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Victoria en y de México 2. Retos que ha de enfrentar el nuevo presidente


MÉXICO es importante para Panamá. Por ello hacemos bien en seguir con atención las elecciones en el México democrático. No cabe la menor duda que Felipe Calderón Hinojosa ganó limpiamente y es el Presidente electo de México. Para comenzar no era el precandidato preferido por su copartidario el Presidente Fox. Felipe debió enfrentarse al ex Gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas Jiménez, y sobre todo al Secretario del Interior, Santiago Creel, hombre de toda confianza del Presidente sobre y se impuso a sus contendores dentro del PAN, especialmente a Creel, en las tres etapas que cubrieron los 31 estados y el Distrito Federal, obteniendo 58% de los votos de los miembros del partido.
El hecho se puede explicar porque a diferencia de Fox y de Creel, Felipe Calderón podía decir "empecé en el PAN desde niño, repartiendo volantes y pintando bardas". Es a los 44 años de edad, un panista de toda su vida, de familia arraigadamente panista. Fue Secretario Nacional Juvenil, Secretario de Estudios, luego Secretario General del Pan y fue de 1996 al 2000 Presidente del partido. Su carrera política dentro del PAN fue alentada y apoyada por Carlos Castillo Peraza, el más brillante y controversial dirigente del PAN de su generación. Pero Felipe es su propio hombre y tuvo sus discrepancias con quien podía ser considerado su maestro, como las tendría más tarde con quien tuvo la inteligencia política para ser el primer presidente no priísta, democrático, en aproximadamente 70 años. Con la seriedad que caracteriza al PAN Felipe se formó en instituciones destacadas, desde la Escuela Libre de Derecho, donde estudio derecho, luego el Instituto Tecnológico Autónomo de México, donde obtuvo la maestría en economía, hasta la Universidad de Harvard que le otorgó una maestría en administración pública.
Al mismo tiempo fue adquiriendo sus primeras experiencias cono político y servidor público. Fue primero representante por mayoría en la Asamblea del Distrito Federal y Diputado Federal en dos ocasiones. Como Coordinador Parlamentario del PAN logró la aprobación de dos presupuestos federales por unanimidad y algunas reformas transcendentales, como la Ley de Transparencia y de Acceso a la Información. Por nombramiento del Presidente Fox, asumió el cargo de Director General del Banobras, el Banco Nacional de Obras y Servicios Públicos del Estado que se especializa en financiar la infraestructura del estado, pero cuando tuvo una discrepancia con el Presidente Fox prefirió renunciar a desdecirse.
Los que hemos admirado al PAN construyendo democracia desde la oposición sentimos gran gusto al ver la mecánica de las elecciones desarrollarse con toda normalidad. Predominó un espíritu de libertad y de debate, sin violencia, condiciones que no pueden faltar en elecciones democráticas. Que uno de los candidatos que perdió las elecciones plantee su protesta por lo que juzga irregular, ante la opinión pública y ante las instancias electorales y judiciales, que sean apropiadas de acuerdo con la Constitución y las Leyes, es una prueba de la seriedad con la que se desarrollan las elecciones. Quiere decir que nadie sabía cuáles serían los resultados por adelantado. Y ello también es signo de la autenticidad electoral.
Pero cuando un candidato a pesar de que otro lo supera por más de 200, 000 votos, convierte su protesta en algo que no tiene cabida en una democracia, torna su agitación en un reto al orden público y al Estado de Derecho democráticos. Si además, cae en el absurdo de anunciar que él establecerá un gobierno paralelo, sobrepasa los límites de la legalidad democrática. Es por ello que López Obrador ha recibido el rechazo tajante del nuevo Secretario General de la OEA, un socialista chileno, demócrata, que ha sido en la democracia recobrada de su país tanto Ministro de Relaciones Exteriores como Ministro del Interior, José Manuel Insulza. Sólo ha recibido el apoyo público de un Presidente Latinoamericano, desprestigiado por su golpismo y por sus arbitrariedades, un demagogo con lenguaje soez indigno de un gobernante civilizado, a saber, Hugo Chávez.
Así como Felipe Calderón se impuso en el PAN por su trabajo desde abajo hacia arriba y por una rara combinación de intelectualidad y capacidad organizativa, así también se impuso en el escenario político nacional. Comenzando muy bajo en las encuestas, le fue ganando terreno a los demás candidatos hasta que un buen día descubrieron que los había superado a todos. Los momentos decisivos fueron los dos debates televisados. López Obrador cometió el error, fruto de la soberbia o de la terquedad ideológicas, de no asistir al primer debate. Calderón no tuvo dificultad en vencer a Roberto Madrazo, representante a todas luces de un PRI impenitente y sin siquiera un intento de haberse reformado a fondo. La inmensa mayoría de los comentaristas en los medios de comunicación le reconocieron a Felipe la mejor presentación tanto en la forma como en la sustancia. Estuve en México para conocer a mi nueva nieta y algún contacto que tuve con su realidad política, me dejó la impresión que Felipe iba a la cabeza y que la pregunta clave era a saber, si él lograría mantener esa ventaja sobre López Obrador. Por lo demás sentí que había una desconfianza generalizada con respecto a López Obrador por su izquierdismo de discurso duro y a veces hasta irresponsable y por la amistad que Chávez y Castro le profesan.
Si se dan los resultados de encuestas o de la misma elección en porcentajes, se crea la impresión de casi un empate entre Calderón con 15, 000, 284 votos (35.89%) y López Obrador con 14, 756, 350 votos (35.31%), y Madrazo rezagado con 9, 301, 441 votos (22.26%). Pero cuando se enfatiza que la diferencia entre los dos primeros candidatos era de 243, 934 votos (0.58%), se da uno cuenta que, aún si hubiera habido voluntad de fraude, la diferencia era demasiado grande para un fraude pequeño o demasiado pequeña para un fraude grande. Miles fueron los observadores internacionales y nacionales que han avalado la confiabilidad de la votación, del escrutinio y de la divulgación oficial de los resultados. Quien presidió la delegación europea de observadores ha declarado que a su juicio las elecciones fueron limpias y válidas.
Además hay que calibrar los antecedentes históricos de las dos organizaciones que compitieron: el Partido de Acción Nacional (PAN), que desde su fundación en 1940 ha afrontado toda especie de atropellos, triquiñuelas, mentiras y corrupciones, para poder establecer la democracia que deseaban para su patria y para la vida familiar y comunitaria de todos los mexicanos y el Partido de la Revolución Democrática, integrado en buena parte por antiguos miembros del Partido Revolucionario Institucional y que como tales fueron partícipes activos o pasivos de décadas de manipulación y fraude electoral y que luego estuvieron sometidos al unipersonalismo de un líder, Cuauhtémoc Cárdenas, que él y su sucesor dinástico se mantuvieron sin apoyar al candidato del PRD durante la campaña y después de la misma, sino se mantuvieron en un impersonado apoyo a las instituciones dando a entender claramente que ellos consideraban el resultado electoral válido.
En última instancia el contraste tiene que ver con la personalidad de cada uno, por una parte Felipe Calderón, sensato y en paz consigo mismo en todo momento, reiterando su fe profundamente democrática y ofreciendo esperanza en un futuro mejor que su propia edad avalaba, y por la otra, Andrés López Obrador, agitado y agitador, sin aparentemente ninguna consciencia del daño que podía estarle infligiendo a la nueva democracia mexicana y al enorme potencial para el desarrollo humano de su pueblo, que no encontrará una vida mejor haciendo a México ingobernable, sino por lo contrario ayudando a sus auténticos gobernantes a gobernar mejor.
México es uno de los países líderes de América Latina, especialmente en Mesoamérica y el Caribe. Panamá debe mantener una excelente relación con México por encima de otras preocupaciones de política exterior que son secundarias. Con México la relación está basada en el vínculo de cercanía física, en nuestra participación en los organismos de unidad de Centroamérica con la cual México mantiene y mantendrá cada día más una solidaridad que no está exenta de liderazgo, en la interacción con los Estados Unidos que no dejará de preocuparse ni por la seguridad de su frontera sur ni por la libertad de tránsito por el Canal, y en el número de panameños que estudian sus carreras profesionales en el exterior, que más lo hacen en México que en otros países latinoamericanos, dando lugar a numerosas familias panameño-mexicanas.
Entre otras cosas, por el atractivo que ofrece México dado su cultura milenaria y su intensa fe religiosa guadalupana, está en el interés de Panamá estrechar las relaciones con México y aprender de ello, la manera de conjugar un profundo sentido de identidad propia con un pragmático entendimiento económico con los Estados Unidos de América. Y por último, la edad de los dos gobernantes, Felipe Calderón y Martín Torrijos facilita un entrelazamiento de propósitos en el respeto de la idiosincrasia de cada país.

101 años de Panamá América

 
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