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Venezuela: estatización de la educación privada


Caracas (AIPE)- De todas las cosas que han sucedido recientemente en Venezuela, nada es tan preocupante como la reciente resolución del Ministerio de Educación con la intención de intervenir, de manera directa, a los colegios privados. De aplicarse, estaríamos ante el más grave atentado contra la libertad y contra los fundamentos de una sociedad democrática perpetrado en Venezuela en los últimos 50 años.
No existe una sociedad que pueda llamarse libre y democrática si en ella no se consagra el derecho de cada cual a escoger para sus hijos la educación que mejor le parezca. Este derecho en Venezuela se venía ya limitando desde la reforma educativa de 1945, promovida por el socialdemócrata Luis Beltrán Prieto Figueroa, cuando el estado asume la rectoría del currículo de educación y lo hace obligatorio a todos los centros educativos del país, sean estos públicos o privados. Desde entonces, los venezolanos estamos obligados a estudiar sólo aquello que el estado considera que debemos estudiar, utilizando para ello sólo aquellos libros aprobados por el estado. En la práctica, esto ha significado que un puñado de burócratas privilegiados toma esas decisiones fundamentales para el futuro de nuestros hijos y de nuestro país.
Con el paso de los años, este abuso de poder ha pasado a ser costumbre y muchos colegios privados, tanto religiosos como laicos, han logrado proporcionar una educación de alta calidad a pesar de las mediocridades impuestas por los burócratas del ministerio.
Pero ahora, los nuevos activistas del Ministerio de Educación pretenden llevar el control del estado sobre la educación privada a un nivel mucho mayor y más peligroso, al facultarse al ministro a intervenir la directiva de los colegios privados e incluso sustituirlas por funcionarios por él designados. Hablando claro, esto significa la virtual estatización de la educación privada en Venezuela.
No hay otra forma de interpretar esto sino como la mayor agresión contra la libertad de pensamiento y de acción que ha ocurrido en nuestro país en una generación. Ciertamente pareciera demostrar la certeza de las afirmaciones que indican que el Ministerio de Educación se ha convertido en el reducto de la facción más radical de la extrema izquierda en el gobierno.
La educación pública en Venezuela se encuentra entre las peores del mundo, como queda demostrado cada vez que se comparan resultados cuantificables. La mayor parte del presupuesto nacional de educación se dedica a pagar abultadas e improductivas nóminas y pensiones; y lo que queda se dedica casi en su totalidad a financiar a las universidades, a costa de la educación básica y media de las grandes mayorías de jóvenes.
Sería lógico suponer que tanto el ministro como sus subalternos tienen ya de por sí bastante trabajo por delante para remediar lo que es su responsabilidad directa, en vez de estarse preocupando de controlar a la educación privada.
Ojalá que los venezolanos sepamos defender nuestro más importante derecho: el de
influir en el futuro de nuestros hijos. Ese es un derecho que no se delega y una
nación que no es capaz de defenderlo no merece ser libre.
(c)www.aipenet.com
Empresario venezolano.

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