Verdad vs. Mentira
Panamá se encuentra en una encrucijada terrible, en momentos igualmente terribles para la humanidad y, muy particularmente, para los pueblos que viven en regímenes de libertad y democracia trabajando duro por el imperio de la justicia y el derecho.
Con un gobierno que no ha sido capaz de detener el deterioro económico y social del país, que no cambia de estructura pese a que durante este tiempo muestra su incompetencia en todos los órdenes, que llama y participa en diálogos con todas las fuerzas vivas del país, que acumula proyectos aparentemente consensuados y que a la postre son pocas las cosas que ejecuta y resuelve, Panamá marcha vertiginosamente a la deriva, al extremo de que en la situación desesperada en que se encuentra va hacia un co-gobierno de las dos principales fuerzas políticas, que si no encuentran dar muestras claras de eficiencia, correrán la misma suerte juntos dando paso a lo impredecible, a lo que como decía un diario en el día de ayer "en cosa de meses podríamos tener un estallido social por cualquier lado, con el consiguiente riesgo de contagio y arrastre de las estructuras existentes". Esta situación se agrava ante la disposición mojigata de una cancillería que sin saber leer los textos internacionales en los que el país se involucra, sigue hablando de una neutralidad inexistente, de acuerdo con esos instrumentos, y que se aparta de una línea que es la de la civilización adoptada por la mayoría de los países del mundo, que hoy se adhieren a la lucha contra el terrorismo salvaje, homicida y retrógrado, que hoy aspira a llevarnos nuevamente a las cavernas de la esclavitud y el totalitarismo.
En esta encrucijada no podemos hacer otra cosa que aspirar a que un rayo de luz ilumine a nuestros dirigentes y que se haga lo que se tiene que hacer, cueste lo que cueste.
Por otro lado, no hay nada que pareciera detener la corrupción pese a que las sanciones que se le imponen a los dirigentes públicos cotidianamente, nos indican que el castigo es grande. Es fácil hacer un recuento de todas aquellas personas que en las últimas dos décadas han dirigido sus pueblos y que se encuentran hoy en prisiones acusados de robo, hurto, tráfico de ilícitos e ilegales influencias y de cosas, de homicidios, y de un sin fin de delitos, todos esperanzados en ver cómo evaden el derecho y la justicia. Ese relámpago que les cae a los que, ayer, eran todopoderosos y hoy son frágiles reos de la justicia de los pueblos, llega siempre en su momento oportuno. Observamos hoy que cada vez se hace con más rápida ocurrencia.
Con un gobierno que no ha sido capaz de detener el deterioro económico y social del país, que no cambia de estructura pese a que durante este tiempo muestra su incompetencia en todos los órdenes, que llama y participa en diálogos con todas las fuerzas vivas del país, que acumula proyectos aparentemente consensuados y que a la postre son pocas las cosas que ejecuta y resuelve, Panamá marcha vertiginosamente a la deriva, al extremo de que en la situación desesperada en que se encuentra va hacia un co-gobierno de las dos principales fuerzas políticas, que si no encuentran dar muestras claras de eficiencia, correrán la misma suerte juntos dando paso a lo impredecible, a lo que como decía un diario en el día de ayer "en cosa de meses podríamos tener un estallido social por cualquier lado, con el consiguiente riesgo de contagio y arrastre de las estructuras existentes". Esta situación se agrava ante la disposición mojigata de una cancillería que sin saber leer los textos internacionales en los que el país se involucra, sigue hablando de una neutralidad inexistente, de acuerdo con esos instrumentos, y que se aparta de una línea que es la de la civilización adoptada por la mayoría de los países del mundo, que hoy se adhieren a la lucha contra el terrorismo salvaje, homicida y retrógrado, que hoy aspira a llevarnos nuevamente a las cavernas de la esclavitud y el totalitarismo.
En esta encrucijada no podemos hacer otra cosa que aspirar a que un rayo de luz ilumine a nuestros dirigentes y que se haga lo que se tiene que hacer, cueste lo que cueste.
Por otro lado, no hay nada que pareciera detener la corrupción pese a que las sanciones que se le imponen a los dirigentes públicos cotidianamente, nos indican que el castigo es grande. Es fácil hacer un recuento de todas aquellas personas que en las últimas dos décadas han dirigido sus pueblos y que se encuentran hoy en prisiones acusados de robo, hurto, tráfico de ilícitos e ilegales influencias y de cosas, de homicidios, y de un sin fin de delitos, todos esperanzados en ver cómo evaden el derecho y la justicia. Ese relámpago que les cae a los que, ayer, eran todopoderosos y hoy son frágiles reos de la justicia de los pueblos, llega siempre en su momento oportuno. Observamos hoy que cada vez se hace con más rápida ocurrencia.