default

Violencia individual y colectiva


Panamá era un país alegre, despreocupado, optimista, que miraba su futuro con el convencimiento de que sería productivo para todos. Pasados los 21 años de dictadura militar, luego de persecuciones, exilios y muertes, el panameño se hizo taciturno. Si bien es cierto que durante la Cruzada Civilista, la manifestaciones eran festivas, en algún momento los dobermans o los batalloneros acababan con esa alegría. Luego de esa época, poco a poco ha ido creciendo la violencia en Panamá. No hablamos sólo de tantos robos, asaltos y secuestros; hablamos de la violencia intrafamiliar en general.
Comenzamos a ver la violencia individual. Repentinamente, alguien gritaba sin necesidad con insultos que no eran propios de los panameños. Por cualquier palabra mal interpretada, viene una trompada, un cuchillo o una bala perdida o encontrada. Me llamó la atención hace unos días ver en un canal de televisión un suceso en el Hospital Aquilino Tejeira de Penonomé. Un joven, sorpresivamente agarró un extintor que había en la pared y lo lanzó contra la ventana rompiendo el vidrio y dejando atónitos a los presentes. Según la secretaria que trabajaba allí, ignoraba la causa de ese comportamiento; pero, cuando el joven fue entrevistado, confesó la razón: él tenía una cita y luego de una espera, la secretaria le comunica que quien debe atenderlo no asistirá a trabajar ese día. Contó que no era la primera vez que le sucedía lo mismo y que, cuando llegaba a sacar la cita le cobraban B/. 2.00 que luego no se los regresaban cuando no era atendido. Me pareció una injusticia de parte de los encargados del caso y pensé que esos comportamientos traían las reacciones de violencia que, en este caso fue individual. No podemos culpar a ese joven por su reacción.
Lo malo es que cada vez la vemos más en las calles, con los conductores de autos; nadie quiere dar paso a otro carro ni a los peatones. Parece que todos vamos apurados o que sólo nosotros tenemos derechos sobre los demás o que existe un poco me importa. Lo malo es que, cuando hay tranques, ya se va haciendo la violencia parcialmente colectiva y allí empieza el peligro.
Antes nuestro pueblo era sumiso y soportaba todo lo que le hacían. Hoy vemos grupos de protesta por cualquier lado, cerrando calles porque es la única forma de hacerse escuchar después de tratar por medios pacíficos. Lo peor de esto es que nuestros gobernantes y políticos no se dan cuenta de lo que sucede y cómo aumenta la violencia. Sólo hay que ver cómo gritan esas personas en la televisión para hacerse escuchar. Pues, las necesidades son muchas y las soluciones pocas. Nuestros gobernantes y políticos deben atender a la violencia individual porque, sumadas una con la otra, nos llevarán a la violencia de masas, difíciles de controlar porque son como bolas de nieve. ¿Hasta cuándo la ceguera de quienes tienen en sus manos la solución posible de los problemas que traen esos levantamientos? No sólo son los maleantes que causan violencia; son más personas de las que uno se imagina y de niveles impensables que traen consigo problemas de personalidad o, sencillamente, se cansan de pedir de buenas maneras hasta que explotan al verse relegados y no escuchados.
El día que los panameños dejemos de ser tranquilos (y ya estamos llegando a esa etapa) y se nos suba la chicha con la rabia por impotencia, no sabremos controlar esas reacciones. La calidad del pensamiento de los panameños va disminuyendo hasta convertirse en acción violenta.
Si bien es cierto que nuestro país ha gozado de paz dentro de la región, todo tiene su límite y estamos expuestos a perder el respeto por la minoría que gobierna para cantarles a la brava sus verdades necesarias de conocer.
Por esto, debemos mirarnos en el espejo de otros países y evitar llegar donde ellos llegaron; aprender que la estupidez no es guía para una buena realidad sino lo contrario.
Algunos disienten conmigo, pero insisto en el peligro que tenemos más cerca de lo que se imaginan. Ejemplos recientes así lo demuestran. Ojo con esa realidad.
Esa nueva Ley debe señalar plazos para adoptar las medidas indispensables, comenzando por la designación del Patronato sugerido, o una regulación que pueda garantizar una dirección acertada, que designe los varios sectores integrantes de la Caja (asegurados, jubilados, funcionarios, empleados, patronos y Estado, todos con una representación proporcionada a sus aportes globales).
Como persona que fue asegurada desde el primer día de funcionamiento del Seguro Social en 1941; como persona que cotizó por 34 años a la Caja; como jubilado de la misma, que ha sido testigo del pésimo funcionamiento de esta entidad autónoma, incluyo las anteriores ideas, a cuya exposición tengo derecho, como lo que he sido dentro de la Caja y que me ha permitido la experiencia para exponer brevemente una opinión que es resultado de sesenta años de experiencia de la Caja.
Y aunque muchos no lo crean, sólo una intervención ordenada de todos los sectores que conforman el pueblo panameño podrá poner las cosas en su lugar.
El pueblo tiene la palabra, para expulsar del templo a los mercaderes. Es lo que se ha hecho en otros países, tal vez menos alegres, menos confiados y más justos colectivamente, para labrarse su propio porvenir.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América