¿Venezuela y Cuba aliados de Panamá?
Las explicaciones ofrecidas por nuestra representación diplomática en las Naciones Unidas, acerca del voto panameño a favor de la inclusión de Venezuela, Cuba, y China en el Comité de Derechos Humanos causan perplejidad. Gracias al apoyo panameño, estos dos últimos países, con un récord macabro en materia de derechos humanos, son hoy miembros del máximo organismo mundial encargado de la protección de los derechos fundamentales en todo el planeta.
Gracias a Dios, Venezuela no pasó la prueba, y el voto panameño se perdió junto con la apuesta de Chávez. Nuestro embajador justificó esta extraña alianza sobre la base de que la inclusión de dichos países en el ente mundial busca promover el tema de los derechos humanos a lo interno de esos Estados. Es decir, es una decisión que debería resultar beneficiosa para ellos, argumento que disimula muy mal la indolencia de los gobiernos panameños para con la ausencia de democracia en la isla caribeña.
En el caso de China, habría sido más sincero decir que los intereses comerciales que representa China en el Estado panameño sencillamente colocan en segundo plano cualquier otra consideración, incluidos los derechos humanos en el remoto continente asiático. En el caso de Cuba, cabe preguntarse si la preocupación del Estado panameño debe ser el bienestar del Estado autoritario comandado por Fidel Castro o, más bien, debiera concentrarse en una política continental de alianzas con miras a fortalecer nuestro principal proyecto como nación. Si la visión de la Cancillería y de la representación diplomática en las ONU nos lleva a colocarnos en el mismo frente que Cuba y Venezuela, pronto lamentaremos la falta de apoyo y solidaridad con que nos retribuye el mundo. El Estado panameño se encuentra próximo a adoptar una decisión trascendental en su historia. Todos sus esfuerzos deben estar dirigidos a fortalecer ese proyecto, y eso incluye a las relaciones exteriores. ¡Señores, un poco más de consistencia, por favor!
Gracias a Dios, Venezuela no pasó la prueba, y el voto panameño se perdió junto con la apuesta de Chávez. Nuestro embajador justificó esta extraña alianza sobre la base de que la inclusión de dichos países en el ente mundial busca promover el tema de los derechos humanos a lo interno de esos Estados. Es decir, es una decisión que debería resultar beneficiosa para ellos, argumento que disimula muy mal la indolencia de los gobiernos panameños para con la ausencia de democracia en la isla caribeña.
En el caso de China, habría sido más sincero decir que los intereses comerciales que representa China en el Estado panameño sencillamente colocan en segundo plano cualquier otra consideración, incluidos los derechos humanos en el remoto continente asiático. En el caso de Cuba, cabe preguntarse si la preocupación del Estado panameño debe ser el bienestar del Estado autoritario comandado por Fidel Castro o, más bien, debiera concentrarse en una política continental de alianzas con miras a fortalecer nuestro principal proyecto como nación. Si la visión de la Cancillería y de la representación diplomática en las ONU nos lleva a colocarnos en el mismo frente que Cuba y Venezuela, pronto lamentaremos la falta de apoyo y solidaridad con que nos retribuye el mundo. El Estado panameño se encuentra próximo a adoptar una decisión trascendental en su historia. Todos sus esfuerzos deben estar dirigidos a fortalecer ese proyecto, y eso incluye a las relaciones exteriores. ¡Señores, un poco más de consistencia, por favor!