Vida religiosa
En días pasados, el calendario litúrgico nos hacía memoria de San Benito, padre del monasticismo de Occidente. Y a propósito de él y de su obra hablábamos del Ora et Labora (reza y trabaja) síntesis de la vida de los monjes benedictinos que se les conoce por la perfección como modulan el canto gregoriano y por su afán de fomentar la mejor liturgia en los actos del culto, además del trabajo manual del monasterio.
Como todas las órdenes religiosas en el mundo, signo de los tiempos, han experimentado una disminución notable de vocaciones. Digo a propósito de este santo famoso italiano del siglo VI, cuya regla inspiró a otros fundadores de grupos religiosos y fue norma aceptada, me preguntó un joven: ¿Ud. cree que algún día se acabarán todas las órdenes religiosas?
Por supuesto que la pregunta es válida, y la respuesta obvia, aunque francamente lo que nos interesa no es que lleguemos a ese momento, sino todo lo contrario, que ojalá surjan de las buenas familias cristianas católicas nuevas y valiosas vocaciones.
Sí, ha habido muchas deserciones. Sí, se han ido muriendo religiosos consagrados y valiosos, unos por fuerza de la edad, otros prematuramente. El asunto es que las cifras van indicando que cada vez caminamos hacia menos.
En nuestro entorno más inmediato de los jesuítas, las cifras siguen hablando: el 1 de enero de 1999 era 21,674 y el 1 de enero de 2000, 21,354. Es decir - 320.
Por coincidencia, conversando con una comunidad religiosa femenina de hermanas, me informaron que ellas habían descendido de 50,000 a 22,000 en todo el mundo. Como vemos si por acá llueve por allá no escampa.
De todas maneras, la historia de la Iglesia nos habla de varias órdenes que existieron, cumplieron su misión y pasado el tiempo, entraron en la historia y a su vez surgieron otros movimientos y otros grupos y otras manifestaciones religiosas que continuaron su obra.
Lo importante es que siga la obra del Reino, no quién la haga.
Sólo dios es eterno. Cristo prometió a su Iglesia que El estaría con ella hasta el fin de los siglos. Las comunidades religiosas son temporales en la historia por un lado, la promessa que hizo Cristo fue a su Iglesia no a cualquier Iglesia. Ni a cualquiera que quiera atribuirse esa promesa.
Ahora bien, los jesuítas tenemos ya la experiencia de haber sido suprimidos, tanto por el Rey de España, Carlos III como por la Bula de Clemente XIV, Lorenzo Ganganelli. Y de las cenizas surgió de nuevo.
En realidad es difícil responder a la pregunta que si algún día desaparecerán. Sólo podemos decir que no somos eternos. Y por el momento tenemos que afirmar que en muchos sentidos se ha renovado la vida religiosa como la vida de la Iglesia. Quizás sin notorios protagonismos.
A este tenor se observa la proliferación de escritos sobre el tema. Este hecho nos habla de una preocupación que no es simple y puro derrotismo, sino algo más profundo. Existe una fe muy honda en este estilo de vida y en lo que la vida religiosa está llamada a ser y significar en la Iglesia y para el mundo. Es la traducción del deseo de que este carisma, con el Espíritu Santo a la Iglesia, no muera. Es un clamor de esperanza de un futuro mejor, más significativo y fecundo de la vida religiosa. Un futuro que hay que iniciarlo ya en el hoy del presente. Quizás más que cantidad calidad, quizás "non multos, sed multum".
La religiosa benedictina Joan Chttiser, en su libro "El fuego en las cenizas" expresa que la vida religiosa no la define el trabajo que realiza sino su vocación de ser "pregunta por Dios". Tampoco su misión cuando su misión tiende a confundirle con "tarea", como ha sido muchas veces el caso sino el intento de ser presencialización de Dios en el mundo, búsqueda de su rostro". "Ver en la vida y en sus cambiantes configuraciones donde hemos de hacer la pregunta por Dios": "¿Dios dónde estás? ¿Qué quieres de nosotros?. Es ese centrarse en Dios, siempre buscarlo, dentro y fuera de la oración lo que la vida religiosa quiere ofrecer a la Iglesia y al mundo".
Sostiene un connotado teólogo contemporáneo que la Iglesia no será Iglesia de Jesucristo, sino vive de esa constitutiva "pasión de Dios" de fe cristiana. Ese es el reto para la vida religiosa hoy, con toda humildad, sin ningún purismo o prepotencia, ser y practicar en medio del mundo y en el interior de la Iglesia la "pasión de Dios".
Las cosas seguirán cambiando, los números seguirán decreciendo, pero mientras se mantenga la decisión y convencimiento de lo que se está haciendo por el Dios de hoy, será difícil que no sobreviván a esta época crítica de la vida religiosa.
Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, por tanto, hay fundamentos para cultivar el optimismo de creer y esperar que esta sequía de vocaciones y el desierto por el que atravesamos universalmente, será algo temporal y que luego de haber sido purificados, volvamos a la esencia vital de lo que es la vocación que no es ningún capricho ni complejo de fuga, sino un llamamiento incondicional de Dios a su servicio.
Como todas las órdenes religiosas en el mundo, signo de los tiempos, han experimentado una disminución notable de vocaciones. Digo a propósito de este santo famoso italiano del siglo VI, cuya regla inspiró a otros fundadores de grupos religiosos y fue norma aceptada, me preguntó un joven: ¿Ud. cree que algún día se acabarán todas las órdenes religiosas?
Por supuesto que la pregunta es válida, y la respuesta obvia, aunque francamente lo que nos interesa no es que lleguemos a ese momento, sino todo lo contrario, que ojalá surjan de las buenas familias cristianas católicas nuevas y valiosas vocaciones.
Sí, ha habido muchas deserciones. Sí, se han ido muriendo religiosos consagrados y valiosos, unos por fuerza de la edad, otros prematuramente. El asunto es que las cifras van indicando que cada vez caminamos hacia menos.
En nuestro entorno más inmediato de los jesuítas, las cifras siguen hablando: el 1 de enero de 1999 era 21,674 y el 1 de enero de 2000, 21,354. Es decir - 320.
Por coincidencia, conversando con una comunidad religiosa femenina de hermanas, me informaron que ellas habían descendido de 50,000 a 22,000 en todo el mundo. Como vemos si por acá llueve por allá no escampa.
De todas maneras, la historia de la Iglesia nos habla de varias órdenes que existieron, cumplieron su misión y pasado el tiempo, entraron en la historia y a su vez surgieron otros movimientos y otros grupos y otras manifestaciones religiosas que continuaron su obra.
Lo importante es que siga la obra del Reino, no quién la haga.
Sólo dios es eterno. Cristo prometió a su Iglesia que El estaría con ella hasta el fin de los siglos. Las comunidades religiosas son temporales en la historia por un lado, la promessa que hizo Cristo fue a su Iglesia no a cualquier Iglesia. Ni a cualquiera que quiera atribuirse esa promesa.
Ahora bien, los jesuítas tenemos ya la experiencia de haber sido suprimidos, tanto por el Rey de España, Carlos III como por la Bula de Clemente XIV, Lorenzo Ganganelli. Y de las cenizas surgió de nuevo.
En realidad es difícil responder a la pregunta que si algún día desaparecerán. Sólo podemos decir que no somos eternos. Y por el momento tenemos que afirmar que en muchos sentidos se ha renovado la vida religiosa como la vida de la Iglesia. Quizás sin notorios protagonismos.
A este tenor se observa la proliferación de escritos sobre el tema. Este hecho nos habla de una preocupación que no es simple y puro derrotismo, sino algo más profundo. Existe una fe muy honda en este estilo de vida y en lo que la vida religiosa está llamada a ser y significar en la Iglesia y para el mundo. Es la traducción del deseo de que este carisma, con el Espíritu Santo a la Iglesia, no muera. Es un clamor de esperanza de un futuro mejor, más significativo y fecundo de la vida religiosa. Un futuro que hay que iniciarlo ya en el hoy del presente. Quizás más que cantidad calidad, quizás "non multos, sed multum".
La religiosa benedictina Joan Chttiser, en su libro "El fuego en las cenizas" expresa que la vida religiosa no la define el trabajo que realiza sino su vocación de ser "pregunta por Dios". Tampoco su misión cuando su misión tiende a confundirle con "tarea", como ha sido muchas veces el caso sino el intento de ser presencialización de Dios en el mundo, búsqueda de su rostro". "Ver en la vida y en sus cambiantes configuraciones donde hemos de hacer la pregunta por Dios": "¿Dios dónde estás? ¿Qué quieres de nosotros?. Es ese centrarse en Dios, siempre buscarlo, dentro y fuera de la oración lo que la vida religiosa quiere ofrecer a la Iglesia y al mundo".
Sostiene un connotado teólogo contemporáneo que la Iglesia no será Iglesia de Jesucristo, sino vive de esa constitutiva "pasión de Dios" de fe cristiana. Ese es el reto para la vida religiosa hoy, con toda humildad, sin ningún purismo o prepotencia, ser y practicar en medio del mundo y en el interior de la Iglesia la "pasión de Dios".
Las cosas seguirán cambiando, los números seguirán decreciendo, pero mientras se mantenga la decisión y convencimiento de lo que se está haciendo por el Dios de hoy, será difícil que no sobreviván a esta época crítica de la vida religiosa.
Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella, por tanto, hay fundamentos para cultivar el optimismo de creer y esperar que esta sequía de vocaciones y el desierto por el que atravesamos universalmente, será algo temporal y que luego de haber sido purificados, volvamos a la esencia vital de lo que es la vocación que no es ningún capricho ni complejo de fuga, sino un llamamiento incondicional de Dios a su servicio.