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Viajes presidenciales


Para quienes seguimos a diario las actuaciones de los gobernantes de este país resulta poco sorprendente conocer que nuestros presidentes durante la última década han realizado más viajes al exterior que el Papa Juan Pablo II durante sus 23 años como pontífice. Lo que sí sorprende de las investigaciones reveladas por este diario es que muchos de esos viajes fueron realizados con nutridas comitivas, integradas por personas a quienes el gobierno quería en una forma retribuir en vez de individuos que genuinamente pudieran aportar en las gestiones supuestamente promovidas por la visita oficial.
Debemos dejar claro que las visitas oficiales y no oficiales por los más altos funcionarios del gobierno son necesarias en muchos casos. Sirven para establecer o reforzar relaciones generacionales y hasta personales, que siempre contribuyen a mejores vinculaciones. La presencia de jerarquía en actos multilaterales, ya sean regionales o globales, también sirven para definir y promover posiciones que en muchos casos tienen incidencia directa en lo local. Por ello, no nos sumamos a quienes condenan la “viajadera” de nuestros presidentes, por el solo hecho de causar elevados gastos, sin tomar en consideración los verdaderos intereses nacionales del momento.
Y es que quizá es por esos intereses nacionales que Guillermo Endara fue el que menos viajó de los últimos tres presidentes. Durante los primeros años de los noventa, la principal prioridad del gobierno era poner la casa en orden. Recuperada la estabilidad económica, social y política, en particular luego de las prístinas elecciones de 1994, y ante la renegociación de la deuda externa y nuestra adhesión a la Organización Mundial de Comercio, le tocó a Ernesto Pérez Balladares asumir mayor responsabilidad por mejorar la imagen de Panamá en el exterior. Por eso, más de la mitad de sus viajes fueron realizados durante los primeros tres años de su gestión. Por su parte, Mireya Mosoco se ha ubicado en medio de sus dos inmediatos antecesores, prefiriendo viajes oficiales con menos oportunidades de “uno a uno”.
Pero lo que sí es reprochable es que con mayor regularidad de la esperada esos mismos gobernantes aprovechen estos viajes para convidar a allegados, simpatizantes o personas a quienes les deben favores. Séquitos de un centenar de personas, para visitar Chile, o de 75 personas, para una semana en Mónaco, son difícilmente justificables para un país pobre como el nuestro.
Y como si lo anterior fuera poco, ninguno de estos presidentes ha sido absolutamente transparente en cuanto a quiénes los acompañan en sus periplos ni sobre el costo para el fisco.
Siempre los listados son filtrados inadvertidamente, creando zozobra y alimentando la especulación. Tampoco han rendido cuentas sobre los frutos para el país que generan estas visitas. Invitamos a los candidatos a presidente a que se comprometan públicamente, a través de sus programas de gobierno, a ser más transparentes en cuanto los viajes que realicen: que informen sobre los objetivos de los viajes, que suministren los integrantes de las comitivas y sus respectivas contribuciones, que señalen el costo para el gobierno y que reporten sobre los logros alcanzados. Sólo así se garantizará que los viajes que realicen no se conviertan en morbo y otra razón para cuestionar sus políticas.
Dichas cifras han producido un cambio importante en el total de visitantes ingresados en Panamá, porque el 34% de los turistas lo hacen por mar.
La industria del turismo se está fortaleciendo en la medida que estamos utilizando cada vez más nuestra infraestructura portuaria y aérea.
Estamos aprovechando las ventajas comparativas panameñas. Nos toca como nación promoverlas, induciendo a la sociedad a la filosofía de atención al turista,con el propósito de elevar nuestra relación y generar recursos económicos.
El hecho de que se inaugure esta temporada de cruceros es una gran oportunidad para que las instituciones públicas responsables de la seguridad, control de alimentos, de las áreas verdes de las ciudades, los comerciantes y los ciudadanos en general, tomen conciencia de la importancia económica que implica esta actividad.
Llamamos la atención a la responsabilidad que tienen el Instituto Panameño de Turismo, los municipios de Panamá, Colón y Portobelo, y a las autoridades de Salud.
Con gran satisfacción tenemos que mencionar que las empresas que hoy desarrollan la actividad de los cruceros son nacionales y que de su dinamismo, entusiasmo y determinación depende, en gran medida, que la temporada de cruceros nos brinde en el futuro más progreso y bienestar.
Las compañías que emprendieron dicho esfuerzo turístico, y que están logrando éxito, requieren del apoyo y la estimación de la sociedad en general.
En un futuro próximo, el total de visitantes por vía marítima será superior al aéreo; dependerá, sin duda, de lo que hacemos ahora. Hagamos conciencia de lo que este evento implica para la economía nacional.
Todos tenemos una responsabilidad, asumamos en forma correcta y oportuna nuestros compromisos.
El sector turismo, con la colaboración de todos, seguirá siendo un generador de empleo y bienestar.

101 años de Panamá América

 
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