Verano de los niños
Cada año, millares de niños terminan clases y se abocan a vacaciones de dos meses y medio. Algunos padres con recursos se las programan a sus hijos; otros, sin recursos, hacen esfuerzos inimaginables. Algunos clubes cívicos y empresas generan loables iniciativas, pero la gran mayoría se queda en casa.
Alguien dijo una vez: “El ocio es la madre de todos los vicios”, y cuando los niños no tienen nada que hacer, se transforman en presa de actividades no necesariamente productivas. En Inglaterra acaban de ser condenados a cinco años de confinamiento dos niños de 10 y 11 años, que en abril del año pasado torturaron y violaron a dos menores. En el hecho está presente el descontrol que propala estas aberraciones, como lo está igualmente la utilización que hacen elementos mayores para involucrarlos en acciones espantosas.
¿Cómo combate el Estado este tipo de peligros? ¿Cuántas alcaldías del país participan activamente en la programación y realización de vacaciones felices para los niños? Salvo el verano feliz del Instituto Nacional de Cultural (INAC) y la Alcaldía de Panamá, la posibilidad de darles a nuestros niños calendarios de actividades es una utopía. “Educa al niño y no castigarás al hombre”, reza otro refrán que muchos parecen haber olvidado hoy, tal vez porque prefieren construir más cárceles, y no les importa cómo se desangra el país en cada niño pandillero que muere. Hay que institucionalizar medidas que permitan darle a los niños espacios permanentes que merezcan y que orienten toda su energía.