Viernes Santo, Viernes Santo
Así comienza una oración que me enseñó mi abuela cuando era niña y que no he dejado de rezar todos los Viernes Santos de mi vida. Este año se la dije por primera vez a la familia cuando rezamos las oraciones a las 3 de la tarde de ese día frente al anda de María Magdalena González Ruiz. Todos quedaron impresionados porque la oración termina así:
El que sabe esta oración y no la dice,
el que la oye y no la dice,
sabrá el día del Juicio Final
lo que esta oración comprende.
Las primas me pedían que les diera copia porque aquel miedo al Juicio Final es serio, y lo conozco bien desde el día que la aprendí, así es que las comprendo. Les prometí sus copias y el próximo año se las tendré. Mientras tanto, terminamos de arreglar a la Magdalena que quedó hermosa. Es chiquita, un pedacito de gente, pero es una andaluza preciosa.
Me llamó la atención que este año, los primos y sobrinos solteros no se apuraron a vestirla como otros años y pedirle que les consiguiera novio-novia. Es extraño porque es la tradición ya que así comenzó a pertenecer a la familia cuando mi tío Bernardino le pidió, hace 50 años, que le consiguiera que Fanny se casara con él, y así fue, y se conservan desde entonces. Estudiaba el fenómeno este año, y aproveché que me quedé sola con la Magdalena para preguntarle, en secreto, qué le había pedido la familia. Luego le pedí autorización para contarlo a mis lectores. ¡A que no se imaginan!
Resulta que este año, la familia está dividida en política. Hay mireyistas, albertistas y martinistas.
Desde luego, cada uno es activo en su partido y en las campañas. Así que, vayan viendo qué me dijo la Magdalena.
Este año, el interés casamentero se cambió por el político. Cada uno que ponía una flor o una rama de follaje verde le decía: "Ay Magdala, que gane mi candidato; sabes lo importante que es ese triunfo". Si con cinco o seis cada año pidiendo novio o novia, la pobre no podía con el peso, este vez será peor. No sé cómo se las va a arreglar para completar a los tres grupos. En fin, su sabiduría le servirá para arreglar el pastel y que la familia quede satisfecha.
En la procesión de la noche me parecía gracioso ver, como siempre, a casi toda la familia caminando con ella y acompañándola. Pero, lo que más me emocionó fue ver a la nueva generación, los pipiolos de 4 a 7 años, empujando el anda cuando la llevábamos a la iglesia el viernes a las 5 de la tarde. Mi pensamiento fue: "Gracias Magdala por iluminarnos la forma de continuar enseñando a las nuevas generaciones la veneración por ti, el apego a las tradiciones familiares y que son las del poblado". Estoy tranquila porque, de continuar yendo durante Semana Santa a Las Tablas, mis nietos y mis sobrinos seguirán queriendo a la Magdala; la costumbre de arreglarla en familia y que se llame María Magdalena González Ruiz permanecerá por muchos años y ella sabrá que encontró una familia permanente, aún después del 2 de mayo.
La Magdala es hermosa y milagrosa, pero la familia es comprensiva cuando queremos hacerla trabajar de más. Personalmente, estoy guardando mi petición para ser Presidenta y la sacaré cuando realmente sea tiempo.
Advierto, es la primera vez que involucramos a la Magdala en política, pero hay que hacer de todo.
El que sabe esta oración y no la dice,
el que la oye y no la dice,
sabrá el día del Juicio Final
lo que esta oración comprende.
Las primas me pedían que les diera copia porque aquel miedo al Juicio Final es serio, y lo conozco bien desde el día que la aprendí, así es que las comprendo. Les prometí sus copias y el próximo año se las tendré. Mientras tanto, terminamos de arreglar a la Magdalena que quedó hermosa. Es chiquita, un pedacito de gente, pero es una andaluza preciosa.
Me llamó la atención que este año, los primos y sobrinos solteros no se apuraron a vestirla como otros años y pedirle que les consiguiera novio-novia. Es extraño porque es la tradición ya que así comenzó a pertenecer a la familia cuando mi tío Bernardino le pidió, hace 50 años, que le consiguiera que Fanny se casara con él, y así fue, y se conservan desde entonces. Estudiaba el fenómeno este año, y aproveché que me quedé sola con la Magdalena para preguntarle, en secreto, qué le había pedido la familia. Luego le pedí autorización para contarlo a mis lectores. ¡A que no se imaginan!
Resulta que este año, la familia está dividida en política. Hay mireyistas, albertistas y martinistas.
Desde luego, cada uno es activo en su partido y en las campañas. Así que, vayan viendo qué me dijo la Magdalena.
Este año, el interés casamentero se cambió por el político. Cada uno que ponía una flor o una rama de follaje verde le decía: "Ay Magdala, que gane mi candidato; sabes lo importante que es ese triunfo". Si con cinco o seis cada año pidiendo novio o novia, la pobre no podía con el peso, este vez será peor. No sé cómo se las va a arreglar para completar a los tres grupos. En fin, su sabiduría le servirá para arreglar el pastel y que la familia quede satisfecha.
En la procesión de la noche me parecía gracioso ver, como siempre, a casi toda la familia caminando con ella y acompañándola. Pero, lo que más me emocionó fue ver a la nueva generación, los pipiolos de 4 a 7 años, empujando el anda cuando la llevábamos a la iglesia el viernes a las 5 de la tarde. Mi pensamiento fue: "Gracias Magdala por iluminarnos la forma de continuar enseñando a las nuevas generaciones la veneración por ti, el apego a las tradiciones familiares y que son las del poblado". Estoy tranquila porque, de continuar yendo durante Semana Santa a Las Tablas, mis nietos y mis sobrinos seguirán queriendo a la Magdala; la costumbre de arreglarla en familia y que se llame María Magdalena González Ruiz permanecerá por muchos años y ella sabrá que encontró una familia permanente, aún después del 2 de mayo.
La Magdala es hermosa y milagrosa, pero la familia es comprensiva cuando queremos hacerla trabajar de más. Personalmente, estoy guardando mi petición para ser Presidenta y la sacaré cuando realmente sea tiempo.
Advierto, es la primera vez que involucramos a la Magdala en política, pero hay que hacer de todo.