Víctimas inocentes de la guerra contra las drogas
Nueva York (AIPE) - Patrick Dorismond es una de las últimas víctimas inocentes de la guerra contra las drogas. El 26 de marzo, él y su padre salían de un bar en Nueva York cuando alguien se le acercó para preguntarle dónde podía comprar marihuana. Patrick, un guardia de seguridad de 26 años, se sintió ofendido. Entonces el supuesto comprador de marihuana gritó pidiendo ayuda y uno de sus compañeros le disparó a Patrick en el pecho.
Los supuestos compradores de marihuana resultaron ser agentes secretos de la policía de Nueva York, en una operación antinarcóticos y es verdaderamente siniestro que alguien puede resultar muerto por decir "no" a las drogas.
El caso fue inmediatamente politizado cuando la primera dama y candidata al Senado por Nueva York Hillary Clinton, el congresista de Harlem Charles Rangel y reverendo Al Sharpton formaron un escándalo acusando al alcalde Rudy Giuliani de los muertos causados por la policía de la ciudad. La realidad es que la policía de Nueva York hirió fatalmente a once civiles el año pasado, la mayoría de ellos criminales. Pero en el último año del alcalde demócrata David Dinkins hubo 41 muertos en similares circunstancias, una reducción de 73%.
Es la guerra contra las drogas la responsable de la muerte de Patrick Dorismond y de Mario Paz. Con una orden de allanamiento, un grupo SWAT de la policía entró en la casa de Mario Paz, en el pueblo de Compton, California, en agosto del año pasado, hiriendo fatalmente a ese abuelo retirado, mientras cuestionaban a su esposa, en pantaletas y envuelta en una toalla, con las manos esposadas, como también a otros cuatro residentes de la casa del pacífico señor Paz. La policía ni encontró drogas en la casa ni emitió acusación alguna. El pecado de Mario Paz fue recibir, de vez en cuando, cartas de un tal Mario Beltrán Lizarraga, un ex vecino que la policía cree que está envuelto en venta de drogas.
La guerra contra las drogas ya ha sido más larga que la guerra en Vietnam. Ha intimidado, detenido, herido y matado a ciudadanos inocentes y también a transgresores de la ley que no han mostrado violencia alguna, como parte de una fracasada campaña de acabar con las drogas en este país. Y el costo también ha sido inmenso en dinero: 81 mil millones de dólares gastados entre 1990 y 1999 en tratar infructuosamente que los estadounidenses obedezcan las leyes contra las drogas.
En febrero, Deborah Quinn fue metida en la cárcel. Con una sola pierna y sin brazos, esta mujer de 39 años fue sorprendida vendiendo 20 dólares de marihuana a un soplón de la policía. Se le encontró 4 onzas de marihuana en su casa, por lo cual fue sentenciada a un año de detención en un hospital de Tucson, Arizona, a un costo de 126.000 dólares, debido a sus impedimentos físicos. Con ese dinero se podrían tener presos a cuatro peligrosos asesinos durante el mismo tiempo.
Según Steve Dasbach, del Partido Libertario, Deborah no tiene brazos, pero quienes la metieron presa no tienen corazón.
Mientras tanto, el zar de las drogas, Barry McCaffrey, hace uso de técnicas propagandísticas reñidas con una sociedad libre. Como recientemente lo informó Daniel Forbes de Salom.com, la oficina de McCaffrey le paga a las televisoras por hacer propaganda antidrogas como parte del diálogo de sus programas y comedias. Peor todavía, hace lo mismo con artículos publicados por revistas tales como U.S. News & World Report, Parade, USA Weekend, etc. La oficina antidrogas hasta ayuda a seleccionar los columnistas antidrogas para la revista The Sporting News.
El zar McCaffrey debe ser despedido por sus métodos -tipo Kremlin- en la manipulación de la información. Pero claro que esa manipulación está siendo aceptada y cobrada por los directores de esos medios de comunicación, quienes también merecen ser despedidos.
Ya es hora de izar una bandera blanca en una guerra con tantas víctimas inocentes y el recurrente despliegue de violencia contra tantos infractores no violentos.
Periodista y académico del Atlas Economic Research Foundation.
Los supuestos compradores de marihuana resultaron ser agentes secretos de la policía de Nueva York, en una operación antinarcóticos y es verdaderamente siniestro que alguien puede resultar muerto por decir "no" a las drogas.
El caso fue inmediatamente politizado cuando la primera dama y candidata al Senado por Nueva York Hillary Clinton, el congresista de Harlem Charles Rangel y reverendo Al Sharpton formaron un escándalo acusando al alcalde Rudy Giuliani de los muertos causados por la policía de la ciudad. La realidad es que la policía de Nueva York hirió fatalmente a once civiles el año pasado, la mayoría de ellos criminales. Pero en el último año del alcalde demócrata David Dinkins hubo 41 muertos en similares circunstancias, una reducción de 73%.
Es la guerra contra las drogas la responsable de la muerte de Patrick Dorismond y de Mario Paz. Con una orden de allanamiento, un grupo SWAT de la policía entró en la casa de Mario Paz, en el pueblo de Compton, California, en agosto del año pasado, hiriendo fatalmente a ese abuelo retirado, mientras cuestionaban a su esposa, en pantaletas y envuelta en una toalla, con las manos esposadas, como también a otros cuatro residentes de la casa del pacífico señor Paz. La policía ni encontró drogas en la casa ni emitió acusación alguna. El pecado de Mario Paz fue recibir, de vez en cuando, cartas de un tal Mario Beltrán Lizarraga, un ex vecino que la policía cree que está envuelto en venta de drogas.
La guerra contra las drogas ya ha sido más larga que la guerra en Vietnam. Ha intimidado, detenido, herido y matado a ciudadanos inocentes y también a transgresores de la ley que no han mostrado violencia alguna, como parte de una fracasada campaña de acabar con las drogas en este país. Y el costo también ha sido inmenso en dinero: 81 mil millones de dólares gastados entre 1990 y 1999 en tratar infructuosamente que los estadounidenses obedezcan las leyes contra las drogas.
En febrero, Deborah Quinn fue metida en la cárcel. Con una sola pierna y sin brazos, esta mujer de 39 años fue sorprendida vendiendo 20 dólares de marihuana a un soplón de la policía. Se le encontró 4 onzas de marihuana en su casa, por lo cual fue sentenciada a un año de detención en un hospital de Tucson, Arizona, a un costo de 126.000 dólares, debido a sus impedimentos físicos. Con ese dinero se podrían tener presos a cuatro peligrosos asesinos durante el mismo tiempo.
Según Steve Dasbach, del Partido Libertario, Deborah no tiene brazos, pero quienes la metieron presa no tienen corazón.
Mientras tanto, el zar de las drogas, Barry McCaffrey, hace uso de técnicas propagandísticas reñidas con una sociedad libre. Como recientemente lo informó Daniel Forbes de Salom.com, la oficina de McCaffrey le paga a las televisoras por hacer propaganda antidrogas como parte del diálogo de sus programas y comedias. Peor todavía, hace lo mismo con artículos publicados por revistas tales como U.S. News & World Report, Parade, USA Weekend, etc. La oficina antidrogas hasta ayuda a seleccionar los columnistas antidrogas para la revista The Sporting News.
El zar McCaffrey debe ser despedido por sus métodos -tipo Kremlin- en la manipulación de la información. Pero claro que esa manipulación está siendo aceptada y cobrada por los directores de esos medios de comunicación, quienes también merecen ser despedidos.
Ya es hora de izar una bandera blanca en una guerra con tantas víctimas inocentes y el recurrente despliegue de violencia contra tantos infractores no violentos.
Periodista y académico del Atlas Economic Research Foundation.