Violencia estructural
En estos tiempos en donde se vislumbran los escenarios políticos en nuestro país, cabe llamar la atención acerca de un tema que para nosotros, los panameños, debería formar parte de un debate nacional, se trata de la violencia estructural.
En primer lugar, definiremos en qué consiste este tipo de violencia que nos afecta a todos. Según Vicenc Fisas, la Violencia estructural es "El resultado de un tipo de organización social y económica que no ofrece las mismas oportunidades a todos los miembros, ya sea porque el sistema no permite que todas las personas accedan a los beneficios que produce, por la desigual distribución de los recursos, porque impone límites a la participación de las personas en la toma de decisiones o porque este sistema no satisface las necesidades básicas de la mayor parte de la población".
La violencia estructural es un proceso en donde las instituciones políticas, económicas y sociales que provocan las injusticias, el hambre y la pobreza, intentan perpetuarse en el poder con la única intención de no perder los privilegios que por décadas han tenido, ocultándose tras la cortina de ideologías utópicas y poco pragmáticas.
Para estos grupos lograr su cometido han puesto vendas en los ojos del pueblo expandiendo sus argumentos, mitos he historias para que la gente encuentre estas injusticias como algo normal; o sea, se ha logrado una "naturalización" de estas injusticias sociales que matan a miles cada año.
Los ciudadanos terminan aceptando estas situaciones y la incorporan a su sistema de valores y expectativas, formando así una mente con capacidad crítica mediocre.
La consecuencia de esto es, sencillamente, la formación de pueblos que adoptan una actitud pasiva ante las situaciones nacionales, que en el futuro incidirán en la vida de las futuras generaciones de manera significativa.
No podemos decir que en Panamá no hay terroristas, ya que las oligarquías son terroristas estructurales que han sometido a un país con muchos recursos, a una pobreza galopante que cabalga sobre las espaldas de más de la mitad de la población sólo por cuidar sus intereses.
¿Cuáles son las posibles soluciones a este tipo de violencia? La respuesta a esta pregunta debe ser debatida por todos los sectores del Estado, pues nos afecta a todos; sin embargo, es necesario señalar que debemos actuar sobre los pilares estructurales de la organización gubernamental, los cuales por años han estado dominados por grupos económicos con intereses muy particulares y que no redundan en beneficio del pueblo.
Otra forma de atacar este problema es mediante una educación de calidad que llegue a todos los rincones del país, lo que permitirá que los ciudadanos tengan bases y argumentos sólidos en el análisis de los problemas de la nación dejando a un lado, de esta forma, el lavado de cerebro y la manipulación de la opinión pública en temas sensibles y de importancia nacional. Además, las organizaciones de grupos de acción, sin participación política, que se dediquen a vigilar que se cumplan las leyes y que divulguen los derechos ciudadanos, ya que la desinformación de éstos es una forma de violencia debido a la percepción de injusticia y es un factor desmotivante que atrae efectos sociales y psicosociales que inciden en la productividad de las personas, adicional de imitar todas estas actitudes injustas en los diferentes niveles sociales a lo que podríamos llamar un efecto dominó de Violencia Estructural.
Los ciudadanos panameños tenemos el compromiso moral de derribar viejas actitudes del "juega vivo" e iniciar una lucha dentro de nosotros mismos por acabar con las injusticias a las que estamos sometidos diariamente; eso sí, aportando ideas y no tomando una actitud de víctimas y espectadores porque pensamos " si no me afecta, no me importa".
A la larga, las futuras generaciones de panameños, pagarán el precio de nuestras actitudes de espectadores pasivos, como está sucediendo en estos momentos en que la generación actual de nacionales está afectada por los compromisos sociales y económicos de antaño, debido a las actitudes pasivas de las generaciones que nos precedieron, sin mencionar la cultura paternalista de los gobiernos nacionales que, por no asumir el costo político de sus acciones, todo lo solucionaban con leyes de "pan para hoy y hambre para mañana", con la única diferencia de que ahora se acabó el pan, y no hay para hoy y mucho menos para mañana.
Hay que iniciar una reconstrucción social, económica y cultural del país para ajustarnos a las nuevas reglas de juego mundial y los nuevos escenarios internacionales a los cuales tendremos que adaptarnos. Esto debe hacerse de forma gradual y con la participación de todos los panameños (porque tenemos la mala costumbre de no participar y después quejarnos). Pero lo más importante es alcanzar un nivel de justicia social, donde la ley se aplique para todos por igual y no aceptemos el "terrorismo estructural" como algo normal, y mucho menos lo "naturalicemos" asumiendo una actitud de "así es la vida".
En primer lugar, definiremos en qué consiste este tipo de violencia que nos afecta a todos. Según Vicenc Fisas, la Violencia estructural es "El resultado de un tipo de organización social y económica que no ofrece las mismas oportunidades a todos los miembros, ya sea porque el sistema no permite que todas las personas accedan a los beneficios que produce, por la desigual distribución de los recursos, porque impone límites a la participación de las personas en la toma de decisiones o porque este sistema no satisface las necesidades básicas de la mayor parte de la población".
La violencia estructural es un proceso en donde las instituciones políticas, económicas y sociales que provocan las injusticias, el hambre y la pobreza, intentan perpetuarse en el poder con la única intención de no perder los privilegios que por décadas han tenido, ocultándose tras la cortina de ideologías utópicas y poco pragmáticas.
Para estos grupos lograr su cometido han puesto vendas en los ojos del pueblo expandiendo sus argumentos, mitos he historias para que la gente encuentre estas injusticias como algo normal; o sea, se ha logrado una "naturalización" de estas injusticias sociales que matan a miles cada año.
Los ciudadanos terminan aceptando estas situaciones y la incorporan a su sistema de valores y expectativas, formando así una mente con capacidad crítica mediocre.
La consecuencia de esto es, sencillamente, la formación de pueblos que adoptan una actitud pasiva ante las situaciones nacionales, que en el futuro incidirán en la vida de las futuras generaciones de manera significativa.
No podemos decir que en Panamá no hay terroristas, ya que las oligarquías son terroristas estructurales que han sometido a un país con muchos recursos, a una pobreza galopante que cabalga sobre las espaldas de más de la mitad de la población sólo por cuidar sus intereses.
¿Cuáles son las posibles soluciones a este tipo de violencia? La respuesta a esta pregunta debe ser debatida por todos los sectores del Estado, pues nos afecta a todos; sin embargo, es necesario señalar que debemos actuar sobre los pilares estructurales de la organización gubernamental, los cuales por años han estado dominados por grupos económicos con intereses muy particulares y que no redundan en beneficio del pueblo.
Otra forma de atacar este problema es mediante una educación de calidad que llegue a todos los rincones del país, lo que permitirá que los ciudadanos tengan bases y argumentos sólidos en el análisis de los problemas de la nación dejando a un lado, de esta forma, el lavado de cerebro y la manipulación de la opinión pública en temas sensibles y de importancia nacional. Además, las organizaciones de grupos de acción, sin participación política, que se dediquen a vigilar que se cumplan las leyes y que divulguen los derechos ciudadanos, ya que la desinformación de éstos es una forma de violencia debido a la percepción de injusticia y es un factor desmotivante que atrae efectos sociales y psicosociales que inciden en la productividad de las personas, adicional de imitar todas estas actitudes injustas en los diferentes niveles sociales a lo que podríamos llamar un efecto dominó de Violencia Estructural.
Los ciudadanos panameños tenemos el compromiso moral de derribar viejas actitudes del "juega vivo" e iniciar una lucha dentro de nosotros mismos por acabar con las injusticias a las que estamos sometidos diariamente; eso sí, aportando ideas y no tomando una actitud de víctimas y espectadores porque pensamos " si no me afecta, no me importa".
A la larga, las futuras generaciones de panameños, pagarán el precio de nuestras actitudes de espectadores pasivos, como está sucediendo en estos momentos en que la generación actual de nacionales está afectada por los compromisos sociales y económicos de antaño, debido a las actitudes pasivas de las generaciones que nos precedieron, sin mencionar la cultura paternalista de los gobiernos nacionales que, por no asumir el costo político de sus acciones, todo lo solucionaban con leyes de "pan para hoy y hambre para mañana", con la única diferencia de que ahora se acabó el pan, y no hay para hoy y mucho menos para mañana.
Hay que iniciar una reconstrucción social, económica y cultural del país para ajustarnos a las nuevas reglas de juego mundial y los nuevos escenarios internacionales a los cuales tendremos que adaptarnos. Esto debe hacerse de forma gradual y con la participación de todos los panameños (porque tenemos la mala costumbre de no participar y después quejarnos). Pero lo más importante es alcanzar un nivel de justicia social, donde la ley se aplique para todos por igual y no aceptemos el "terrorismo estructural" como algo normal, y mucho menos lo "naturalicemos" asumiendo una actitud de "así es la vida".