Ver para crecer
Se trataba de un auténtico cholo. No en el sentido despectivo con que algunos increpan a otros la falta de cultura, educación o de instrucción, sino en el que suele usarse en nuestra campiña. Llegó deprimido y se quejaba que nadie quería darle trabajo a su edad –rayaba los treinta- . Había perdido el entusiasmo por la vida y por todo. Una terrible catarata en la vista le había cerrado las ventanas para observar el mundo y a los suyos. Sus fuerzas habían mermado. Provenía del Valle de Antón. Ese mismo día fue operado. Al día siguiente, asistido, se fue al patio y gritó: “¡Puedo ver la montaña, veo la montaña!”. Al tiempo regresó, ya no era el hombre desanimado y desmoronado, era otro ser, lleno de vitalidad.
Aquel hombre también, con la asistencia de familiares, se aproximó al centro. Tenía ciento tres años. Lo mismo, una severa catarata le impedía ver. Fue operado. Todo fue un éxito. Al percatarse que podía ver dijo: “Ahora puedo morir en paz”.
No se si fue en broma o en serio. Pero también me cuentan que un adusto hombre, en compañía de su esposa, llegó al centro. Tenía seis años que había perdido la visión. Ceguera por catarata. Fue operado, transcurridas las horas le preguntaron si veía. Contestó: ¿Y esa vieja gorda y fea que está allí quién es? Se trataba de su mujer.
Sobrarían los ejemplos, múltiples ejemplos, para ilustrar la paz y la felicidad que produce el ver bien. En marzo de 2007 se inauguró el Centro Oftalmológico Omar Torrijos Herrera. Se trata de un programa entre Panamá y Cuba. Queda en Santiago de Veraguas, detrás del Hospital Luis “Chicho” Fábrega. Desde su inauguración se han realizado más de 41,000 intervenciones oftalmológicas. En el Seguro Social, desde esa fecha, se afirma no se han efectuado ni siquiera las mil.
En dicho centro, personal cubano –médicos, enfermeras, laboratoristas, clínicos, trabajadores manuales, etc.- y la administración –en manos panameñas- brindan, a diario, asistencia médica en el plano de la visión, a grupos de personas –generalmente muy humildes y que vienen de distantes poblados- y para ello realizan exámenes de retina, auscultan el funcionamiento ocular, cirugías por rayo láser, etc., devolviéndoles a miles y miles de panameños y de panameñas el derecho a una vida digna a través de la salud visual. Se les da la comida, el hospedaje y pude advertir, en persona, el cariño y el buen trato que se les dispensa. ¡Con qué esmero y dedicación el personal que allí labora se entrega al noble ejercicio de la medicina en proyección de solidaridad social! Ver para creer.
Instamos a las nuevas autoridades a fortalecer, mediante la ayuda eficaz, como hasta el momento se ha venido colaborando por la parte panameña, al Centro Oftalmológico Luis “Chicho” Fábrega. Se trata de una labor y de una actividad cuyos méritos hablan en silencio sin aspavientos ni pautas publicitarias.