Viajes presidenciales
La dinámica política contemporánea ubica a los viajes presidenciales como una de las formas más importantes de las relaciones internacionales. Y es precisamente por su importancia que se debe deliberar sobre la oportunidad de la visita antes de cada gira presidencial, se analicen las ventajas y desventajas, se determine qué debe aprobarse y qué puntos no pueden aceptarse por sus implicaciones al momento de suscribir comunicados conjuntos, tratados, convenios o cualquier otra modalidad de compromiso.
Dentro de este marco de referencia, es pertinente reflexionar sobre las recientes visitas presidenciales de Mireya Moscoso a México y la República de China. En lo relativo a México debemos decir que la visita al Presidente Ernesto Zedillo resultó prematura e inoportuna y por ende no debió realizarse, considerando que estaban en puertas las elecciones y que nada se perdía esperando que se definiera el resultado de los comicios, adversos o favorables a la continuidad del PRI. El triunfo de Vicente Fox, como representante del primer partido de oposición, acentúa la inutilidad de la visita a Zedillo ya que ahora deberán reformularse las relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno y bajo su paraguas revisarse y firmarse el tratado de libre comercio que fue la justificación aparente para la premura del viaje. Fox ha adelantado que ajustará la Doctrina Estrada detrás de la cual se parapetó la diplomacia del PRI para, so pretexto de defender la no intervención en asuntos internos, apoyar a Cuba y convalidar en la OEA la controvertida tercera elección de Fujimori en Perú. Más delicado e implicante es el viaje a Taiwan. En el comunicado conjunto suscrito por la Presidenta de Panamá, la alta dignataria "manifestó su comprensión y solidaridad a los esfuerzos que realiza la República de China en las conversaciones relativas a la situación reinante en ambos lados del Estrecho de Taiwan. En este sentido, reiteró el deseo de su Gobierno de que dicho diálogo se lleve a cabo sobre los principios del Derecho Internacional, para la solución pacífica de los diferendos, y no a la amenaza del empleo de la fuerza armada para la solución de los conflictos". En otro párrafo, el representante taiwanés agradece "el renovado y constante apoyo que otorga (Panamá) a la República de China en su proyección internacional". El comunicado define a Panamá tomando posición a favor de Taiwan en una controversia de la que debe abstenerse de tomar partido por cualquiera de las partes, dejando que ellas mismas lo resuelvan. Asimismo se insiste en proclamar el apoyo a quien no es reconocida con status de estado soberano por las Naciones Unidas. Independientemente del esfuerzo respetable de los chinos de la otra orilla, la real politik diplomática rige en las relaciones internacionales, y no las simpatías subjetivas. Siendo así las cosas, no debemos someter a Panamá a formular recomendaciones en litigios bilaterales exclusivos de las partes, ni empeñarnos en hacer reconocimientos que la ONU no convalida. Ni por 30 millones ni por ninguna cantidad de préstamos. En resumen, dos viajes, dos desaciertos diplomáticos.
Dentro de este marco de referencia, es pertinente reflexionar sobre las recientes visitas presidenciales de Mireya Moscoso a México y la República de China. En lo relativo a México debemos decir que la visita al Presidente Ernesto Zedillo resultó prematura e inoportuna y por ende no debió realizarse, considerando que estaban en puertas las elecciones y que nada se perdía esperando que se definiera el resultado de los comicios, adversos o favorables a la continuidad del PRI. El triunfo de Vicente Fox, como representante del primer partido de oposición, acentúa la inutilidad de la visita a Zedillo ya que ahora deberán reformularse las relaciones diplomáticas con el nuevo gobierno y bajo su paraguas revisarse y firmarse el tratado de libre comercio que fue la justificación aparente para la premura del viaje. Fox ha adelantado que ajustará la Doctrina Estrada detrás de la cual se parapetó la diplomacia del PRI para, so pretexto de defender la no intervención en asuntos internos, apoyar a Cuba y convalidar en la OEA la controvertida tercera elección de Fujimori en Perú. Más delicado e implicante es el viaje a Taiwan. En el comunicado conjunto suscrito por la Presidenta de Panamá, la alta dignataria "manifestó su comprensión y solidaridad a los esfuerzos que realiza la República de China en las conversaciones relativas a la situación reinante en ambos lados del Estrecho de Taiwan. En este sentido, reiteró el deseo de su Gobierno de que dicho diálogo se lleve a cabo sobre los principios del Derecho Internacional, para la solución pacífica de los diferendos, y no a la amenaza del empleo de la fuerza armada para la solución de los conflictos". En otro párrafo, el representante taiwanés agradece "el renovado y constante apoyo que otorga (Panamá) a la República de China en su proyección internacional". El comunicado define a Panamá tomando posición a favor de Taiwan en una controversia de la que debe abstenerse de tomar partido por cualquiera de las partes, dejando que ellas mismas lo resuelvan. Asimismo se insiste en proclamar el apoyo a quien no es reconocida con status de estado soberano por las Naciones Unidas. Independientemente del esfuerzo respetable de los chinos de la otra orilla, la real politik diplomática rige en las relaciones internacionales, y no las simpatías subjetivas. Siendo así las cosas, no debemos someter a Panamá a formular recomendaciones en litigios bilaterales exclusivos de las partes, ni empeñarnos en hacer reconocimientos que la ONU no convalida. Ni por 30 millones ni por ninguna cantidad de préstamos. En resumen, dos viajes, dos desaciertos diplomáticos.