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Violencia intrafamiliar


Una de las peores lacras sociales que, en lo que va del año ha cobrado la vida de nueve mujeres, muertas a manos de sus maridos o ex maridos. Eso sin contar los casos de lesiones, la mayoría de los cuales no son reportados a las autoridades. ¿Qué ocurre? La respuesta es compleja y excede la capacidad de este breve espacio. En esencia, hombre y mujer, sobre todo el hombre, no han logrado adaptar su respectivo comportamiento frente a la vida moderna que exige a la mujer una mayor participación en todos los aspectos de la vida en sociedad, trascendiendo al hogar; y por el cambio de status que ello conlleva en la relación entre ambos, se han echado a un lado los antiguos esquemas de subordinación y sumisión, con irreversible tendencia hacia la igualdad de derechos entre sexos.
El tema ha cobrado actualidad por las opiniones manifestadas por el Defensor del Pueblo, Liborio García, hombre extremadamente educado, inteligente, culto y agradable. Organizaciones feministas repudian su nombramiento por supuestos antecedentes de violencia en perjuicio de su esposa y porque se ha manifestado partidario de establecer un mayor equilibrio en el proceso para ventilar conflictos familiares, que a su juicio, se inclina en demasía en favor de la mujer. El mismo desequilibrio prevalece en la esfera laboral, a favor del trabajador. En ambos casos, los doctrinarios lo justifican para favorecer a la parte más débil de la relación.
En lo laboral, día a día se levantan voces a favor de un mayor equilibrio, sugiriéndose la "flexibilización laboral". Y aunque los obreros se oponen, a nadie se le ocurre crucificar o descalificar a tal o cual vocero empresarial por esa idea, que se considera un tema más de discusión. Del mismo modo, hay muchos, incluyendo mujeres, que concuerdan con Liborio García, en que sería justo introducir un mayor equilibrio en una relación procesal que algunos estiman inclinada a favor de la mujer, lo cual, en vez de solucionar un problema válido de desigualdad, en ocasiones lo encona.
No parece conveniente descalificar al designado Defensor del Pueblo, porque no comulguemos con sus ideas. Si ha cometido errores, habría que sopesarlos con sus logros positivos. La gente cambia y tiene derecho a que se le juzgue por su pasado, pero también por su presente.

101 años de Panamá América

 
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