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Viejos y nuevos historiadores: nuevas y viejas interpretaciones


Cien años no son una larga existencia en la vida de una nación, pero tampoco son pocos. Además, no debe olvidarse que aunque Panamá nació oficialmente como república independiente en 1903, ya en 1821 habíamos declarado nuestra primera independencia, entonces de España. Desde 1821, cuando nos unimos a la Gran Colombia de Bolívar, hasta 1903, en un número plural de ocasiones, tratamos de terminar ese vínculo, lo que finalmente se concretó el 3 de noviembre de 1903.
Como todas las naciones independientes nuestra república ha transitado por situaciones difíciles, comenzando por un nacimiento plagado de adversidades, la mayor de las cuales fue la imposición de un enclave colonial del que sólo terminamos de liberarnos el 31 de diciembre de 1999, cuando recuperamos el control total de nuestro territorio y asumimos la plena administración del Canal de Panamá.
Como ocurre de tiempo en tiempo, pero especialmente durante la conmemoración de la efeméride patria, este año también han aparecido las interpretaciones y las calificaciones críticas de la conducta de quienes protagonizaron los sucesos que culminaron con la Independencia, y sobre el papel que desempeñó Estados Unidos, cuyo interés en la construcción de la vía interoceánica fue factor decisivo.
La dilucidación mediante la investigación y la aclaración histórica de las motivaciones que determinaron la conducta de los forjadores de la Independencia es una tarea loable que debe realizarse con absoluta objetividad. Pero la investigación de los hechos históricos nunca debe llevarnos a cuestionar la legitimidad del acto independentista y mucho menos a dudar de su validez. Las independencias son un hecho político y jurídico y no tienen porqué ser químicamente puras. Y el hecho de que puedan no serlo no les resta un ápice a sus efectos políticos. Si se investigaran las circunstancias que han rodeado a la mayoría de los procesos independentistas, con toda seguridad se determinaría que los impolutos no son la regla, sino la excepción.
Constituida una nación como Estado independiente comienza un nuevo capítulo de su historia. Y así ocurrió en 1903. Las adversidades y los retos que la nueva república tuvo que enfrentar desde su constitución como Estado soberano, con sus altas y sus bajas, han servido para madurarnos. Gradual y progresivamente se fue fortaleciendo el Estado Nacional. La larga y nada fácil lucha por recuperar el control de todo nuestro territorio y asumir la plena administración del Canal, son un ejemplo de la tenacidad de varias generaciones de panameñas y panameños, del cual podemos estar orgullosos.
Creo que para ser consecuentes con nuestra historia, bien cabe que se ventilen las circunstancias que vivieron los protagonistas de los hechos que rodearon la independencia, pero aún más importante es que destaquemos lo que hemos realizado como nación.
Las bases de la República las sentaron los próceres, con sus aciertos y sus errores, pero ese es el pasado. Después de ellos vinieron generaciones de panameños que contribuyeron a forjar la nación que hoy tenemos. La responsabilidad de las generaciones actuales y futuras es seguir consolidando una república soberana, independiente, democrática y próspera. El cumplimiento de nuestra responsabilidad, que es el presente, es lo que verdaderamente cuenta.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América