Violencia en las escuelas
El maltrato por abuso de poder que se caracteriza por el agravio psicológico, verbal o físico producido de forma insistente contra los estudiantes, origina un ambiente de estrés e inquietud sobre todo en quien lo sufre. Es una forma característica y extrema de violencia escolar.
Este fenómeno trasciende la conducta individual para traer a escena a la persona que lo sufre y a la que lo observa sin poder evitarlo. En este contexto, es necesario hacer la distinción entre la conducta violenta reiterativa y los problemas que corresponden al ámbito de la disciplina y cumplimiento de las normas escolares.
Entre las conductas o acciones que caracterizan este fenómeno se encuentran las agresiones físicas y verbales, intimidación, chantaje, amenazas, aislamiento y exclusión social, acoso racial y sexual.
Frente a esta situación se espera, tanto del centro educativo como de los maestros, una intervención oportuna y directa, responsable de la seguridad de nuestros alumnos y no meramente transmisores de conocimientos. No podemos permitir medidas arcaicas, cómodas e insensibles de alejar al niño del ámbito escolar al que tiene derecho. Es imprescindible mantener a nuestros jóvenes bajo el amparo de las aulas de clases, bajo la supervisión amable del docente y a buen recaudo de los administradores o gerentes educativos.
El ámbito educativo es el principal protagonista del cambio que debe darse en las relaciones violentas entre escolares. Se han descrito los distintos espacios en que es necesario implicarse para ese cambio, desde la filosofía del centro y un clima de relaciones propicio para la búsqueda de soluciones no violentas de los conflictos, hasta las relaciones diarias en la clase en la promoción de una cultura de paz, donde es crucial una actitud ejemplar del docente que, por un lado, no tolere la violencia y, por otro, no permita un tratamiento negativo entre alumnos. Se hace necesaria la implementación de la educación emocional, que contribuya a generar un clima más empático en las relaciones entre iguales, a comprender y a sentir mejor las emociones de los otros.
A nivel del Estado una estrategia de prevención de la violencia en general es la adopción de programas de refuerzo preescolar, los cuales promuevan aptitudes prosociales necesarias para el éxito escolar que fomente el aprovechamiento y la autoestima. Un aporte decisivo es tomar en cuenta que desde que la madre y el padre están formándose en la escuela primaria deben ser orientados sobre los cuidados prenatales (estimulación preparto) y postnatales (estimulación postparto) y en la estimulación temprana del infante, todo lo cual favorecerá su inserción adecuada en la educación formal y en la construcción de un muro de contención contra la posible violencia en las escuelas.