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Venezuela, sola


Caracas (AIPE)- Mucho antes de los inhumanos sucesos del 11 de septiembre, diríamos que desde el mismo año de 1999, cuando el presidente Hugo Chávez asumió el poder, Estados Unidos, primero bajo la administración Clinton y ahora bajo la del gobierno del presidente Bush, ha tenido bajo la lupa cada movimiento, cada acción, cada declaración del presidente venezolano y sus connotados voceros.
El presidente Chávez ha viajado por medio mundo soltando palabras, opiniones y provocaciones alegremente. Su primera aclaración tuvo que hacerla en un viaje a Brasil en 1999, cuando dijo a los periodistas que no se guiaran por sus palabras, sino por sus hechos. Hoy sus palabras y hechos preocupan por igual a los Estados Unidos como a la región latinoamericana, excluyendo claro a Cuba.
El problema del presidente Chávez es uno de dos: o no ha reaccionado a lo ocurrido el 11 de septiembre, o sencillamente está provocando conscientemente una confrontación con Washington. ¿A quién pretende engañar entonces?
La contradictoria política internacional que implementó desde sus inicios el señor Chávez ha ido reduciendo el espacio de Venezuela en el mundo, aislándola, haciéndola, por primera vez en su historia republicana, solitaria.
Su primer atisbo fue cuando ni siquiera aspiraba a ser candidato a la presidencia de la república y proclamaba la abstención electoral. Así hizo realidad "uno de sus sueños" y conoció al dictador cubano, volcándose en elogios hacia éste en un acto en la Universidad de La Habana. Ya presidente, reforzó su admiración y solidaridad con el dictador Castro. Entre 1999 y 2001, Chávez ha viajado cuatro veces a Cuba y Castro dos a Venezuela, que se conozca oficialmente.
Las torpezas y errores no han quedado allí. Vino luego su carta solidaria, estimulante y cundida de galimatías al terrorista venezolano Ilich Ramírez Sánchez, mejor conocido como Carlos "El Chacal", quien purga cadena perpetua en uno de los calabozos de la prisión La Santé en París. En su reciente y prolongado viaje por Europa, Africa y Asia, llamó "caballero" al terrorista, y voceros de su gobierno afirmaron que "El Chacal" no es terrorista porque no ha cometido tales actos en territorio venezolano.
Buscó el presidente Chávez su acercamiento a los sistemas fundamentalistas islámicos, visitó a Saddam Hussein y a Moammar Gadhaffi. En medio de un mar de ignorancia y lanzamiento de dardos ásperos, comenzó a calificar a los Estados Unidos como el gendarme del mundo y la necesidad de crear un nuevo escenario multipolar que no ha pasado de frustrados delirios de grandeza, pues entre sus invitados a ese banquete incluía a Rusia y a China, que andan por otras sendas, compartiendo otros apremios lejanos de infantilismos revolucionarios con la nación norteamericana.
El presidente Chávez tiene la dificultad de que se ha quedado anclado en aquel izquierdismo trasnochado de los años 60, pretendiendo convertirse en el heredero de Castro. Son numerosos sus desencuentros y desconcierto con Estados Unidos: rechazó que aviones de esa nación sobrevolaran territorio venezolano en la guerra contra el narcotráfico; se declaró neutral en el conflicto entre la guerrilla y el gobierno colombianos y se ha negado a extraditar al guerrillero colombiano Ballestas; votó en la ONU contra las sanciones a Cuba y China por violación a los derechos humanos; rechazó parte de la ayuda ofrecida por Estados Unidos a raíz de la tragedia del estado Vargas en 1999; se ha opuesto al Plan Colombia y con asiduidad menciona "los daños" que Estados Unidos ha infligido a Latinoamérica.
La gota que derramó el vaso fue cuando en una de sus kilométricas y aburridas cadenas de televisión comparó la sangrienta acción terrorista del 11 de septiembre con los bombardeos de Estados Unidos en Afganistán. "El terror no se puede responder con más terror", dijo.
Ante la ambigüedad, Estados Unidos pidió cuentas claras contundentemente y hubo respuestas, pero las respuestas y rectificaciones no han dejado de ser ambiguas. Dijo Chávez que no tiene interés en dañar las relaciones con Estados Unidos, que lamentaba que su "reflexión"" hubiese sido malinterpretada y reiteraba su condena al terrorismo. Lo que el presidente Chávez y su gobierno, sin embargo, no han dejado suficientemente claro es qué consideran terrorismo y si en su opinión definitivamente califica de terrorista o no la acción bélica de Estados Unidos y sus aliados en Afganistán. Esta interrogante aún no ha tenido respuesta, quedó en el aire, y Washington sabe tomar nota. Chávez además ordenó no participar en las maniobras navales conjuntas con Estados Unidos y retiró de Fuerte Tiuna -sede de la comandancia del ejército venezolano- la misión militar estadounidense que allí funcionaba.
Chávez, con su actitud y sus posturas de barato populismo izquierdista, está condenando a Venezuela a la soledad y los venezolanos todos terminaremos pagando sus errores. Es el único presidente latinoamericano que no ha conversado ni se ha reunido con el presidente Bush. Duro es decirlo, pero la mayoría eligió al hombre equivocado, con un proyecto político fracasado, enterrado entre el detritus.
(c)* Periodista venezolano, coordinador general editorial del Bloque de Armas. www.aipenet.com

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