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Visa y migración colombiana


El gobierno nacional ha decidido exigir visa a todo colombiano que entre a territorio nacional, lo cual ha desatado una polémica con el sector comercial que ve en el nuevo requisito un obstáculo para la afluencia humana proveniente del vecino país. El principal argumento de la medida gubernamental es la seguridad nacional manifestada en el temor a la corriente de indocumentados y de elementos indeseables paralela a la de turistas e inversionistas, sin un previo mecanismo de filtro o selección entre uno y otro por imperfecto que fuera. Nosotros nos inclinamos a favor de la postura gubernamental. Veremos por qué.
Ubiquemos primero el problema. Deseable es que los colombianos nos visiten en calidad de turistas e inversionistas. Ambos nos traen capital y riqueza creadora de puestos de trabajo. El reparo radica en otros dos tipos de visitantes: los indocumentados sobre quienes es difícil ejercer supervisión y control y los documentados indeseables entendidos como malos elementos de positiva apariencia, quienes levantan fachadas lícitas para cubrir negocios ilícitos.
Bajo el esquema expuesto, la exigencia de visa constituiría un tamiz de cierta impermeabilidad frente a visitantes con malas referencias, que de otro modo entrarían sin control alguno. No serviría, en cambio, frente a indocumentados de a pie o de lancha, tipo los que entran por Darién, Juan Díaz u otros lugares. Este último flujo se controla con la acción de policía fronteriza y migratoria. Su grado de peligrosidad es normalmente menor que el de un capo o narcoguerrillero que entra como turista alojándose no en un hotel que deja registro, sino en una vivienda adquirida por su organización como puesto de tránsito por los 30 ó 90 días que permite el permiso de turista. La exigencia de visa, con la red de cooperación vía Interpol, puede ser de utilidad para desalentar al menos parte de esta última modalidad de migración indeseable.
Ya admitimos, sin embargo, que la visa es un mecanismo permeable, que no impide que algunos malos elementos instalen aquí empresas de fachada, que facturan mucho aunque nada venden, y que sirven para justificar grandes ganancias, depósitos bancarios y flujo de efectivo de plena apariencia legal pero de sucio origen. La exigencia de visa pues, no serviría a estos propósitos.
Creemos que la migración colombiana es positiva y que nos enriquece con su capital y talento. Eso salta a la vista con tan sólo recorrer la capital y descubrir el típico acento de "las Juanas" y " el Escamoso" en dueños y encargados de almacenes, hoteles, restaurantes, técnicos manuales especializados, estudiantes y en nuestros vecinos. Hay dueños de empresas que han mudado sus familias acá, mientras viajan dos veces cada semana a su país a atender sus negocios, hartos de ceder al chantaje de los sobornos antisecuestros.
No obstante, insistimos que, siendo una realidad palpable que el flujo de ciudadanos colombianos hacia nuestro país es enorme, debemos ser más exigentes para elevar la calidad de ese flujo como haría cualquier otro país ordenado y celoso de sus intereses, evitando enérgicamente que sean sujeto de chantaje y sobornos como ocurren con otras nacionalidades como las provenientes de Oriente y Asia Menor. En este sentido, una visa no será obstáculo para que continúen viniendo en busca de los muchos atractivos y oportunidades que ofrece Panamá, como no lo ha sido respecto a Estados Unidos. Miami atraerá a los más ricos y nosotros a los medio y medio alto. Y difícilmente se encuentra otros lugares económicamente tan abiertos como ambos en este continente.

101 años de Panamá América

 
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