default

Vergüenza Nacional


Los que vivimos en este hermoso país de escasos tres y medio millones habitantes, de naturaleza abundante, compuesto por un crisol de razas que se regocija y celebra los triunfos internacionales de sus glorias del deporte, que se precia de experimentar un crecimiento económico si precedente en su historia, y que cuenta aún con grandes oportunidades de desarrollo, deberíamos sentir Vergüenza. Ese sentimiento ocasionado por una falta cometida o por una acción deshonrosa y humillante. Sentimiento que hiere nuestro amor propio y que, mezclado con la culpa, nos mueve a la acción para corregir el rumbo, sabiendo que no se podrá enmendar lo ya acontecido, pero por lo menos tratar de evitar que vuelva a suceder.

El fin de semana en que finalizaba febrero, en la comunidad de Las Ánimas de San Bartolo del distrito de la Mesa, provincia de Veraguas, falleció un niño de dos años en condiciones indignas para el país antes descrito. Imagínese la impotencia de los padres frente al frágil cuerpo de este niño agonizando mientras ellos extraían cerca de tres docenas de parásitos (lombrices) de su boca, oídos y vías respiratorias, según narró el propio padre en una entrevista televisiva. Una dantesca y dolorosa escena. Imagínense que sentía esa criatura ante lo que su frágil anatomía experimentaba, hasta que exhaló su último suspiro. Inimaginable e inexplicable.

Lo anterior recibió cobertura periodística en los diversos medios de comunicación y hoy ya es una noticia más de las tantas asimiladas por una sociedad que se ha desarrollado una insensibilidad e indolencia ante la problemática que aqueja a una parte importante de nuestra población que vive en grados de pobreza que debían darnos vergüenza. Vergüenza Nacional que invite a la reflexión y que nos lleve a la acción.

No pretendo señalar culpables, aunque imagino sería fácil hacerlo. Si comenzáramos, al final terminaríamos viéndonos al espejo apuntándonos con el dedo. No podemos ignorar lo sucedido, dejando pasar esta muerte como una más producto de la naturaleza o atribuible a la circunstancias de vida de esta humilde familia. Este doloroso y humillante hecho no debe, no puede quedar en el olvido. Debe ser objeto de una mayor cobertura y tema obligado de discusión en tantos foros a los que nos exponen nuestros medios de comunicación y donde en muchos se tratan temas tan intrascendentales como superfluos.

Tomemos consciencia, en Panamá, a inicio del año 2009 murió un niño de dos años en condiciones infrahumanas de una condición que era tratable. Tenía cura. Un niño del cual nos enteramos. ¿Cuántos más habrá? Provenía de una numerosa familia de más de cinco miembros que habitan en condiciones de extrema pobreza. ¿Cuántas familias y niños más hay en condiciones similares? ¿Tenemos alguna idea?

Tengo más preguntas que respuestas, pero se que debemos hacer algo, porque lo ocurrido; ¡no puede volver a suceder en Panamá! Es hora de que actuemos consecuentemente con el país que nos da oportunidades y con el sueño de país que queremos para nuestros hijos, donde un niño de dos años no muera presa de los parásitos en la más extrema pobreza ante la impotencia de sus horrorizados padres, mientras que en su capital se levantan edificaciones palaciegas y en sus medios se anuncian artículos de lujo a precios de "tan solo", sumas exorbitantes que muchas familias no esperan ver en sus cortas y atribuladas vidas.

Es hora que nuestros gobernantes y quienes aspiran a serlo, planteen concretamente qué piensan hacer, en conjunto con la población civil, para desarrollar las condiciones que lleven a que en nuestro país no se den más casos de esta naturaleza. Es hora de exigir que se cumpla y velar porque se haga. Es hora de actuar individual y colectivamente para que no vuelva a suceder. De elaborar y ejecutar un plan integral de desarrollo humano.

No más promesas, necesitamos acción y rápido, por que lo que sucedió en Las Animas de San Bartolo, sucedió aquí en Panamá y nos debe dar Vergüenza Nacional.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América