Viajes presidenciales
Principalmente, por su posición geográfica única en el hemisferio y en el mundo y por el Canal que atraviesa el Istmo y es paso diario de naves para todos los destinos, Panamá es recipiente para la distribución de toda clase de mercancía y servicios, lo que nos proyecta internacionalmente como ningún otro país latinoamericano. Esta condición sine quanon nos debe obligar a dar a conocer, sobre todo a nuestras gentes, a proyectarla internacionalmente y para ello es necesario que en los viajes oficiales nuestras comitivas estén integradas por representantes de los tres órganos de Estado, empresarios y trabajadores, y de las autoridades marítimas panameñas.
Es mi opinión de que los viajes oficiales que no tengan una agenda muy específica la integren este tipo de comitivas bajo instrucciones precisas para que se desenvuelvan y agiten en los países que visiten dentro de sus respectivas actividades. Panamá es un país abierto al mundo, quiéralo o no lo quiera, que debe estar consciente de esta misión y corresponder con ahínco y sagacidad a este destino histórico.
Es natural que haya opiniones y opiniones con respecto a estos viajes oficiales. Hay que respetarlas, pero yo digo la mía. Por razón de mi profesión sé que Panamá, por su Canal, por su ubicación geográfica, su Zona Libre, su Centro Financiero y Bancario internacional, por sus puertos y por ser la primera flota marítima internacional está en la boca de los habitantes del mundo en sus diferentes idiomas y dialectos. Esto es así y lo sabemos los que viajamos intensamente.
De esto nos sentimos profundamente orgullosos, por lo que sabemos que este patrimonio debemos cuidarlo muy celosamente y a toda costa.
La Presidenta de la República o el Presidente, sea quien fuere, no debe amilanarse para desarrollar esta labor de intercomunicación de panameños y sus instituciones con otros países y sus instituciones.
Me ha tocado trabajar muy estrechamente con varios presidentes de la República, cada uno ha tenido su propia personalidad, entendimiento y proyección del gobierno que preside con sus propios estilos en su gestión. Así los ha habido que prefieren no viajar o solamente al interior del país. Otros que salen al exterior por necesidades insalvables. Pero todos han contribuido a enviar sus representantes al exterior en promociones convenientes. Pero los tiempos cambian y Panamá, que ahora ostenta posición y credenciales más importantes que hace tres lustros atrás, debe amoldarse a los nuevos tiempos. Tiempos de cumbres presidenciales más frecuentes y de toda clase de cumbres. Debemos estar atentos a estas aperturas, evaluarlas y hacernos presentes en cuanto nos lo permitan los recursos.
Con respecto al viaje de los magistrados a España, nada criticable hubiese significado el que hubiesen acompañados al Presidente de la República. Estos magistrados podían perfectamente bien hacer alguna labor de intercambio con sus colegas en España y con los que hubieran en esa cumbre. Esto se enmarca dentro de la norma constitucional que establece la separación de los órganos de Estado, pero indica que deben trabajar armónicamente.
Lamento no estar de acuerdo con el ex magistrado Dr. Molino Mola, a quien respeto por su gestión capaz y sobria en la Corte Suprema, pero no creo que el puesto de magistrado ni de ninguna otra posición de gobierno debe interferir con las relaciones familiares o amistades que tenga un funcionario. No hay por qué alterar el entorno. Los funcionarios deben ser íntegros per se.
Si no lo son, para ello están sometidos a la opinión pública y a la crítica ciudadana, y hasta a las denuncias ante las autoridades competentes cuando no cumplen con sus obligaciones. Lo que sí deben hacer los encargados de organizar estas comitivas oficiales es dar los nombres de los que asistan sin ninguna clase de simulaciones o secretismo. Esto es lo que a veces perjudica y levanta suspicacias.
El país necesita cada día más y más la credibilidad en sus dirigentes y éstos deben actuar sin miedos ni tembladeras ni temor a equivocarse de buena fe. Panamá por su ubicación geográfica, sui generis, tiene que mostrarse al mundo todos los días y los gobernantes deben mostrarse cónsonos con esta necesidad vital.
Es mi opinión de que los viajes oficiales que no tengan una agenda muy específica la integren este tipo de comitivas bajo instrucciones precisas para que se desenvuelvan y agiten en los países que visiten dentro de sus respectivas actividades. Panamá es un país abierto al mundo, quiéralo o no lo quiera, que debe estar consciente de esta misión y corresponder con ahínco y sagacidad a este destino histórico.
Es natural que haya opiniones y opiniones con respecto a estos viajes oficiales. Hay que respetarlas, pero yo digo la mía. Por razón de mi profesión sé que Panamá, por su Canal, por su ubicación geográfica, su Zona Libre, su Centro Financiero y Bancario internacional, por sus puertos y por ser la primera flota marítima internacional está en la boca de los habitantes del mundo en sus diferentes idiomas y dialectos. Esto es así y lo sabemos los que viajamos intensamente.
De esto nos sentimos profundamente orgullosos, por lo que sabemos que este patrimonio debemos cuidarlo muy celosamente y a toda costa.
La Presidenta de la República o el Presidente, sea quien fuere, no debe amilanarse para desarrollar esta labor de intercomunicación de panameños y sus instituciones con otros países y sus instituciones.
Me ha tocado trabajar muy estrechamente con varios presidentes de la República, cada uno ha tenido su propia personalidad, entendimiento y proyección del gobierno que preside con sus propios estilos en su gestión. Así los ha habido que prefieren no viajar o solamente al interior del país. Otros que salen al exterior por necesidades insalvables. Pero todos han contribuido a enviar sus representantes al exterior en promociones convenientes. Pero los tiempos cambian y Panamá, que ahora ostenta posición y credenciales más importantes que hace tres lustros atrás, debe amoldarse a los nuevos tiempos. Tiempos de cumbres presidenciales más frecuentes y de toda clase de cumbres. Debemos estar atentos a estas aperturas, evaluarlas y hacernos presentes en cuanto nos lo permitan los recursos.
Con respecto al viaje de los magistrados a España, nada criticable hubiese significado el que hubiesen acompañados al Presidente de la República. Estos magistrados podían perfectamente bien hacer alguna labor de intercambio con sus colegas en España y con los que hubieran en esa cumbre. Esto se enmarca dentro de la norma constitucional que establece la separación de los órganos de Estado, pero indica que deben trabajar armónicamente.
Lamento no estar de acuerdo con el ex magistrado Dr. Molino Mola, a quien respeto por su gestión capaz y sobria en la Corte Suprema, pero no creo que el puesto de magistrado ni de ninguna otra posición de gobierno debe interferir con las relaciones familiares o amistades que tenga un funcionario. No hay por qué alterar el entorno. Los funcionarios deben ser íntegros per se.
Si no lo son, para ello están sometidos a la opinión pública y a la crítica ciudadana, y hasta a las denuncias ante las autoridades competentes cuando no cumplen con sus obligaciones. Lo que sí deben hacer los encargados de organizar estas comitivas oficiales es dar los nombres de los que asistan sin ninguna clase de simulaciones o secretismo. Esto es lo que a veces perjudica y levanta suspicacias.
El país necesita cada día más y más la credibilidad en sus dirigentes y éstos deben actuar sin miedos ni tembladeras ni temor a equivocarse de buena fe. Panamá por su ubicación geográfica, sui generis, tiene que mostrarse al mundo todos los días y los gobernantes deben mostrarse cónsonos con esta necesidad vital.