Violencia, delincuencia y criminalidad
Los estudiosos de la conducta humana y los fenómenos sociales plantean la tesis, que tanto la violencia como la delincuencia y la criminalidad se originan por múltiples causas. Lo que se inclinan al concepto sociológico manifiestan que la estructura social tiene que ver mucho con el problema; ya que la adaptación de un individuo a la sociedad, está condicionada a la estructura social; es decir, al medio familiar, como a la educación, a la cultura, al medio ambiente etc. Todos ellos influyen determinantente en la formación de la personalidad del joven que se está formando. Cuando la estructura social está en crisis se genera el comportamiento mal-adaptativo, el pandillerismo o delincuencia juvenil; es cuando se incrementa la frecuencia y la intensidad del delito. Esto se debe en parte a que la estructura social está constituida de elementos mediante el cual sus miembros deben tener acceso a lo que Thomas Merton denomina los medios y las metas, cuando estos elementos se institucionalizan ocurre la homogeneidad, el equilibrio, la estabilidad y la seguridad en la sociedad. Lo contrario a esta situación ocurre cuando los medio y las metas no encajan; es decir, cuando el pueblo no tiene acceso ni oportunidades de lograr sus más deseado objetivos, para una mejor vida, de ahí se origina el fenómeno de la violencia en toda su forma, conflictos, convulsiones, pandillerismo, narcotráfico, criminalidad etc.
Erich Fromm, en sus reflexiones como humanista, nos dice que la violencia se genera como producto de una crisis generalizada de valores, y de identidad, es cuando empieza el proceso de la desintegración cultural. Esta crisis se refleja cuando el individuo ha perdido el conocimiento del significado de las cosas, obras materiales y espirituales, cuando desconoce el significado de la vida, de los sentimientos, de la identificación con sus semejantes, con los demás, con los amigos, con la autoridad. El joven violento, delincuente y criminal no tiene esperanza ni en si mismo, en su familia, en el sistema que le rige; en otras palabras, se ha sumergido en la ignorancia de su propio mundo, y de todo aquello que su pensamiento puede crear, una meta, un objetivo, una visión, una misión en la vida.
Esta es una de las razones por la cual los humanistas plantean las tesis que la violencia, el pandillerismo y la delincuencia juvenil es un problema ético, que tiende a incrementarse en la medida que se origina la desintegración cultural, en la medida que los valores y actitudes positivas vayan degenerándose, en la medida que se prediquen en los colegios meros sofismas que no tienen ningún sentido para los jóvenes. . Todo esto nos lleva a concluir, en el hecho de que un delincuente que viola todas las leyes y normas establecidas por la sociedad, que atenta contra la vida, la propiedad y los bienes de otras personas, que utilizando la fuerza bruta de la violencia le arrebata la cartera a una pobre e indefensa anciana, no es más que la expresión de una crisis social; es cuando el individuo ha dejado de ser virtuoso, bueno, generoso y honrado, de actuar de acuerdo con ello, sobre la base de las fuerzas de sus potencialidades naturales y de la razón.