, capital del Zulia, dicen que Arias ha actuado efectivamente contra los invasores de tierras, comprende los problemas de los empresarios y ha estado dispuesto a colaborar con el sector privado y con sus adversarios políticos. El mantenimiento de las carreteras, eterno problema para los venezolanos, ha mejorado bajo su gobierno. También se reconoce que ha reducido la corrupción, en especial facilitando que la gente trate con funcionarios sin tener que pagar sobornos.
En unas recientes declaraciones, Arias y los otros dos comandantes que lo apoyan, describieron su decepción con Chávez. Ninguna revolución, dijeron, puede estar atada a un individuo y rechazaron "la irracional y exagerada confrontación que impide toda posibilidad de reconstrucción nacional..." También criticaron la consolidación del poder de Chávez, en un país que requiere más descentralización para poder crecer y crear riqueza. Criticaron "una concentración del poder que sólo busca sustituir la vieja estructura, mientras mantiene sus mismas prácticas a todos los niveles del gobierno tradicional". En otras palabras, Arias dice que Chávez es igual a quienes reemplazó. Palabras duras en vista de la postura mesiánica del presidente, pero que pueden ser oídas por los votantes venezolanos.
Editora de la columna Las Américas del Wall Street Journal, diario donde fue publicado originalmente este artículo y autorizó la traducción de AIPE.
Que el ex oficial se envuelva en este momento en la bandera de soberanía nacional con respecto a un territorio en reclamación desde hace tanto tiempo es enteramente predecible y refleja el creciente caos económico venezolano, además de su propia inseguridad política. A pesar de que el precio del petróleo ha alcanzado niveles no experimentados desde hace casi 10 años, las posibilidades de recuperación económica siguen siendo tétricas en Venezuela. El ruido de sables contra extranjeros es el comportamiento típico de un militar que enfrenta problemas internos.
La principal preocupación de Chávez son las elecciones del 28 de mayo, cuando -bajo la nueva constitución de 1999- estarán en juego todas las gobernaciones, alcaldías, el congreso nacional y legislaturas, además de la presidencia. Hace pocos días, Francisco Arias Cárdenas -compañero de Chávez en el famoso golpe militar de 1992- dejó la gobernación del Zulia para lanzar su candidatura presidencial. Una de las razones dadas por Arias es el fracaso de Chávez en avanzar hacia los objetivos que habían jurado por sus vidas alcanzar los dirigentes golpistas.
Una encuestadora poco conocida en Venezuela, Grupo Campol, publicó los primeros resultados de la opinión de los votantes. Muestra a Chávez con 50% y a Arias con casi 39%. Se trata de una sorprendente fortaleza por parte de Arias, aunque los analistas sostienen que todavía es muy temprano para saber si Arias puede ganarle a quien parecía hasta ahora invencible.
Pero gane o no, la candidatura de Arias marca un momento crucial: por primera vez desde que Chávez aplastó a las elites tradicionales en las elecciones de 1998, en Venezuela puede estar surgiendo una oposición con genuina credibilidad.
Desde que Chávez asumió el poder en 1999, ha fomentado que el pueblo lo vea como un mesías; a menudo cita la Biblia y sugiere que Dios está de su lado. Sobre lo que no hay duda es que su tarea fue facilitada por la inmensa corrupción de los políticos venezolanos tradicionales. Con 70% de la población viviendo por debajo del nivel de pobreza y a sabiendas de la riqueza nacional, Chávez ganó fácilmente culpando a las elites políticas tradicionales y a la corrupción por la pobreza generalizada.
Tal acusación impulsó la gran popularidad de Chávez durante su primer año. Los dos grandes partidos tradicionales -Acción Democrática y Copei- no pudieron refutar la decadencia venezolana ni objetar su estilo autoritario ni su retórica de odio de clases, sin ser silenciados por la ciudadanía.
Pero Arias presenta un verdadero reto. Igual que Chávez, nunca perteneció al círculo de poderosos. Luchó contra el sistema cuando éste era todavía fuerte y fue encarcelado por su participación en el golpe. Aunque a algunos les desagrada su pasado golpista, su currículo lo convierte en un fuerte contrincante. Se ha convertido en un grave problema para el gobierno de Chávez que no ha dejado de hacer uso de sus credenciales revolucionarias.
A lo largo de 18 meses, Chávez ha logrado muy poco más que una nueva constitución. Habiendo insistido en recortar la producción petrolera, se enorgullece por los altos precios. Pero la economía venezolana retrocedió 7,2% en 1999. El gobierno estima un crecimiento de 2% este año, pero eso está por verse. La estimación oficial del desempleo es de 15,4%, pero sin duda es mucho mayor. Invasiones de tierras es un problema creciente, lo mismo que la violencia criminal. Hace poco, los taxistas de Caracas fueron a la huelga en protesta por la epidemia de crímenes en la capital.
Arias, quien pasó nueve años en un seminario católico, se considera el más educado y más inteligente del equipo golpista de 1992, que consistía en cinco comandantes. Uno murió el año pasado en un accidente de autos en París. Y los otros dos apoyan a Arias, quien desde el comienzo de su campaña se ha logrado diferenciar de su antiguo compañero. Aunque habla de "revolución social", hace énfasis en su moderación democrática y autocontrol, lo cual contrasta mucho con la feroz, incendiaria y autoritaria imagen de Chávez. Y gracias a sus logros en Zulia, donde fue elegido gobernador en diciembre de 1995 y reelegido en noviembre de 1998, se le considera como líder productivo y positivo.
La gente de Maracaibo, capital del Zulia, dicen que Arias ha actuado efectivamente contra los invasores de tierras, comprende los problemas de los empresarios y ha estado dispuesto a colaborar con el sector privado y con sus adversarios políticos. El mantenimiento de las carreteras, eterno problema para los venezolanos, ha mejorado bajo su gobierno. También se reconoce que ha reducido la corrupción, en especial facilitando que la gente trate con funcionarios sin tener que pagar sobornos.
En unas recientes declaraciones, Arias y los otros dos comandantes que lo apoyan, describieron su decepción con Chávez. Ninguna revolución, dijeron, puede estar atada a un individuo y rechazaron "la irracional y exagerada confrontación que impide toda posibilidad de reconstrucción nacional..." También criticaron la consolidación del poder de Chávez, en un país que requiere más descentralización para poder crecer y crear riqueza. Criticaron "una concentración del poder que sólo busca sustituir la vieja estructura, mientras mantiene sus mismas prácticas a todos los niveles del gobierno tradicional". En otras palabras, Arias dice que Chávez es igual a quienes reemplazó. Palabras duras en vista de la postura mesiánica del presidente, pero que pueden ser oídas por los votantes venezolanos.
Editora de la columna Las Américas del Wall Street Journal, diario donde fue publicado originalmente este artículo y autorizó la traducción de AIPE.