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Victoria en Vieques


No fue una lucha fácil. La primera batalla se dio dentro del pueblo puertorriqueño, para que adquiriera conciencia de la importancia de la lucha, entendiéndola como una etapa más por consolidar su nacionalidad. Vieques es una playa borinqueña que durante décadas sirvió de campo de tiro y maniobras de la marina norteamericana. Una pequeña aldea de pescadores venía desde un inicio reclamando por la periódica alteración de su estilo de vida, por el ensordecedor rugir de cañones y la exclusión forzada de su presencia en el área.
La cosa no pasó a mayores hasta que se dio la sucesión de unos accidentes que provocaron algunos muertos y heridos. En uno de ellos, uno de los aviones en maniobra dejó caer una bomba que explotó sobre un grupo de lugareños. Ardió Troya. Desde entonces, a la demanda reivindicatoria del puñado de residentes, se fue sumando paulatinamente todo el país y luego el mundo. El Panamá América estuvo presente, a través de esta pequeña columna, desde la cual abordamos en solitario varias veces el tema.
Congresistas, artistas, intelectuales y pueblo en general invadió muchas veces la zona de exclusión, en plenas maniobras. Nuestro Rubén Blades, en varias ocasiones, se solidarizó con un "Vieques libre" en medio de sus interpretaciones en la isla. Muchos fueron detenidos, pagaron cárcel y multas. Sus deportistas y atletas se presentaban a escena con pancartas que aludían a la lucha.
Lo más hermoso de la gesta fue su beligerancia, su persistencia y sobre todo su pacifismo. Ningún acto terrorista empañó la lucha, en contraste con lo que ocurre en otros lares, donde la violencia termina descalificando la legitimidad de causas de nobles apariencia.
A la postre, la fuerza de la justicia pudo más que los cañones. El presidente Clinton le puso "fecha de cumpleaños" a la presencia de su marina en Vieques. Su sucesor, George Bush honró el compromiso. Y, finalmente, el pasado 1 de mayo de 2003, Puerto Rico celebró por fin su victoria cívica y pacífica, cuando los pendones de guerra de la marina fueron bajados por última vez, para no volver jamás.
El mayor mérito de la lucha fue el enemigo al que se enfrentó el pueblo de Vieques y de Puerto Rico. Se trató nada menos que del poderoso "stablishment" militar y político de Estados Unidos el cual muchas veces argumentó a su favor lo imprescindible que para la seguridad del país era contar con aquella área de ensayo para su marina. ¿Cuál fue el arma de la victoria para el pueblo boricua? Lo justo de su lucha, su tenacidad y su unidad nacional. La guerra se ganó cuando la propia gobernadora, Sila Calderón, se sumó a la lucha e hizo de ella tema clave de su triunfante campaña electoral.
Pero quedan tareas pendientes. Si lo vemos, su lucha fue semejante a la nuestra por el Canal. Dos pueblos pequeños exigiendo justicia a la potencia suprema. Justicia en forma obstinada, porfiada si se quiere, incansable, pero con irrefutable sustento moral.
El resultado fue el mismo, una victoria limpia, pacífica y, por eso, más meritoria que otras logradas sobre incontables sepulcros. La descontaminación, en ambos casos, nos queda como nuevo desafío. Puerto Rico, seguramente enfrentará con determinación la nueva etapa de la lucha. ¿Y nosotros?

101 años de Panamá América

 
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