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Venezuela, el gobierno de los peores


"Los otros beneficiados pertenecen al hampa común que roba y mata sin temer a la policía ni a la justicia".
El periodista H. L. Mencken (1880-1956) decía que cuando los fanáticos alcanzan el poder, la opresión no tiene límite. Eso es lo que se vive hoy en Venezuela, país que ha sido gobernado durante más de tres décadas por políticos empeñados en manipular la vida, los bienes y el futuro de los venezolanos, creyendo equivocadamente que desde el palacio presidencial se puede determinar e instrumentar -con lujo de detalles- lo que más conviene al pueblo y a la nación entera. Eso condujo a la expansión geométrica del poder político, en un país donde ahora nada se lleva a cabo sin planificación oficial y el visto bueno de algún funcionario. El trágico e inevitable resultado es que el único negocio floreciente en el país es la corrupción.
La producción petrolera venezolana sigue en picada y solamente su alto precio actual, unos 70 dólares el barril, pospone el caos. Internamente, los controles de precios hacen desparecer del mercado los alimentos y demás productos básicos, los cuales son entonces sustituidos por importaciones directas realizadas por el gobierno, donde los costos no se toman en cuenta, pero dan lugar a ganancias y comisiones a lo largo de una extensa cadena de amigos del chavismo.
Los otros beneficiados pertenecen al hampa común que roba y mata sin temer a la policía ni a la justicia.
Así vemos cómo la corrupción chavista ha logrado concentrar mayor riqueza en manos de los amigos del palacio presidencial que todos aquellos complicados y dañinos programas anteriores de substitución de importaciones, subsidios, concesión de oligopolios, altos aranceles, licencias, financiamiento barato, reforma agraria, asignación de dólares preferenciales y demás privilegios que solían repartir los ministros y líderes de Acción Democrática y Copei.
Presidentes como Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, en medio de delirios de grandeza y rodeados de círculos concéntricos de aduladores que jamás cuestionaban sus infames decisiones, mantenían sin embargo, cierto recato democrático que Hugo Chávez no ha dudado en destruir.
La gran pregunta es por qué Venezuela, país cuya prosperidad atrajo a cientos de miles de inmigrantes después de la Segunda Guerra y que hace medio siglo recibía más inversión privada proveniente de Estados Unidos que todo el resto combinado de América Latina, hoy se convierte rápidamente en otra Cuba miserable del hemisferio occidental.
La respuesta tiene que ver directamente con el hecho que los políticos nos robaron. Si el lector no me cree, basta contarle que luego de terminar mis estudios universitarios, en 1962, conseguí empleo con un sueldo de 3,000 bolívares mensuales (entonces 798 dólares). Tres años más tarde obtuve financiamiento para construir una estupenda casa de tres habitaciones, cuatro baños, dos garajes y una gran biblioteca de dos niveles, en un núcleo residencial con un precioso club de golf, en las afueras de Caracas y cuya construcción me costó 200,000 bolívares ($46,500).
Hoy, al cambio libre, 5,000 bolívares son 60 centavos de dólar y con 200,000 bolívares no se fabrica una casa sino que apenas se puede dormir una noche en algún hotel barato de Caracas. Esa es la magnitud del robo efectuado por los gobernantes a los ciudadanos venezolanos.
Según la ley, el Banco Central de Venezuela tiene la obligación y el objetivo fundamental de mantener "la estabilidad de precios y preservar el valor interno de la unidad monetaria". Cuando el Banco Central de Venezuela fue fundado en 1940, su directiva estaba integrada por ciudadanos ilustres, competentes y honorables, destacándose su primer presidente, don Jesús Herrera Mendoza, a quien recuerdo con admiración y respeto.
Fue a mediados de los años 70 cuando comenzó la politización del Banco Central, perdiendo este gradualmente su autonomía y el resultado lo sufre hoy Venezuela entera, cuando los peores ejercen el poder.
(*) Director de la agencia AIPE y académico asociado del Cato Institute.
www.aipenet.com

La escuela, que data de 1985, cuenta con 1, 915 estudiantes y 82 docentes.
Por la inseguridad el plantel tiene tres celadores, uno de ellos pagados por los padres de familia agrupados.
Hasta febrero, se habían registrado pérdidas por más de B/.500 mil. Recientemente se pagó B/.10 mil para cubrir el cableado eléctrico de la Escuela Altos de Cabuya, en Tocumen.
La representante de Las Mañanitas, Omidia Quintero, corroboró todo lo anterior y señaló que cada semana se dan situaciones de vandalismo en las escuelas.
A su juicio, eso se ha desatado, pese a la seguridad de la misma comunidad y las autoridades, pero "como que nos estudian a cada uno".
"Incluso a mí se me metieron en mi casa y me robaron un congelador, imagínese si también la seguridad de la representante está en peligro", lamentó.
En el corregimiento hay 44, 767 habitantes.
  • Petra Serracín de Franco, directora de Educación de Panamá Centro del MEDUCA, es clara cuando dice que cada daño ocasionado a las infraestructuras y equipos le resta al sistema otras facilidades.

  • La funcionaria apuntó al apoyo de la comunidad ya que de esa manera se cuidan los equipos y las infraestructuras.


La mayor Gregoria Castillo, encargada de la Policía Nacional del área Este de la zona metropolitana, conoce de la situación de inseguridad.
No obstante, se escuda en unas estadísticas de incidencia de delitos por semana que manejó discretamente en una reunión donde estaban las autoridades, recientemente.
Según sus estadísticas, en la semana del 17 al 23 de agosto se reportó un robo a persona con arma blanca de 4 delitos. Eso representa el 4.21%.
Mientras del 24 al 30 de agosto comparada con la semana anterior hubo un robo y otras capturas de delitos. La cifra es de 1.9%.
Castillo señaló que ha tenido reportes de algunos colegios de Las Mañanitas, pero no de robos.
Pese a ello, afirmó que mantiene programas y coordinaciones con el Ministerio de Educación.
"Nosotros sabemos que en Las Mañanitas los incidentes que se dan más son los heridos con armas blancas, heridos con armas de fuego", confesó.
Quiso dejar claro que no hay una ola de robos.
"Si hemos tenido delincuencia, pero tenemos una capacidad reactiva", dijo.
La autoridad policial pidió la colaboración de la ciudadanía.
Las ventanas y puertas son reforzadas con hierros.

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