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Vida, obra y legado de Juan Pablo II


KAROL WOJTYLA (Polonia, 1820) fue una persona de la cual la humanidad tiene mucho que aprender, no sólo porque supo conciliar a gente de diferente religión, raza, sexo e ideología; sino porque fue un ser coherente en su pensar, actuar, pensar y sentir.
A los nueve años recibió el primer golpe de su vida: la muerte de su madre, hecho que sin duda lo acercó a Dios. Más tarde, de joven, se inclinó hacia el teatro y las artes literarias. Tal es así, que en medio de la II Guerra Mundial, cuando los alemanes cerraron todas las universidades de Polonia, junto con otros compañeros, promovió la organización de una universidad clandestina, en la que estudió Filosofía, Idiomas y Literatura. Su primera experiencia que le llevó a tener mayor sensibilidad social fue cuando, antes de ingresar al seminario, trabajó como obrero en una cantera.
En 1942 ingresó al Departamento Teológico de la Universidad Jaguelloniana y en 1946 era ordenado sacerdote. Fue Licenciado en Teología, Doctor en Filosofía, Profesor de Etica. En 1958 fue consagrado Obispo Auxiliar del Administrador Apostólico de Cracovia, Monseñor Baziak, convirtiéndose en el miembro más joven del episcopado polaco.
En 1964 falleció Monseñor Baziak, por lo que el obispo Wojtyla ocupa la sede de Cracovia como titular. En 1967, a los 47 años de edad, el Arzobispo Wojtyla fue creado Cardenal por el Papa Pablo VI. El 22 de octubre de 1978 fue investido como Sumo Pontífice, asumiendo el nombre de Juan Pablo II, rompiendo con la tradición de nombrar sólo a Papas de origen italiano.
Desde aquella fecha, el Papa Juan Pablo II, en sus 26 años de pontificado (el tercero más largo de la historia), ha batido muchos récords: recibió a un millón 512 mil 300 personas, entre los cuáles figuran 426 jefes de Estado, reyes y reinas, 187 primeros ministros, 190 ministros de Exteriores.
Recorrió más de un millón 300 mil kilómetros, lo que representa casi 29 veces la vuelta al planeta y casi tres veces la distancia entre la Tierra y la Luna. Fue el Papa más viajero de la historia con 133 países, la mayor parte de éstos recibió por primera vez a un Pontífice. Escribió 14 encíclicas, 13 exhortaciones apostólicas, 11 constituciones apostólicas, 42 cartas apostólicas y 28 Motu propio. Proclamó mil 320 beatos en 143 ceremonias de beatificación. Además, canonizó 472 santos.
Juan Pablo II fue el primer Papa en publicar durante su pontificado cinco libros de carácter personal; es decir, no magisterial: Cruzando el Umbral de la Esperanza (1994), Don y Misterio (1996), Tríptico Romano (2003), ¡Levantaos, Vamos! (2004), Memoria e Identidad (2005).
Juan Pablo II representa el estandarte máximo de una coherencia de vida. Personalmente no conozco a ninguna otra persona que haya encarnado un ejemplo moral tan alto que es imposible no seguirle ni dejarle de imitar, pues ciertamente impregna, motiva el espíritu humano, el alma, la vida interior. Fue un líder humilde, de esos que tanta falta le hacen a la sociedad actual. Una persona que sabe encontrar el equilibro en todos los aspectos de su vida. Defensor de una moral centrada en Dios y no el hombre. Y que no se quedó callado cuando evidenciaba alguna situación que ponía en riesgo el respeto de la dignidad humana, sobre todo de los oprimidos y olvidados.
Fue él, quien reafirmó esa necesidad impostergable del corazón de la persona humana: Dios, y sin El no se puede perfeccionar ni mejorar lo suficiente como para ayudar a los demás. La vida de cada ser humano representa un desafío moral e intelectual, que Juan Pablo II lo supo no sólo afrontar con buen talante, sino que además contagió a muchas personas que desde hacía tiempo se habían olvidado del verdadero sentido de sus vidas.
En las últimas semanas, cuando lo supe enfermo, me conmovió; no puedo dejar de expresar legítimas emociones, pero a la vez siento que, al igual que muchos, nos dio el mejor ejemplo, que sepamos convivir con el sufrimiento, el dolor, dándole un sentido sobrenatural a nuestra existencia.
Libertad con sentido de responsabilidad, verdad y bien son las premisas básicas que Juan Pablo II nos contagió en aquellos momentos donde apremiaba alguien que tenía la valentía moral suficiente como para encarar esta sociedad que se ha vuelto ciega para lo trascendente. Pero estas premisas han sido ejes transversales, siempre presentes en sus actos.
Pero también nos enseñó la imprescindible ayuda que todo cristiano debe considerar en su vida: la Virgen María. Sin ella, él no hubiera podido salir adelante en su Pontificado.
Juan Pablo II, un amante de la paz, siempre se pronunció cuando se presagiaban guerras o conflictos entre las naciones.
Para él, la paz sólo se concretaba si coexistían la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
El mejor legado humano que nos deja es que nunca se dejó vencer frente al desánimo, supo siempre vencer los obstáculos que encontró en su vida, supo luchar con abnegación, sin canResaltó en él su enorme capacidad para cultivar la perseverancia, la fidelidad a Dios. Pero también deja un enorme legado intelectual que aporta sin duda alguna a la filosofía.
Con una convicción fuerte y rectitud de intención supo inclinar su voluntad hacia el bien y su inteligencia hacia el conocimiento de la verdad. Además, el Papa Juan Pablo II, nos invitó a saber elegir por la moral de la responsabilidad y de una vida auténtica que considere la voluntad divina en el ejercicio humano cotidiano.
(calbertp@exalumno.udep.edu.pe)

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