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Vergüenza pública


El Santo Evangelio nos dice, a nadie sobre la Tierra llameís padre, porque sólo uno es vuestro padre el "Celestial". Por lo tanto, la conducta de algunos legisladores contradice esa distinción; es penoso decir que son los padres políticos de la Nación. Se les debe llamar traidores y pelechadores de nuestra ingenua e inofensiva patria. Si actuaran con honestidad, respeto a sus conciencias y sus deberes con el país, entonces ¿para qué inmunidad? ¿Por qué ese miedo a que se levante la inmunidad? La inmunidad en algunos legisladores es usada como una protección inmoral en sus premeditadas acciones deshonestas y vulgares, para sus beneficios personales y en un abierto abuso con el resto de los panameños.
Es lamentable la conducta descarada de algunos legisladores, quienes engañan a los pueblos con promesas demagogas, cuando su único fin ha sido llegar a la Asamblea para servirse de la Nación. Por ello, se hace necesario que la población electoral demuestre su gran capacidad de cultura política y patriótica eligiendo en la contienda electoral a elementos identificados con los problemas y necesidades del país, tomando como base su honestidad, capacidad y responsabilidad personal. De no ser así, los pueblos serían responsables de su propio destino político y patriótico. La nación y la sociedad están cansadas y avergonzadas de estar soportando en la Asamblea Legislativa a elementos que sólo están para aprobar lo que a ellos les conviene y no lo que la Patria espera.
En el último suceso legislativo se manifestó que la negativa de levantar la inmunidad a ciertos legisladores fue el temor de saber la verdad de las acusaciones de que fueron objeto y con ello seguir el mecanismo de lucros a costa de la nación a sabiendas que amparados de la inmunidad nunca la justicia los alcanzará y por otra parte para mantener los bloques tradicionales para sus futuras proyecciones. Por eso, decir que los legisladores son "los padres de la patria", es contradecirse.
Tiene que ser una roca de autoestima. La seguridad que necesita es la de saber que puede enfrentarse con cualquier cosa, aún sin seguridades externas. La de saber que está hecho y creado por el Señor, con todo lo necesario para abrir camino, luchar y enfrentarse a cualquier problema.
No tenga miedo a lo que no conoce, ni aún al posible fracaso que venga si se lanza. El fracaso es escuela para el éxito; es escalón para el triunfo. En el terreno de lo inseguro se despiertan sus mejores cualidades.
Y recuerde, si se apoya en el Señor, si tiene fe como para mover montañas, si cree en el infinito poder de Dios y cree en sí mismo, vencerá, porque ¡con el Señor usted es...Invencible!

101 años de Panamá América

 
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