Vida en sociedad humanitarista
Filósofo y escritor
"Creo que hoy el ideólogo debe obrar, ante todo, por humanizar las relaciones entre la gente, guiándose por categorías tales como el bien, la honradez, el amor al prójimo y el respeto mutuo". Lionginas Sepetys (1948-). La reflexión introductoria, pudiese inducir a plantearnos la siguiente interrogante: ¿Qué es la paz? Algunos responderían negativamente con la "paz del sepulcro"; otros con carácter antagónico especularían acerca de una "paz minusválida"; para unos cuantos, esto establecería un bienestar sectorizado. Sin embargo, se puede plasmar en espíritu y en verdad, que la paz se identifica concreta y concisamente con el "bien común", para todos los seres humanos, sin ninguna discriminación.
La diferencia peculiar entre humanismo y humanitarismo, consistiría en que el primero se preocupa más bien por la exaltación de lo netamente humano en la actividad laboral, educativa, cultural y en el área de salud; por otra parte el "humanitarismo" deviene en una proyección psicocivilizada en beneficio de la humanidad y la naturaleza ecosistemática y mundológica.
La sociedad proyectada hacia un humanitarismo polifacético, polivalente y multidimensional, incluye primordialmente un fraternalismo y un universalismo entre todos los seres de la sociedad humana, animal y vegetal. Así, pudiésemos rubricar, bajo un modelo conspicuo, algunas obras que estilicen "La Unidad Universal".
Buena obra es no ser demasiado severo, para con las faltas, errores o defectos del prójimo, pues no sabríamos a cabalidad, si pudiésemos caer en lo mismo, y aún peor.
Buena obra constituye no solamente maltratar física o psicológicamente a nuestro semejante, sino también a los animales domésticos más allegados al hombre, porque también ellos, sin duda, comprenden a su modo la injusticia y la crueldad de que son víctimas. Tampoco se pueden destrozar inútilmente las plantas, porque también ellas poseen vida y sensaciones especiales.
Buena obra es en el jornalero trabajar las horas reglamentarias, en vez de que el empleador no le pagase las horas que él disponga: es "la explotación del hombre por el hombre"; se convierte en un hombre-objeto, y en la mayoría de los casos, está enajenación habitual, lo transfiere laboralmente a emplear mucha fuerza de trabajo.
Buena obra es impugnar la ignorancia costumbrista, la vanidad fantoche, el egoísmo improductivo y retrógrado; finalmente combatir por todos los medios y fines posibles a la hipocresía obsoleta, como moral convencional de la sociedad estereotipada. De esta manera, estamos inculcando la auténtica toma de conciencia y la genuina sensibilidad social.
Todas estas alternativas, hacia las buenas obras, pueden hacer inteligente y decente a la gente, a través del "Desarrollo Integral del Intelecto".