Venezuela en la hora cero
En una demostración de realismo que no se sabe si tendrá éxito, los partidos históricos venezolanos, Acción Democrática y Copei, han unido su caudal electoral en apoyo de un candidato presidencial independiente, como un esfuerzo desesperado para abatir los riesgos que conlleva la victoria política del golpista militar Hugo Chávez. Las encuestas indican que no declina el porcentaje de apoyo: favorable a Chávez, enemigo confeso del sistema democrático sustentado en partidos, razón por la cual la última esperanza es que el electorado actúa reflexiva y responsablemente en el momento de decidir sus votos.
Acción Democrática se ha visto urgida a efectuar operaciones de cirugía de emergencia para deshacerse de su candidato presidencial Luis Alfaro Ucero, anticarismático caudillo de comité político y alcanzar consenso para respaldar una fórmula de unidad nacional, Alfaro Ucero controló el partido fundado por Rómulo Betancourt por varios años, maniobrando para expulsar de sus filas al expresidente Carlos Andrés Pérez y sus seguidores. En el dilema de renunciar a su candidatura sin chance y de intentar la consolidación de un frente anti-Chávez, Alfaro Ucero pretendió sobreponer sus intereses personales. A los nacionales amenazados por un militar de pasado golpista y tendencias extremistas. Por su lado, el partido Copei, de origen social-cristiano, suspendió su respaldo a Irene Sáenz y se ha unido al frente que lidera el segundo postulante en el Favoritismo del electorado, Henrique Salas.
Es oportuno recordar que en el pasado inmediato, Acción Democrática y Copei fueron soportes principales del Pacto de Punto Fijo, suscrito para unirse en la lucha contra el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Ese acuerdo posibilitó la reconstrucción del sistema democrático, después de la lucha unitaria contra Pérez Jiménez. Desgraciadamente los partidos históricos perdieron el rumbo del acierto, ya por el faraónico despilfarro de los gobiernos de Pérez o por el estatismo perezoso de los regímenes de Rafael Caldera. Un significativo porcentaje del electorado cree ver en Chávez la sanción política, contra el fracaso de los partidos en la conducción económica del país rico en recursos petrolíferos, pero escaso en probidad política partidaria. En su frustración y desengaño por la pérdida de la opulencia de antaño, los apologistas de Chávez no advierten que quizás el remedio podría ser peor que la enfermedad.
Los partidos mayores venezolanos ofrecen una lección de realismo, que es también, una autocrítica por los errores del pasado. Su gesto es una lección para los políticos panameños y latinoamericanos que anteponen sus beneficios personales a los beneficios de la colectividad nacional. Hay quienes piensan que es una reacción tardía o insuficiente para doblegar el populismo antipartidos de Chávez. El domingo seis comprobaremos el resultado del esfuerzo de los partidos que ayer desalojaron al militarismo y que hoy, por sus errores y corruptelas, pueden posibilitar un retorno al pasado vergonzante.
Acción Democrática se ha visto urgida a efectuar operaciones de cirugía de emergencia para deshacerse de su candidato presidencial Luis Alfaro Ucero, anticarismático caudillo de comité político y alcanzar consenso para respaldar una fórmula de unidad nacional, Alfaro Ucero controló el partido fundado por Rómulo Betancourt por varios años, maniobrando para expulsar de sus filas al expresidente Carlos Andrés Pérez y sus seguidores. En el dilema de renunciar a su candidatura sin chance y de intentar la consolidación de un frente anti-Chávez, Alfaro Ucero pretendió sobreponer sus intereses personales. A los nacionales amenazados por un militar de pasado golpista y tendencias extremistas. Por su lado, el partido Copei, de origen social-cristiano, suspendió su respaldo a Irene Sáenz y se ha unido al frente que lidera el segundo postulante en el Favoritismo del electorado, Henrique Salas.
Es oportuno recordar que en el pasado inmediato, Acción Democrática y Copei fueron soportes principales del Pacto de Punto Fijo, suscrito para unirse en la lucha contra el régimen dictatorial de Marcos Pérez Jiménez. Ese acuerdo posibilitó la reconstrucción del sistema democrático, después de la lucha unitaria contra Pérez Jiménez. Desgraciadamente los partidos históricos perdieron el rumbo del acierto, ya por el faraónico despilfarro de los gobiernos de Pérez o por el estatismo perezoso de los regímenes de Rafael Caldera. Un significativo porcentaje del electorado cree ver en Chávez la sanción política, contra el fracaso de los partidos en la conducción económica del país rico en recursos petrolíferos, pero escaso en probidad política partidaria. En su frustración y desengaño por la pérdida de la opulencia de antaño, los apologistas de Chávez no advierten que quizás el remedio podría ser peor que la enfermedad.
Los partidos mayores venezolanos ofrecen una lección de realismo, que es también, una autocrítica por los errores del pasado. Su gesto es una lección para los políticos panameños y latinoamericanos que anteponen sus beneficios personales a los beneficios de la colectividad nacional. Hay quienes piensan que es una reacción tardía o insuficiente para doblegar el populismo antipartidos de Chávez. El domingo seis comprobaremos el resultado del esfuerzo de los partidos que ayer desalojaron al militarismo y que hoy, por sus errores y corruptelas, pueden posibilitar un retorno al pasado vergonzante.