Violencia juvenil
El tema de la delincuencia juvenil se ha desviado por una imprecisión semántica de su verdadero foco. El problema no es de un aumento de penas, sino de la ausencia de aplicación de penas a delincuentes de alta peligrosidad. Podemos discutir una eternidad si una pena de 20 ó 40 años es suficientemente disuasiva o no, pero el asunto es que a un homicida menor de 14 años no se le puede encerrar ni un día. Y ese vicariato legal que hemos creado hace que los criminales adultos busquen a esos menores y los introduzcan en el camino del delito porque les garantizan total impunidad. No hablamos de meter a los delincuentes juveniles junto con adultos de alta peligrosidad, ni de someterlos a tratos degradantes. Sólo nos ponemos del lado de las víctimas que están inermes e impotentes ante el peligro cotidiano de éstos en soltura.
Estamos de acuerdo con que hagan edificaciones especiales y se establezcan programas de rehabilitación multidisciplinaria para que los jóvenes privados de libertad puedan salir eventualmente sin ser un peligro para los demás ni para sí mismos; pero parece que algunas autoridades prefieren a los homicidas juveniles en las calles y a las víctimas encerradas en sus casas. ¿De qué lado están?