Vigencia del 9 de enero de 1964
Panamá oscila actualmente entre la obnubilación del triunfo y la nostalgia de la soledad y el vacío. El primer extremo nos empuja hacia una situación anárquica en la que, como en un atestado Maracaná, la muchedumbre antes abrazada tras los colores de una bandera y cánticos de lucha, se disuelve cada quien por su lado al término del partido, en actitud de sálvese quien pueda. El otro nos arrastra hacia la depresión y el inmovilismo de quien no sabe a dónde va. Eso explica en parte la crisis económica del año pasado y la sensación de no saber qué hacer con el Canal, ahora que lo tenemos, acostumbrados por tanto tiempo a que otros decidieran por nosotros.
En una fecha como hoy, nos puede ayudar el volver a nuestras raíces; en especial a las más próximas y preclaras de sus manifestaciones. Y uno de sus más relevantes acontecimientos fue el 9 de enero de 1964. Ciertamente, ese día se enmarca también dentro del sentido monopólico de la gesta nacionalista del pasado siglo. Pero si lo examinamos en profundidad, encontraremos que no se agota en ella y que puede contribuir a remediar al actual vacío de objetivos y de nuevos ideales nacionales.
Así como los puertorriqueños encontraron en la gesta de Vieques, la amalgama de un nuevo sentimiento de unidad patrio, los panameños podemos, por ejemplo, encontrar en la descontaminación de los polígonos de tiro dejados en nuestro suelo tras el retiro de las tropas norteamericanas, las bases de una nueva causa nacional.
El 9 de enero de 1964 fue una iracunda exigencia popular de reivindicación, la cual se ha logrado totalmente, quedándonos, como hemos dicho, pendiente el saneamiento de los polígonos. Pero también hemos de tener presente que tal reivindicación no se agota en un mero recibir de las tierras ocupadas y del Canal. El 9 de enero exige de nosotros mucho más que eso.
La fecha de hoy nos compromete adicionalmente a lograr una eficiente administración del Canal, a su modernización y a sacar el máximo provecho social posible a las áreas revertidas. El primero, el de la administración de la vía se está cumpliendo a plenitud para agradable sorpresa del mundo y de los propios connacionales que desconfiaban de la capacidad para hacerlo. El segundo, el de su modernización, está por emprenderse; y allí mostramos aún cierto grado de desconcierto que tenemos que remediar cuanto antes. El tercero, el de las áreas revertidas, es algo que estamos haciendo pero que debemos mejorar entre todos los sectores del país. Son tan vastas y valiosas las tierras y aguas revertidas, que nos aguardan muchos años más de desvelos. Es cuestión de asistirnos de los mejores talentos, - que nos sobran -, y lo lograremos. Y que no nos paralicen los tropiezos de hasta ahora.
En una fecha como hoy, nos puede ayudar el volver a nuestras raíces; en especial a las más próximas y preclaras de sus manifestaciones. Y uno de sus más relevantes acontecimientos fue el 9 de enero de 1964. Ciertamente, ese día se enmarca también dentro del sentido monopólico de la gesta nacionalista del pasado siglo. Pero si lo examinamos en profundidad, encontraremos que no se agota en ella y que puede contribuir a remediar al actual vacío de objetivos y de nuevos ideales nacionales.
Así como los puertorriqueños encontraron en la gesta de Vieques, la amalgama de un nuevo sentimiento de unidad patrio, los panameños podemos, por ejemplo, encontrar en la descontaminación de los polígonos de tiro dejados en nuestro suelo tras el retiro de las tropas norteamericanas, las bases de una nueva causa nacional.
El 9 de enero de 1964 fue una iracunda exigencia popular de reivindicación, la cual se ha logrado totalmente, quedándonos, como hemos dicho, pendiente el saneamiento de los polígonos. Pero también hemos de tener presente que tal reivindicación no se agota en un mero recibir de las tierras ocupadas y del Canal. El 9 de enero exige de nosotros mucho más que eso.
La fecha de hoy nos compromete adicionalmente a lograr una eficiente administración del Canal, a su modernización y a sacar el máximo provecho social posible a las áreas revertidas. El primero, el de la administración de la vía se está cumpliendo a plenitud para agradable sorpresa del mundo y de los propios connacionales que desconfiaban de la capacidad para hacerlo. El segundo, el de su modernización, está por emprenderse; y allí mostramos aún cierto grado de desconcierto que tenemos que remediar cuanto antes. El tercero, el de las áreas revertidas, es algo que estamos haciendo pero que debemos mejorar entre todos los sectores del país. Son tan vastas y valiosas las tierras y aguas revertidas, que nos aguardan muchos años más de desvelos. Es cuestión de asistirnos de los mejores talentos, - que nos sobran -, y lo lograremos. Y que no nos paralicen los tropiezos de hasta ahora.