Violento
Nada hacía suponer que el final del joven Alexis Rodríguez Caballero, celador y seguridad del edificio del Arzobispado de Panamá, sería la víctima 20 de la violencia con la que estamos conviviendo. Sí es verdad que tenía que usar el arma como parte de su oficio, pero nunca pensamos que por esa arma perdiera su vida violentamente. Ni mano dura ni mano suave, estamos en una disyuntiva nacional frente a la creciente violencia nacional de nuestras calles.
Muchas personas nos han transmitido el pésame a los miembros de la curia como si tratara de un miembro más, aunque de hecho él pertenecía a una compañía de seguridad contratada para esos fines.
En toda familia doméstica o en la familia de trabajo hacemos causa común con los que prestan servicios de mantenimiento o de seguridad. Tal es el caso del difunto, que para todos era un miembro más en los distintos eventos sociales que se celebraban. Para mí ha sido como si hubiera sido un miembro de mi familia. Por costumbre, todas las mañanas, por ya un largo tiempo nos encontrábamos casi cada día a las 5:45 a.m en los predios donde perdió su vida y con una sencillez típica del campesino panameño o me ponía al día en las noticias o me comentaba un resultado del deporte nacional ocurrido tarde en la noche o el resultado del boxeo nocturno que suele ser ya en horas del sueño. Y muchas veces, "no han llegado los periódicos", repetía lacónicamente.
Un joven de 32 años de las montañas del oeste chiricano, de buenos modales, cordial y respetuoso, amén de religioso, se hizo querer de casi todo el personal de los que prestamos servicios en el Arzobispado. No era de los que sableaban con algún cuento muy elaborado como suele ocurrir con frecuencia. Puntual en su trabajo. Cooperador. Por tanto, desde el Señor Arzobispo, sus auxiliares hasta el resto del personal han lamentado tan desgarrador suceso perpetrado con la complicidad de la noche y con una alevosía incalificable, sin motivo alguno, sino el quitarle el arma para seguir matando.
Nos tocó de cerca, esta vez y nos manda un mensaje como quien dice: a cualquiera de Vds. les podemos aplicar esta medida absurda.
Y piensa uno en el Panamá de hoy, donde el don de la vida no es apreciado y domina la furia fratricida. Esperamos que las autoridades escuchen el clamor universal que les pide que se haga justicia y que el crimen no siga quedando impune. Que el Señor tenga a Alexis en su paz y que siga protegiendo a su incipiente familia en orfandad. A los autores del crimen, remordimiento perpetuo.